LO PRIMERO Y LO ÚLTIMO
El texto que leemos está despiadadamente
mutilado. Este fragmento es común - con
leves variaciones - a Mateo, Marcos y Lucas,
pero es precisamente Mateo el que reseña la
larga y terrible invectiva de Jesús contra
los letrados y los fariseos: la recordamos
abreviada:
"¡Ay de vosotros letrados y fariseos
hipócritas! que cerráis a los hombres el
reino de Dios; vosotros no entráis ni
dejáis entrar a los que lo intentan.
¡Ay de vosotros letrados y fariseos
hipócritas! que recorréis mar y tierra
para ganar un prosélito y, cuando lo
conseguís, lo hacéis merecedor del fuego
el doble que vosotros!
¡Ay de vosotros, guías de ciegos! que
decís... (viene aquí el párrafo sobre el
juramento por el templo, por el oro del
templo etc. )
¡Ay de vosotros, letrados y fariseos
hipócritas! que pagáis el diezmo de la
menta el anís y el comino, y descuidáis
lo más grave de la ley; la justicia, la
misericordia y la lealtad. Eso es lo que
hay que observar, sin descuidar lo otro.
¡Guías de ciegos! que filtráis el
mosquito y os bebéis el camello.
¡Ay de vosotros letrados y fariseos
hipócritas! que limpiáis por fuera la
copa y el plato, cuando por dentro están
llenos de robos y desenfreno. ¡Fariseo
ciego! limpia primero por dentro la copa
y así quedará limpia por fuera.
¡Ay de vosotros escribas y fariseos
hipócritas! que construís mausoleos a
los profetas y monumentos a los justos,
comentando: 'si hubiéramos vivido en
tiempo de nuestros antepasados, no
habríamos participado en el asesinato de
los profetas?, con lo cual reconocéis
que sois descendientes de los que
mataron a los profetas. Pues colmad la
medida de vuestros antepasados.
¡Serpientes, camada de víboras! ¿Cómo
evitaréis la condena al fuego? Mirad,
para eso os estoy enviando profetas,
doctores y letrados: a unos los mataréis
y crucificaréis, a otros los azotaréis
en vuestras sinagogas y los perseguiréis
de ciudad en ciudad. Así recaerá sobre
vosotros toda la sangre inocente
derramada en la tierra, desde la sangre
del justo Abel hasta la sangre de
Zacarías hijo de Baraquías a quien
matasteis entre el atrio y el altar. Os
aseguro que todo recaerá sobre esta
generación.
¡Jerusalén, Jerusalén! que matas a los
profetas y apedreas a los enviados,
¡cuántas veces intenté reunir a tus
hijos como la gallina reúne a la pollada
bajo sus alas, y os resististeis. Pues
bien, vuestra casa quedará desierta. Os
digo que a partir de ahora no volveréis
a verme hasta que digáis 'Bendito en
nombre del Señor el que viene'.
Jesús salió del templo... ( y se produce la
predicción de la destrucción del templo,
unida a las predicciones escatológicas)
Es, por tanto, la ruptura final. Los
letrados y los fariseos son los sabios y los
santos de Israel. También los sacerdotes han
sido increpados de semejante manera. Ya no
hay sitio en Israel para Jesús.
En el texto llaman poderosamente la atención
dos aspectos. Ante todo, la "furia" de
Jesús. Nunca le habíamos visto así. Son
palabras de una violencia increíble. Nos
ayudan a entender mejor a Jesús, del que a
veces exageramos la dulzura sin entender su
fuerza, su intransigencia con el mal, su
carácter valiente y "sin pelos en la
lengua".
Por otra parte, no deja de ser llamativo que
sea precisamente Mateo el único de los
evangelistas que recoge íntegra esta
imprecación. Sabemos que el evangelio de
Mateo se escribe en una comunidad de
cristianos provenientes del judaísmo y
probablemente de ambiente farisaico, y que
el mismo autor tiene expresiones que parecen
indicar que es un "letrado".
Este texto está reflejando sin duda el
ambiente de persecución que los cristianos
de esa comunidad están sufriendo por parte
de "la sinagoga", y su expulsión de la
misma, una vez destruida Jerusalén y
reorganizado el judaísmo en Jamnia, en forma
más estricta y excluyente que nunca, bajo
inspiración y control farisaicos.
La violencia de este texto hay que situarla
por tanto (también) como denuncia profética,
no tanto anunciando el futuro (la
destrucción de Jerusalén) sino
interpretándola una vez sucedida como
consecuencia de la infidelidad a Dios.
Por otra parte, el texto en sí no requiere
explicación. Delata a las claras que el
cumplimiento de la Ley que predicaban
aquellos fariseos y sus letrados es la
antítesis del Reino que Jesús proclama.
¿Por qué "lo de Jesús" era tan diferente,
por qué chocó frontalmente con la
religiosidad de los jefes de Israel? En
teoría, Jesús es el Mesías anunciado,
esperado y deseado, es la culminación de La
Promesa. Pero no es recibido, es llevado a
la cruz como blasfemo, falso profeta...
