CUATRO FLORES DE LYS Y UNA CRUZ BLANCA
Si no me equivoco, hasta su majestad británica lleva
una Flor de Lys en sus manos. A semejanza de los
antiguos reyes de Francia, ella recibió dos cetros
en su coronación: uno termina en una mano y se llama
‘mano de justicia’; el otro, el verdadero cetro
real, está coronado por una flor de lys y se llama
‘mano de misericordia’.
Justicia y Misericordia son las dos grandes
responsabilidades del soberano: tener bastante
misericordia para que reine la justicia y bastante
justicia para que reine la misericordia, o sea la
compasión.
Ambas palabras, ‘misericordia’ y ‘compasión’,
significan “compartir de corazón la miseria del
otro”.
Los reyes de Francia desaparecieron y su majestad
británica sigue reinando, aunque no gobierne;
gobiernos democráticos los han reemplazado. Cambió
la forma de gobernar, pero el mandato continúa
siendo el mismo: hacer reinar la Justicia y la
Misericordia.
Como símbolo de su sistema democrático, Québec
tiene una bandera azul dividida en cuatro secciones
por una cruz blanca. En cada sección figura una flor
de lys, el antiguo emblema de los reyes de Francia.
Esas flores de lys se parecen a cuatro ángeles
sacando misericordia a manos llenas de la cruz para
que la Justicia se extienda hacia los cuatro
rincones del país y del universo.
Porque la Misericordia es la fuente de todo poder y
de toda legalidad. Es la fuente de toda civilización
y de toda humanidad. Sobre la cruz muere un hombre
de misericordia que no podía soportar que otro ser
humano fuera desfigurado y desechado. Muere
crucificado por haber tomado partido a favor de este
último.
No muere como esclavo, sino como rebelde, ya que el
imperio romano tenía reservado ese suplicio
precisamente a los que se rebelaban contra él.
Es así como la cruz ha llegado a ser el signo
sagrado de los que sacrifican su vida para que los
vulnerables, los olvidados, los oprimidos salgan de
sus tumbas. Es una fuente de gran inspiración para
todos los pueblos que aspiran a una independencia
efectiva y a una libertad plena.
Las cuatro flores de lys y la gran cruz blanca de la
bandera de Québec enseñan ese camino: no hay
libertad sin justicia, ni justicia sin misericordia.
Pero como el simbolismo de la cruz ha sido
desfigurado y pervertido en el pasado por un
clericalismo opresor a tal punto que se ha
convertido en la representación exacta de lo
contrario de lo que significaba, es decir las
cadenas en lugar de la libertad, no sorprende por
tanto que muchos espíritus esclarecidos quisieran
verlo desaparecer del emblema nacional.
Pero la honestidad intelectual exige que se intente
primero restituirle su verdadero sentido al
simbolismo de la cruz.
Lo cual no debería impedir por otra parte que se
haga también una lectura secular de la misma y ver
en estas dos bandas blancas que se cruzan en el
centro un gran signo MAS (+), o sea un signo de
adición, de crecimiento, de marcha hacia delante. O
acaso también un gran cruce para el reencuentro en
libertad, justicia y paz de todos los habitantes de
los cuatro puntos cardinales de Québec y, por qué
no, de los cuatro puntos cardinales del planeta.
Eloy Roy