LECTURAS
Domingo
19 tiempo ordinario
1 REYES 19, 9-13
Al llegar Elías al monte de dios, en Horeb, entró en la
cueva, y pasó en ella la noche. Le fue dirigida la
palabra de Yahveh, que le dijo:
«¿Qué haces aquí Elías?»
El dijo:
«Ardo en celo por Yahveh, Dios Sebaot, porque los
israelitas han abandonado tu alianza, han derribado tus
altares y han pasado a espada a tus profetas; quedo yo
solo y buscan mi vida para quitármela.»
Le dijo:
«Sal y ponte en el monte ante Yahveh.»
Y he aquí que Yahveh pasaba. Hubo un huracán tan
violento que hendía las montañas y quebrantaba las rocas
ante Yahveh; pero no estaba Yahveh en el huracán.
Después del huracán, un temblor de tierra; pero no
estaba Yahveh en el temblor. Después del temblor, fuego,
pero no estaba Yahveh en el fuego. Después del fuego, el
susurro de una brisa suave. Al oírlo Elías, cubrió su
rostro con el manto, salió y se puso a la entrada de la
cueva.
Dentro del "ciclo de Elías", del primer Libro de los
Reyes, es éste un episodio también muy significativo.
Elías, perseguido por el odio de la reina Jezabel, huye
al desierto. Alimentado por el pan que le da el ángel,
llega, tras cuarenta días de camino, al Monte de Dios,
Horeb, donde tiene lugar la escena que leemos hoy.
Es como volver al pasado, re-entroncarse con las raíces
del pueblo. Los elementos de la naturaleza desatados
-huracán, terremoto, fuego- son los habituales
acompañantes de la presencia de Dios, citados en la gran
teofanía del Éxodo (Ex.19,16) y en los salmos (50,3;
97,3 entre otros muchos).
Así, se hacía que la naturaleza representase ante todo
el poder y la magnificencia del Señor. Elías sin embargo
percibe al Señor en el suave pasar de la brisa, como
expresando la paz que surge en el ánimo del profeta, tan
violentamente perseguido hasta el momento.
A partir de aquí, el profeta inicia una nueva actividad,
ungirá rey de Israel a Jehú y designará a su propio
sucesor, Eliseo. Además, nace a continuación el concepto
de "el resto de Israel", esos 7.000 que no han doblado
las rodillas ante los baales, los que siguen fieles al
Señor en medio de la apostasía general.
La idea básica del texto es por tanto una vuelta a los
orígenes de Israel, la fidelidad a Dios, a la Alianza. Y
un anuncio de que solamente una minoría del pueblo será
el verdadero heredero. Entendido así, tiene una fuerte
consonancia con el texto evangélico, que presenta a
Jesús como el cumplimiento de la Promesa, aceptado por
unos pocos y rechazado por la mayoría.
ROMANOS 9, 1-5
Digo la verdad en Cristo, no miento ‑mi conciencia me lo
atestigua en el Espíritu Santo‑ siento una gran tristeza
y un dolor incesante en el corazón. Pues desearía ser yo
mismo anatema, separado de Cristo, por mis hermanos, los
de mi raza según la carne ‑ los israelitas ‑ de los
cuales es la adopción filial, la gloria, las alianzas,
la legislación, el culto, las promesas, y los
patriarcas; de los cuales también procede Cristo según
la carne, el cual está por encima de todas las cosas,
Dios bendito por los siglos. Amén.
Excepcionalmente, el texto coincide bien con el mensaje
de los otros dos textos. Es un mensaje sencillo: Pablo
se lamenta de que el pueblo de la promesa y de la
alianza no haya sido fiel a su destino, no haya sido
capaz de reconocer al Mesías. Siguiendo la mala
costumbre de recortar al máximo los textos, nos quedamos
privados del resto, que dice:
"Es decir, que no son los hijos carnales los hijos de
Dios..."
Para concluir, citando a Oseas:
"A No-Pueblo lo llamaré Pueblo-Mío; a
Desamada, Amada; y donde antes se decía: "no sois mi
pueblo", allí se llamarán hijos del Dos vivo.
Y citando a Isaías:
"aunque fueron los israelitas numerosos como
la arena del mar, se salvará sólo un resto... Si el
Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado un resto,
seríamos como Sodoma, semejantes a Gomorra.”
Y finalmente:
Entonces ¿qué diremos? Que los paganos, que no
buscaban la justicia, la alcanzaron, se entiende: la
justicia por la fe. En cambio, Israel, que buscaba una
ley de justicia, no la alcanzó. ¿Por qué? Porque la
buscaban por las obras y no por la fe, y así tropezaron
en la piedra de tropiezo, según lo escrito:
"Pondré en Sión una piedra de tropiezo, una roca de
precipicio; y también "quien se apoye en ella no
fracasará".
En este texto aparece pues con claridad que Pablo,
cuando se refiere a Fe-Obras está entendiendo por ‘fe’
la fe en Jesús, mientras entiende por ‘obras’ el
cumplimiento de la ley mosaica.
El texto acompaña pues perfectamente a los otros dos,
poniendo énfasis especial en la importancia decisiva de
aceptar a Jesús, y mostrando a los seguidores de Jesús
como representantes de ese "resto de Israel" que será el
heredero de la promesa, el Pueblo de la Nueva Alianza.
José
Enrique Galarreta, S.J.