Juanjo aguado s.j.
desde Goma (R.D.Congo)
El jesuita español Juanjo Aguado lleva desde el mes de
agosto en Goma (República Democrática del Congo) a donde
llegó para formar parte de una nueva comunidad del
Servicio Jesuita a Refugiados (SJR,
www.jrs.net), que
iba a estar encargada de un proyecto de educación,
apoyado por la ONG Entreculturas (www.entreculturas.org).
Desde que llegó nos ha estado transmitiendo sus
vivencias. Las de los últimos días, tras haber tenido
que dejar Goma y desplazarse a Gisenyi (Rwanda) por el
rebrote del conflicto, son de preocupación por la gente
que se ha quedado en la ciudad.
Por su interés, reproducimos varios testimonios de este
joven sacerdote. No quieren ser sólo testimonios
negativos del conflicto; sino también un reflejo de lo
positivo del país y de sus gentes, de los proyectos que
estaban en marcha y que confían puedan concluirse.
8 de noviembre, 2008
El sábado 1 de noviembre, el equipo del Servicio Jesuita
a Refugiados (SJR) de Goma, pudo regresar desde la
localidad ruandesa de Gisenyi a Goma, por haber mejorado
algo la seguridad en esta ciudad, tomada hoy por las
fuerzas de seguridad de la ONU (la MONUC).
La
semana pasada ha sido muy intensa, y por desgracia, muy
triste. Como muchos de vosotros habréis podido seguir en
las letras pequeñas de ‘internacional’ de los
periódicos, el martes volvieron los combates en Rutshuru
y sobretodo, en Kiwanja (a 5 km al norte de Rutshuru).
Cuando los grupos de maï-maï (guerrilleros locales
organizados como brigadas paramilitares de autodefensa)
se retiraron, uno de los grupos armados que controlan la
zona ‘invitó’ a toda la población a salir de la ciudad y
comenzaron una estrategia de limpieza.
Bajo
pretexto de no poder distinguir quienes eran maï-maï
escondidos de los civiles jóvenes del pueblo, mataron a
muchas personas inocentes. El número todavía no se sabe
a ciencia cierta y habrá que esperar los resultados de
la investigación de las fuerzas de la ONU y de otros
organismos que se ocupan de los derechos humanos. En
cualquier caso, una víctima inocente es siempre
demasiado.
Un
buen colaborador de nuestro proyecto me dice que él
conoce al menos dos víctimas: un joven de 23 años que se
ganaba la vida vendiendo al por menor carburante para
motos en la carretera, y un padre de familia que después
de dos días encerrado con los suyos en casa, salió a
buscar leña para hacer algo de comer y al regresar le
dispararon...
Más de 1.500 personas pasaron esa noche del 5 al 6 de
noviembre, dentro de la parroquia de Rutshuru y otras
muchas más en los alrededores. Todavía hoy quedan unas
400 personas que no se han decidido a volver.
Por la mañana, mientras todos se preguntaban por sus
vecinos y familiares que no habían podido salir a tiempo
de Kiwanja, muchos se enteraron de que una mujer había
dado a luz allí a un niño. Las condiciones no fueron ni
mucho menos las mejores, pero ambos están bien. Es un
signo increíble de esperanza (…)
Estas
personas están pasando muchas dificultades para
encontrar comida. Las carreteras de acceso a Rutshuru y
Kiwanja están cortadas al tráfico (salvo escasísimas
excepciones de periodistas o Médicos Sin Fronteras).
Afortunadamente, ayer recuperaron el suministro de agua
y de luz que se cortó con el comienzo de los combates.
Para
socorrer un poco esta situación, en JRS-Goma hemos
comenzado un pequeño proyecto de ‘ayuda de emergencia’.
Se trata de conseguir sacos de harina, de judías, de
patatas, de maíz, mandioca y similares, y distribuirlo
entre quienes perdieron todo en su casa en estos días, y
quienes los acogen...
En Ruthsuru, en septiembre y octubre había cerca de 1000
desplazados en aproximadamente 200 "sheetings" o
"chamizos" de caña, palmas de bananos y plásticos.
Ahora, todos estos ‘refugios’ han sido desmantelados.
Unas 30.000 personas han perdido así de la noche a la
mañana los 5 metros cuadrados donde se protegían de la
lluvia y la noche. A los ocupantes se les ha invitado a
regresar a sus pueblos, sin darse cuenta que muchos de
ellos no tienen ya casa allí (quedó destruida) o su
pueblo sigue siendo zona de combates.
Estas
personas tuvieron que volverse a ‘desplazar’ a otros
lugares más lejanos y muchos sobreviven todavía como
pueden en la selva-sabana. Por supuesto, nada de ir al
colegio en las próximas semanas... ¡qué amargas
vacaciones!
A
pesar de las dificultades, este equipo del SJR no
renuncia a volver a su labor educativa cuando la
situación mejore. No sé cuándo podremos volver allí, ni
cuando podrán recomenzar las clases, ni cuántos niños
faltarán (porque tuvieron que re-desplazarse), ni
cuantos profes, ni cuanta madera o zinc quedará en pie.
