Mt
22,
15-21
(pinchar cita
para leer evangelio)
¡TODO ES DE DIOS!
La escena, como las de los domingos anteriores,
se sitúa en los últimos días de Jesús, en
Jerusalén, en el contexto de un enfrentamiento
definitivo con todas las autoridades de Israel.
Tras la entrada triunfal (¿?) en Jerusalén,
Jesús purifica el templo. Vienen después las
parábolas de la reprobación: la higuera estéril,
los dos hijos, los viñadores homicidas, el
festín nupcial que leíamos el domingo pasado.
Entonces todos los "poderes" de Israel, los
fariseos, los saduceos, los doctores, empiezan
la ofensiva para desautorizarle en una discusión
pública.
El primer ataque viene de los fariseos, que se
alían con sus mayores enemigos, los partidarios
de Herodes. Le proponen la delicada cuestión del
pago de tributos a Roma.
Como siempre, es una pregunta-callejón sin
salida: Jesús no puede decir que es lícito pagar
tributo, porque va contra la Ley, contra la
soberanía de Israel; para eso están ahí los
discípulos de los fariseos. No puede decir que
no es lícito, porque inmediatamente le acusarán
ante el gobernador romano; para eso están ahí
los partidarios de Herodes.
Para ambientar bien la escena, conviene saber
que los judíos usaban habitualmente la moneda
oficial romana (la más común era el denario)
pero existía moneda propiamente judía que casi
se usaba solamente para pagar el impuesto al
Templo: la más común era el siclo (que
valía 4 denarios).
En las monedas romanas, usadas para el tributo,
estaba la efigie del César. En muchas de las
otras, que a veces incluso se aceptaban para
pagar al templo (por ejemplo la dracma),
había imágenes paganas, incluso de dioses.
Es clara la torcida intención de los fariseos,
pero es magnífica la descripción que hacen de
Jesús. Sin duda, aunque ellos no piensan así, es
lo que piensa el pueblo: "Maestro, sabemos que
eres sincero y que enseñas el camino de Dios
conforme a la verdad, sin que te importe nadie,
porque no te fijas en las apariencias."
Jesús no se deja engañar, y no entra en el tema
que le proponen: no da doctrina sobre el
tributo, sino que se limita a desenmascarar a
sus adversarios.
"Dad a César lo que es de César" es una evasiva;
la siguiente pregunta debería ser: "¿qué es de
César?". Jesús confunde dialécticamente a sus
enemigos, les echa en cara su hipocresía, y "se
sale" de la discusión, que no va con El, ni le
interesa.
Jesús va más adentro, a lo esencial: les está
ofreciendo La Palabra, y ellos siguen cerrados,
impermeables, proponiendo mil triquiñuelas
legales para cazarle y desautorizarle.
Jesús demuestra su superioridad incluso en el
propio terreno de sus enemigos y parece
despreciarlos. El centro de este mensaje será:
”dad a Dios lo que es de Dios”, que es
precisamente lo que están soslayando sus
interlocutores
Hasta aquí, la interpretación "directa". Las
aplicaciones que históricamente hemos hecho
acerca del poder civil, Iglesia-Estado... pueden
ser más o menos afortunadas, pero son palabra de
hombre.
Se trata por tanto de un contexto en el que se
produce la definitiva ruptura con la
religiosidad oficial. Lo podríamos resumir en
"mi Reino no es de este mundo".
Todavía, la polémica es un tanto general: pero
los fariseos han creído preparar una trampa
perfecta, y han fracasado. Y ya ha sonado por
primera vez la palabra "hipócritas", (la
traducción más apropiada sería “comediantes”)
que será la protagonista del capítulo 23, en que
Jesús pasa al ataque y llega a insultar
gravemente a los escribas y a los fariseos.
TODO ES DE DIOS
A César lo que es de César: los negocios son los
negocios. Doy el diez por ciento a Cáritas y ya
no me preocupo de los problemas de nadie, ya
están justificados mis otros gastos, aunque viva
como un príncipe, porque ya he dado a Dios lo
que es de Dios. Media hora a la semana para Dios
y el resto para mí. Dios está en el Templo pero
fuera ya no, hay espacios sagrados y profanos,
hay tiempos sagrados y profanos... Y nada más
profano que el dinero... o la política.
¡Pero todo es de Dios!, lo del César también es
de Dios, a Dios hay que dárselo todo. "Todo es
vuestro, disponed de todo a vuestra voluntad"...
¿En qué quedamos?
¡Qué fácil es coger el evangelio por donde nos
apetece, sacarle conclusiones facilonas y decir
luego: "¡Palabra de Dios!". Como los
predicadores de las películas del Oeste, Biblia
en mano, gritando: "Como dice el Señor, amarás a
tu prójimo y odiarás a tu enemigo; como dice el
Señor, no comerás la sangre de los animales, te
abstendrás del cerdo y de la liebre; como dice
el Señor, exterminarás a tus enemigos...."