La violencia de este texto de Mateo, el
"silencio mesiánico" de Marcos y el "vino a
los suyos y los suyos no le recibieron" de
Juan muestran bien a las claras el profundo
desgarro que este rechazo supuso para los
evangelistas judíos, que vieron a su pueblo
apartarse definitivamente de La Alianza,
rechazar "al que tenía que venir".
Y sin embargo, no es una novedad en Israel.
El mismo texto de hoy recuerda la frecuente
muerte violenta de los Profetas, que
recuerdan al pueblo y a los reyes la
fidelidad a la Ley y son por ello
perseguidos y lapidados.
Pero la diferencia con Jesús es grande. Los
profetas mueren porque el pueblo y los reyes
rechazan la Ley, se han apartado del culto,
no siguen al Señor. Pero Jesús será
rechazado en nombre de la Ley misma, en
nombre del culto, en nombre del templo y de
la fidelidad a Moisés. Es conveniente
reflexionar en "la novedad" del mensaje de
Jesús, y lo vamos a hacer brevemente,
condensándolo en algunos aspectos más
significativos.
1.- EL SACERDOCIO - EL TEMPLO - LO SAGRADO
La revelación de Jesús ha destruido el viejo
concepto sagrado-profano. No hay nada
profano. La creación es revelación y plan de
Dios. Toda la vida del hombre es respuesta.
Dios no habita en un lugar. El corazón del
hombre es el único templo, la comunidad de
creyentes es la presencia de Jesús. Lo
sagrado es la persona humana.
No espera Dios culto de inciensos y cantos
de alabanza, sino servicio a los que
necesitan. No hacen falta intermediarios ni
guardianes de misterios sino servidores de
la comunidad. No hay más intermediario que
Jesús, el Sacramento del Padre.
Pero es pecado propio del pueblo y de sus
sacerdotes arrinconar lo sagrado para que
unos pocos carguen con ello y nos dejen
vivir en lo profano cobrándonos el precio de
la sumisión a su mediación. Y es pecado de
esos intermediarios creérselo y alimentar
este pecado del pueblo. Y era ése uno de los
pecados crónicos de Israel: sustituir la
vida por el culto, centrar la presencia de
Dios en el templo y "calmarla" con
sacrificios y ofrendas.
2.-CUMPLIMIENTO
No pocas veces, la consecuencia inmediata de
esta religiosidad es satisfacerse con
cumplir preceptos. El modo de cumplimiento
de aquellos sacerdotes y fariseos era ya
rayano en lo ridículo, pero es el final de
un proceso que nos tienta.
Haríamos lo que fuera con tal de evitar lo
verdadero: la conversión de toda la vida a
Abbá, la orientación de todo al Reino. La
vieja fórmula "ama y haz lo que quieras" es
la última expresión de la de San Pablo: "nos
ha liberado de la Ley". Nosotros preferimos
la Ley: "Dígame qué hay que hacer". La
respuesta es "aceptar a Dios", luego, haz
según te lo pida el corazón.
La Antigua Ley era tomada a veces como un
conjunto de preceptos, cumplidos los cuales
Dios quedaba satisfecho. Aunque el corazón
humano no se abriese a Dios. Y el
cumplimiento de los preceptos produce
"justicia", ser irreprochable ante Dios. Y
no es así: Jesús afirma, sin duda
irónicamente, que "los justos" no tienen
necesidad de Él. Se dirige a los pecadores,
es decir, a todos. Y no busca cumplimiento
de normas, sino conversión del corazón a
Dios.
3.- EL PRIMERO Y EL ÚLTIMO
En forma de exageraciones propias del género
rabínico, Jesús rechaza la aceptación de
personas: os dais importancia, "maestro,
jefe, padre, señor..." Eso es sólo el
servicio que te ha tocado desempeñar. ¿Quién
es grande o importante...? El que hace la
voluntad de mi Padre, sea maestro o
basurero, ¿qué más da eso de "primero y
último"? En el Reino se valoran otras cosas.
Esto tiene otra vertiente. En el Reino, el
que más importa es el que más necesita. Ése
es el regalo que Dios nos ha puesto para
darnos oportunidades de servir. Ése puede
convertir nuestro corazón, hacer válida
nuestra vida. Por eso Jesús tiene el corazón
con los niños, con los enfermos, con los
pobres. Esos son los que nos salvan. En el
Reino, Jesús lavando los pies a los
discípulos es la norma de oro. Ese es el
primero, el que de rodillas sirve a los
demás.
Y todo lo demás, sacerdocios, sacramentos,
ley... para esto. Y si no sirven para esto,
no sirven. Un acertado titulo del obispo
Gaillot lo dice bien: “Una Iglesia que no
sirve, no sirve para nada”
No es extraño que a Jesús lo mataran "los
justos" y "los primeros". Su mundo quedaba
destruido por la palabra de Jesús.
Entendieron muy bien a Jesús. Las tinieblas
se cerraron ante la luz.
José Enrique
Galarreta