Pero lo que sí hemos decidido en SJR Goma es que en
cuanto se pueda volveremos a construir y a apoyar a los
profesores con formación y algún apoyo de comida. Sobran
signos de abandono y desencanto como para añadir
nosotros uno, ¡y hacen falta signos de esperanza y
puertas para un futuro en paz!
30
de octubre de 2008
No
puedo ocultar que anoche me sentaba en un escalón del
patio de la parroquia de Gisenyi (Ruanda) y lloraba por
dentro viendo al fondo los destellos de cañones y
escuchando las ráfagas de balas. Me sentí como nunca,
deshecho y desamparado, como un "shitting" (chabola) de
uno de los campos de desplazados...
¿Consuelo? Al menos, ya sabía que habían evacuado a
María (María Presentación López Vivar), la
religiosa española de Rubare, en estado grave pero
estable, hacia Pretoria (Sudáfrica) y que Lucien (mi
asistente de proyecto, congolés) estaba bien y durmiendo
en la base de la MONUC (los cascos azules de la ONU en
el Congo) en Rutshuru...” (…)
Salí ayer (29 de octubre) por la tarde de Goma, pues
estábamos preparados para este indeseable presente, y
ahora escribo desde el pueblo de al lado... Nunca he
sentido tanto el tremendo poder de las fronteras.
¿Sabéis? Le llaman
la "Grande barrière",
al puesto fronterizo que une (o separa) Goma (R.D.
Congo) y Gisenyi (Rwanda).
Cuando la crucé por primera vez el 7 de agosto, me
pareció ridículo, pues se trata de un paso protegido por
dos vallas que no serían homologables ni en un estadio
de 3ª División regional. Y sin embargo, al atravesarla,
uno entra o sale de una realidad a otra. De la paz a la
guerra, de la seguridad al caos, del porvenir de una
"mini-potencia" africana a una reproducción del
colonialismo, del pasado... o viceversa.
Pues bien, ayer esa barrera me parece que refleja bien
la que separa nuestro propio interés e indiferencia del
sufrimiento y abandono de las víctimas de un mundo que
no "funciona" bien, no sólo en lo financiero, sino en lo
más básico: en lo fraterno.
Mientras,
estuve (y estoy) siguiendo por teléfono móvil,
al otro lado de la "inmensa" barrera,
las noticias que me llegan de Rutshuru
(70 km. al norte de Goma). Hablo con unos y otros.
Por este fantástico invento, pudimos ayudar a evacuar a
la Hermana María, contactar con el Hospital, con el
puesto-base del MONUC allí, con los helicópteros que
fueron a evacuarla...
Al
mismo tiempo, de otros móviles salieron órdenes precisas
y eficaces para enviar auxilio urgente desde la embajada
de España, el Nuncio en Kinshasa, etc... Y entre medias,
llamadas a la gente sencilla que conozco y que me
contaban las dificultades en su huida hacia el norte...
Ahora, parece que allá ya se decantaron las cosas, al
menos para los próximos días. Las tropas del CNDP ocupan
y controlan la ciudad. Los campos de desplazados donde
estaba trabajando con las escuelas, se han vaciado y la
gente ha huido hacia la sabana-selva (…) Creo que no va
a ser fácil hacer llegar una pronta ayuda humanitaria.
Lo intentaremos. Hay mucha gente buena y organismos
comprometidos que lo van (vamos) a intentar...
Dos días antes, el 28 de octubre, este jesuita describía
la situación como “una
nueva tragedia humanitaria”,
pues, contaba, que al menos 100.000 personas
habían dejado sus casas “desde la mañana del domingo
hasta el mediodía de hoy”. Pero desde semanas atrás se
empezaban a vislumbrar los problemas:
6
de octubre de 2008
El
martes fue especial, pues el gobernador de la región
decretó un
día de oración por la paz.
De 8 a 12h no hubo actividad y cada ciudadano/a
estaba invitado a ir a su iglesia (o mezquita o templo)
para rezar por la paz.
En
Rutshuru, en la parroquia, nos juntamos más de 4.000
personas. La misa duró 2 horas, pero no se hacen largas
cuando todo el mundo está metido, activo y cada parte
tiene un canto largo y con palmas o baile.
(…) Lo que no se produjo todavía es el milagro de la
paz. El miércoles hubo un ataque del grupo rebelde CNDP
a un campo militar de las Fuerzas armadas de la RD.
Congo (FARDC) en Rumangabo (entre Goma y Rutshuru).
El
día fue un poco tenso, pues la gente temía que fuera el
comienzo de nuevo de la guerra abierta...
Afortunadamente, no fue más que una "erupción" más de
esta guerra en stand-by que sacude esta
región del Este del Congo, y el viernes la tranquilidad
volvía a reinar en las actividades cotidianas...
Pero en medio de esta situación, muchas personas que
vivían en la zona han pasado a ser nuevos desplazados
(son casi un millón en esta zona de Nord Kivu, y unos
80.000 en el territorio de Rutshuru).