Y esto es lo que solemos hacer con la Biblia
entera: una línea, y queda probada una idea que
se nos ha ocurrido. ¿Recuperaremos algún día la
seriedad y el sentido común al leer la Biblia y
al proclamar "Palabra de Dios"?
Es posible que este domingo, en la Misa, algún
predicador como los del Oeste explique lo del
tributo al César hablando de la sumisión a los
poderes civiles, o de que hay que distinguir
entre lo sagrado y lo profano... Y demostrará
con eso que dice solo lo que se le ocurre, sin
ciencia, sin entender la Palabra.
Jesús no ha entrado a la trampa que le han
tendido, pero la ha aprovechado para
desenmascararles. Jesús les da la vuelta al
argumento y les echa en cara su increíble
hipocresía.
No van a buscar La Palabra de Dios; solamente
les interesa desprestigiar al nuevo profeta,
aunque sea aliándose con el mismo diablo. Jesús
está harto de ellos, porque se fijan en cosas
secundarias pero han abandonado el fondo de la
Ley, que es la justicia, la misericordia y la
fidelidad.
Y Jesús pasa por encima de todas las pequeñeces,
incluso por encima de la situación política
concreta, porque lo que Él está predicando es
mucho más interior, mucho más profundo, mucho
más salvador que todos los dilemas de escuela,
de política y de teología barata con que quieren
cazarle sus enemigos.
Un poco más adelante, Jesús les increpará en
público, les llamará víboras, corrompidos,
ciegos, malos pastores que engañan al pueblo...
y esto será su sentencia de muerte.
Porque Jesús tolera todo menos la mentira ante
Dios; no soporta a los que se llaman a sí mismos
santos y justos, pero no siguen la Palabra más
que para su propio provecho. No los aguanta.
Así que Jesús no ha entrado en la trampa
política, no ha dado doctrina sobre la relación
de Israel con Roma, sino que ha aprovechado la
ocasión para desenmascarar la mala fe de los
fariseos, los escribas y los sacerdotes.
No se pueden sacar de este texto conclusiones
acerca de "qué es de Dios y qué es del César",
porque todo, también lo del César, es de Dios.
El dinero es de Dios, la política es de Dios, el
tiempo es de Dios, el trabajo es de Dios. Y todo
eso hay que darlo a Dios. No por lo que dice
este texto, que no dice nada de todo eso, sino
por lo que dice el Evangelio entero.
Y es que así hay que leer el Evangelio, no
cogiendo una línea aislada y sacando de ella lo
que me parece que dice, sino entendiendo el
mensaje entero de Jesús, todo lo que dice del
dinero, todo lo que dice del prójimo, todo lo
que dice del templo. Y así evitaremos el peligro
de hacerle decir al Evangelio lo que a mí me
gusta, y nos acercaremos a lo que dice Jesús,
nos guste o no.
Sí, a propósito de este evangelio se pueden
sacar muchas consecuencias superficiales,
fundadas en lo mal que leemos la Biblia. Un buen
propósito de esta semana sería aprender a leer
la Biblia un poco mejor, que da vergüenza la
ignorancia que tenemos sobre la Palabra.
(Y cualquier predicadorcillo de cualquier secta,
aunque no tenga ni idea de la Biblia, le pone a
usted en un aprieto, de modo que usted prefiere
no entrar en discusión con él, porque sabe que
no podrá responderle. Una vergüenza).
REFLEXIÓN FINAL
Las religiones se basan en el poder de los
dioses, y expresan y confirman las culturas de
las sociedades, legitiman a los estados,
justifican las costumbres, se expresan en actos
cultuales... La religión de los fariseos,
escribas y sacerdotes de Israel terminaba en
ellos mismos: su propio saber, su propia
santidad, su propia importancia.
La religión de Jesús acaba en los otros, en las
necesidades de los hermanos. La religión de
todos aquellos se resume en “Dios para mí”; la
religión de Jesús se resume en “yo para los
hijos de Dios”. La religión de todos aquellos
venía a significar: “Soy más importante porque
conozco a Dios. La gente es insignificante, es
“maldita” porque no conoce a Dios”.
Pero Jesús está con la gente, con el pueblo, no
con el “Pueblo de Dios” sino simplemente con el
pueblo, con la gente, porque son los hijos de
Dios, tanto mas queridos cuanto más necesitados.
Y los importantes no le importan. Y no lo podían
aguantar: su mundo se derrumbaba.
Pensemos en nosotros, en la fotografía que nos
han sacado al representar a aquellos enemigos de
Jesús, cerrados a su Palabra...
… si nos creemos "elegidos".
… si creemos que sólo la Iglesia es el pueblo de
Dios.
… si contamos con dios para liberarnos o para
tranquilizarnos.
… si pedimos respuestas a Dios o respondemos a
Dios.
… si hacemos rendir nuestros talentos o estamos
tranquilos.
… si, como fondo de todo,
nuestra fe en Jesús nos lleva ante todo a servir
al hombre.
… porque, el resumen de la ley y los profetas
es: "tuve hambre y me diste de comer".
José Enrique
Galarreta