LA MOSTAZA Y LA LEVADURA
Ante todo, estoy indignado. Los liturgos que
organizan las lecturas se han descolgado hoy
con una de sus tropelías más memorables.
No sólo nos endosan dos primeras lecturas
inútiles, una por anti-evangélica y la otra
por casi incomprensible y además insípida,
sino que juntan tres parábolas de Jesús,
probablemente porque cada una de ellas les
ha parecido demasiado cortita. Es como decía
una amiga mía: “las parábolas no son más que
cuentecillos sencillos para niños”. Eso
parecen pensar los liturgos o quienes sean
los que nos obligan a leer esas cosas y a su
gusto.
Pues tienen que enterarse de que las
parábolas, las humildes parábolas que
entiende todo el mundo, que no necesitan
conocimientos filosóficos previos, son el
corazón del evangelio, son las que encierran
la mayor y mejor parte de las “mismísimas
palabras de Jesús”, son la clave para
entender El Reino. Pero, claro, no dan
prestigio ni poder sagrado, están al alcance
de todos.
Hace dos domingos leíamos aquellas terribles
palabras de Jesús: “Te doy gracias, Padre,
porque has ocultado estas cosas a los sabios
y los enterados, y se las has revelado a la
gente sencilla; gracias, Padre, porque lo
has querido así”. Pues bien, hoy tenemos un
hermoso ejemplo: “los enterados” no se
enteran.
Los sabios desprecian las parábolas. Y la
gente sencilla se queda sin pan, porque
ellos prefieren exóticos alimentos
aristotélico-platónicos y estilos de hablar
que sólo ellos comprenden.
Mucho se habla hoy de que la Iglesia
necesita mucho cambios: propongo uno, que me
parece esencial: volver a las parábolas,
abandonar la teología para ricos sabios
entendidos, volver a Galilea y escuchar a
Jesús hablando a la gente sencilla, desde la
barca, a la orilla del Lago.
Así que me permito enmendar la plana al
liturgo de turno, y no hablar a la vez de
tres parábolas. Con perdón de la cizaña me
quedo con la mostaza y la levadura, porque
tienen significado bastante parecido y
porque me parece que hoy nos hacen mucha
falta.
Las Parábolas "vegetales".
La cizaña, la mostaza, la levadura, la
semana pasada el sembrador. Y el árbol con
sus frutos, la higuera, la mies que ya
amarillea, la vid... Jesús habla del Reino
con parábolas vegetales. Como de un
crecimiento, de algo pequeño,
insignificante, que se va haciendo
irresistiblemente grande, que crece de
dentro a fuera, que va camino de la
madurez... Jesús habla del Reino como de una
VIDA.
Las parábolas de la mostaza y de la levadura
llevan consigo la idea de lo pequeño que
puede más que lo grande y del crecimiento
“de fuera adentro”, “de abajo a arriba” y
sin espectáculo alguno, en silencio, como
crece el trigo, como fermenta la harina para
ser pan...
La semillita que se hace arbusto, la
levadura que fermenta la masa. Es el Reino
en nosotros y somos nosotros en la
humanidad. La Palabra germina en nosotros y
al final toda nuestra vida se convierte en
Reino. La Palabra fermenta nuestra vida y al
final toda nuestra vida es pan sabroso. Una
vez más, es la conversión.
Tendemos a lo espectacular, a imaginar la
conversión como un fogonazo de gracia que lo
cambia todo de repente. Es más humano, más
real y más divino.
Nos han presentado la conversión como
producto de un fogonazo deslumbrante, pero
no es así: es la semilla que se va haciendo
árbol, como masa pesada y sosa que se va
haciendo pan. Es, sobre todo, más exigente,
porque cuando se han vivido cincuenta,
setenta, noventa años, ¿qué conversión
espectacular cabe esperar? Pero sí se puede
seguir creciendo, seguir fermentando, seguir
convirtiendo en pan cualquier rincón soso y
pesado de nuestra masa.
En su momento, fueron sin duda parábolas
bastante sorprendentes. La imagen del árbol
para representar el reinado de Dios existía
ya en Israel, pero era el alto y espléndido
cedro, majestuoso, el mayor de los árboles;
connotaba majestad, grandeza, poder. Jesús
margina esa imagen y elige el humilde
arbusto. Es una exageración literaria que
los pájaros aniden en él. Las imágenes del
Reino no son triunfales.
Del mismo modo, incluir una mujer en un
oficio casero como imagen del Reino no debió
ser muy bien aceptado: la mujer es tenida
por inferior e incluso impura; no se
consideraría de muy buen gusto hacerla
imagen del Reino.
Más aún: la imagen acostumbrada era que el
pan ázimo fuera considerado más cercano a lo
sagrado, como signo de pureza, mientras que
el pan con levadura fermentado, tenía cierta
connotación de impureza (por eso eran ázimos
los panes que se ofrecían en el Templo, y
los que se comían en la Pascua, y en este
sentido lo usa Pablo en 1 Cor.5). Jesús
prescinde de esas purezas legales y admira
el poder de transformación de ese trocito
pequeño, capaz de hacer fermentar toda la
masa (que, de paso, es una enorme cantidad,
como para dar de comer a varias docenas de
personas…)
Y además, las parábolas son retratos de
Jesús y de su estilo. Jesús no triunfó por
dominación, ni actuó como condenador de
pecadores, ni se nombró Sumo Pontífice, ni
organizó espectáculos en el Templo. Se
sembró, curando y cuidando a los débiles; se
enterró en la masa inculta y supersticiosa
de la gente normal. La semilla floreció y la
levadura fermentó.
Pero luego vino la cizaña: los teólogos
griegos hicieron de sus palabras filosofía
para cultos; los romanizados epíscopos se
inventaron el poder, los liturgos
convirtieron la cena del Señor en un
espectáculo propio del templo de Jerusalén,
con Pontífices disfrazados de reyes y
sacrificios de expiación por el pueblo.
Y nos cambiaron más aún: cambiaron la
fraternidad por la defensa a ultranza de las
clases sociales, cambiaron la solidaridad
con los más necesitados por la limosna
porcentual y tranquilizadora, cambiaron el “nadie
consideraba lo que tenía como propio, sino
que lo ponía a disposición de los apóstoles
de manera que no había entre ellos ningún
indigente” por la encendida cruzada por
la propiedad privada cuando todo el mundo
obrero sufría la más despiadada explotación,
comparable, o peor aún que la esclavitud, de
la que no me consta que haya habido una
condena decidida y a tiempo oportuno…
¿Cuándo volveremos (la iglesia entera, desde
arriba, no algún que otro iluso que cree en
Jesús y en el Reino) al estilo de Jesús, a
sus modestas, silenciosas, diminutas
parábolas?