LA
IGLESIA NUBLA EL EVANGELIO
Entrevista a Javier
Baeza
La parroquia San Carlos Borromeo de Madrid, es ahora un «centro
pastoral», algo parecido a la capellanía de los hospitales,
las prisiones o el Ejército, lugares en los que la
feligresía tiene una problemática similar. En su caso es la
marginación y la exclusión social de un barrio, Entrevías,
donde el paro y la droga han hecho estragos y donde el sida
se ha llevado a un montón de vecinos.
Baeza es el capellán de este centro en el que sigue trabajando con sus
compañeros Pepe Díaz y Enrique de Castro.
¿Cómo
están ahora, casi dos años después de que comenzara el
conflicto?
Fenomenal, con las mismas preocupaciones que veníamos
teniendo hasta el paréntesis al que nos sometió Rouco en el
2007. El 27 de marzo nos comunicaron en una especie de
juicio sumarísimo que habían decidido cerrar la parroquia y
transformarla en un centro de Cáritas. Nos ofrecían ser
trabajadores de esta organización, una cosa muy rara. Y todo
esto diciéndonos que éramos los mejores y que la Iglesia se
sentía muy orgullosa de nosotros, fue todo un absurdo.
Lo comunicamos en la parroquia y comienza una marea que nos
desborda absolutamente. A partir de entonces se creó una
corriente de solidaridad muy importante...
¿Qué les molestaba de San Carlos Borromeo?
Pues decían que la liturgia no era católica porque no
comulgábamos con formas y porque los curas no nos
revestíamos y luego apuntaron, aunque no lo dijeron, cosas
como que una mujer laica leyera el Evangelio o que no tenían
clara conciencia de que toda la gente que participaba en las
celebraciones fuese católica, apostólica y romana.
¿Eso es una obligación?
No. Y además es absurdo: toda la gente que fue a los
entierros de Juan Pablo II, con aquella parafernalia que se
montó, no era católica. O en la misma boda de la hija de
Aznar, que ofició Rouco.
¿Por qué no se visten para dar misa y por qué no dan formas
para comulgar?
La realidad nos ha mostrado que los chavales del barrio
equiparaban ir a la Iglesia con ir a un juicio: el cura
revestido, los abogados revestidos, el fiscal revestido...
Queríamos que hubiera cercanía. Y el tema de la comunión
tiene una razón: una mujer que ha enterrado a cuatro hijos
por las drogas -el nivel de dolor que hay en nuestra
parroquia es importante- un domingo hizo un pan en el horno
de casa, lo trajo y nos preguntó si podíamos comulgar con
él. Y dijimos que por qué no. Al domingo siguiente, otra
madre trajo un bizcocho y al siguiente, otra, unas
rosquillas. Es una cuestión de cercanía. En el Evangelio
queda claro que lo importante es el espíritu y no la
materia.
¿Siguen manteniendo estas peculiaridades?
Sí, pero no lo hacemos solo nosotros.
¿Cómo comienza a resolverse todo?
Rouco nos llamó y nos dijo que quería cenar con nosotros y
venir a nuestra casa. Le dijimos que encantados y en ningún
momento de la cena hubo referencia al conflicto ni a sus
razones ni mucho menos a la liturgia.
A eso de las 11 le sacamos el tema, hicimos un repaso a la
historia de la parroquia, una crítica grande a que nunca, en
27 años, recibió la visita de un obispo y le preguntamos que
por qué nunca había querido recibirnos.
¿Por qué dio el Arzobispado marcha atrás?
Por el
testimonio de firmeza que dio la parroquia. El obispo de
Madrid, como todos los poderes, es fuerte con los débiles y
débil con los fuertes. Siempre dijimos que no íbamos a
renunciar a nuestra forma de expresar la fe, que eso no era
negociable.
Hay una queja generalizada en la Iglesia de que la gente no
va a misa. ¿En su parroquia sí?
Nosotros nunca hemos medido nuestro compromiso con el barrio
por la cantidad de gente que viene a misa, pero sí es cierto
es que gracias a Rouco nuestras misas, que eran en familia,
se desbordaron. Después casi agradecimos que dejaran de
venir masivamente porque para nosotros la asamblea del
domingo es un punto de referencia para la gente que está
alrededor de San Carlos Borromeo.
La Iglesia oficial se ha escorado cada vez más a la derecha
desde 2004. ¿Ha sido un punto de inflexión el hecho de que
ustedes les pararan los pies?
No porque nosotros no propugnamos cambiar esta Iglesia,
creemos que no tiene solución. Hay que cerrarla, pero como
institución, ya que el Evangelio sigue teniendo pleno
sentido. Se han hecho reformas y hay gente ante la que hay
que quitarse el sombrero como Pedro Casaldáliga o Nicolás
Castellanos. Es una iglesia cada vez más centrada en sí
misma y más pendiente de adoctrinar que del Evangelio. No
nos sentimos vinculados a una Iglesia así.
¿Por qué cree que se opone a todo lo que es evolución?
Por miedo
a perder influencia en la sociedad ya que cada vez pinta
menos. Tiene también pánico al Evangelio por el vértigo que
produce que a quien reconocemos como nuestro salvador, que
es Jesús, se acerque a los leprosos pero también a los ricos
y no para dorarles la píldora sino a pedirles cuentas. Esto
les lleva a estar tremendamente desubicados de este mundo.
Pero, desubicados y todo, tienen la sartén por el
mango...
Porque a algunos no nos preocupa quien detenta ese poder. No
entiendo la alternativa progre de ‘vamos a quitarles el
poder para mandar nosotros’. Esta Iglesia no tiene sentido
ni con los carcas de ahora ni con los progres que vinieran.
La Iglesia ha de ser el lugar del no poder.
¿La exclusión de la mujer tiene que ver con esto?
La Iglesia se preocupa mucho por los derechos de los no
nacidos, de los varones, de las personas cuando están en el
último tramo de su vida... Está ilegitimada porque no puede
exigir a la sociedad civil el respeto de los derechos cuando
en su propio seno se están conculcando tanto. Ante
escándalos como la pederastia en las diócesis americanas, el
tema se ha tapado con miles de millones de dólares. Creo que
es una institución que nubla mucho el Evangelio.
A. Gonzàlez
Diario de Burgos, 22.11.08
http://www.esglesiaplural.cat/modules.php?name=News&file=article&sid=1356