HECHOS DE APÓSTOLES 2, 14 y 22-23
El día de Pentecostés, se presentó Pedro con los
Once, levantó la voz y dirigió la palabra:
- Escuchadme israelitas, os
hablo de Jesús nazareno, el hombre que Dios acreditó
ante vosotros realizando por su medio los milagros,
signos y prodigios que conocéis. Vosotros, por mano
de paganos, lo matasteis en una cruz. pero Dios lo
resucitó rompiendo las ataduras de la muerte...
Pues bien, Dios resucitó a ese
Jesús y todos nosotros somos testigos. Ahora,
exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del
Padre el Espíritu Santo que estaba prometido, y lo
ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo.
La sorpresa del pueblo de Jerusalén por el
comportamiento de los discípulos (el día de
Pentecostés y más tarde) requiere la explicación de
Pedro. Y Pedro explica: estáis viendo los efectos de
la resurrección.
Así, el testimonio de la Resurrección alcanza dos
dimensiones complementarias. En primer lugar, los
discípulos se presentan como "testigos de Jesús
resucitado". "Le hemos visto, hemos comido con El".
Pero, en segundo lugar, y con más importancia, la
vida nueva, diferente, de esos testigos, es la que
muestra la presencia de la fuerza del Espíritu de
Jesús, la Resurrección de todo el Cuerpo de Cristo,
del Cristo total, que se está produciendo.
Las palabras de Pedro nos ofrecen un resumen
perfecto de Cristología, de un tipo de Cristología
que tenemos un poco olvidado. Lo condensamos en
pocas frases:
§
Jesús de Nazaret, el hombre al que Dios acreditó en
medio de vosotros realizando por su medio los
milagros...
§
Jesús de Nazaret, el hombre al que Dios resucitó,
rompiendo las ataduras de la muerte.
§
Exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del
Padre el Espíritu santo que estaba prometido, y lo
ha derramado.
Esto es lo que estáis viendo
En resumen, la primera fe de la
comunidad: Jesús, el hombre lleno del Espíritu, que
obra en Él maravillas, que se muestra más fuerte que
la muerte y que el pecado, que por medio de Él se
derrama en la comunidad.
Por tanto, nuestra fe en Jesús se concreta así: "el
hombre por el cual el Espíritu de Dios invadió el
mundo". Por eso decía Jesús al empezar a predicar:
"El Reino de Dios ya está aquí, entre vosotros". El
Reino, la presencia del Espíritu de Dios, del Viento
Salvador, ya está aquí, en Jesús.
La comunidad hace visible el espíritu de Jesús. Lo
hace visible porque, como leíamos el domingo pasado
"vivían unidos y lo tenían todo en común... ". Es la
eclesiología de Pedro, y de los Hechos: la Iglesia
es la comunidad de personas en las que sopla el
Espíritu de Jesús. Y se siente, el viento se siente,
en su manera de vivir. Y admira, y arrastra.
Preciosa Cristología, preciosa Eclesiología,
sencilla de entender, más simbólica que conceptual.
De primera mano, sin intermediarios de culturas
lejanas a La Palabra.
PEDRO 1, 17-21
Si llamáis Padre al que juzga a cada uno según sus
obras, sin parcialidad, tomad en serio vuestro
proceder en esta vida.
Ya sabéis con qué os rescataron de ese proceder
inútil recibido de vuestros padres: no con bienes
efímeros, con oro o plata, sino a precio de la
sangre de Cristo, el cordero sin defecto ni mancha,
previsto antes de la creación del mundo y
manifestado al final de los tiempos por nuestro
bien.
Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó
y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra
fe y vuestra esperanza.
Sólo con leer estas expresiones podemos estar
seguros de que Simón Bar Iona, el pescador de
Genesaret no puede ser su autor, a menos que haya
hecho cursos apresurados de Teología. Por otra
parte, comprobamos la temible presencia de un
concepto de redención por la sangre, muy del Antiguo
Testamento pero discordante con Abbá. Pero es tema
que hemos tratado ya muchas veces.
Merece la pena sin embargo subrayar esa expresión,
tan revolucionaria y tan definidora del ser
cristiano: Por Cristo creéis en Dios.