Nosotros también tuvimos que "desplazarnos" y el jueves
volvimos a Goma, en espera de ver cómo evolucionaban las
cosas.
Mungu akubariki (que el Señor os
bendiga).
4
de septiembre
Otro problema en la zona está siendo el rebrote de los
combates entre el CNDP (uno de los grupos rebeldes,
apoyado por el gobierno ruandés, y de carácter tutsi) y
las fuerzas armadas congoleñas.
Entre medias, está la MONUC, los cascos azules de la ONU
en el Congo, (algunos son "turbantes azules", pues son
tropas de la India y de Pakistán...), que intenta
garantizar el "status quo", pero que no tiene autoridad
para desarmar a los que traspasen sus zonas de
protección...
Así que de vez en cuando se hacen "visitas" unos a otros
y entonces toda la población comienza de nuevo a
replegarse en los grandes pueblos, dejando los campos
sin cultivar y vuelta a pasar hambre y a dormir al raso
o en el campo de desplazados...
La
Educación en la RDC
En
esta situación de conflicto,
la escuela es aún más imprescindible que
nunca. Porque no sólo sirve para aprender a leer y
escribir, socializarse en un grupo humano, integrarse en
la sociedad, etc.
Es
el lugar en el que se pueden
‘curar’ las heridas de la guerra.
En la escuela es donde se puede sembrar algo de dignidad
y esperanza (que no se encuentra en la pobreza del campo
de desplazados). La escuela es no sólo ‘espejo’ de la
sociedad y sus gentes, sino también el lugar donde se
‘cuece y crece’ la sociedad.
En
la República Democrático del Congo, la escolarización de
los niños entre 6-12 años (primaria) es de
aproximadamente el 50%. En el Kivu, y en concreto en
Rutshuru, no llega al 45%.
La
verdad es que los niños quieren ir al colegio y se ha
hecho mucho en la
concienciación de los padres de la
necesidad de escolarizar a los niños, pero el problema
es que no tienen dinero para pagarlo.
En
teoría la escuela tendría que ser gratuita según la ley,
pero
el gobierno no puede pagar el profesorado.
El Estado sólo paga un 40% de los profesores y
profesoras (unos 60$/mes, es decir unos 40 euros). El
resto, para comer tiene que apañarse con el dinero que
la escuela pide a los padres (entre 1$ y 3$ al mes por
niño, según los casos).
Y
luego están los que, aunque quisieran llevar a sus hijos
al colegio, no tienen una escuela cerca... Y
entre las familias desplazadas, las que
han tenido que dejar su casa y su campito por causa de
la guerra, la dificultad para pagar es aún mayor y sólo
un 25% de los niños de los campos de desplazados de
Rutshuru estuvieron escolarizados el curso pasado.
El Servicio Jesuita a Refugiados
El Servicio Jesuita a Refugiados (SJR,
www.jrs.net) es una
organización católica internacional (www.jrs.net),
perteneciente a la Compañía de Jesús. Fue creada por
Pedro Arrupe en 1980 cuando era el Superior General de
la Compañía de Jesús. Su misión es acompañar, servir y
defender la causa de los refugiados y desplazados,
mientras haga falta.
El mundo cuenta con casi 40 millones de desplazados
forzosos, de los cuales, cerca de 15 viven en África. El
SJR trabaja en más de 50 países de los cinco
continentes, desempeñando su labor a nivel regional y
nacional con el apoyo de una oficina internacional
situada en Roma.
Da prioridad a aquellos desplazados cuya situación es
más urgente y no es atendida por otros, ofrece un
servicio humano y pastoral a los refugiados y a las
comunidades que los acogen, a través de una amplia gama
de actividades de ayuda humanitaria y rehabilitación que
incluyen programas de atención pastoral, educación de
niños y adultos, servicios sociales y de asesoría y
cuidados médicos.
El SJR en República Democrática del Congo
Desde hace apenas 3 meses se ha abierto una oficina y
comunidad del SJR en Goma (el SJR cuenta con proyectos
en otras zonas del país).
Forman parte de ella, ahora mismo, 5 personas:
3 de ellas españolas (uno es el jesuita Aguado), más un
jesuita irlandés y un asistente congoleño.
El proyecto de educación del SJR, con el apoyo de la ONG
Entreculturas del que se está encargando este equipo, se
establece en la zona rural de Rutshuru, a 75 Km. de
Goma. Pretende
dos cosas:
1) Aumentar la capacidad de acogida de niños y niñas
desplazados en las escuelas de los alrededores;
2) Aumentar la calidad de enseñanza en esas escuelas que
hacen el esfuerzo de acogida.
En total, se espera beneficiar a unos 8.000-10.000
menores. Esto supone en primer lugar, la
formación de los docentes (y, sobre
todo, la motivación, pues trabajan sin apenas ganar nada
y pasan más tiempo cultivando su campito o vendiendo
algo en el mercado que corrigiendo ejercicios). En
segundo lugar,
la rehabilitación y/o construcción de nuevas salas de
clase. Y por último,
la aportación de libros y material pedagógico para
alumnado y profesorado. Tener un
libro propio es un lujo.
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