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"El giro de Francisco a lo social es el imperativo evangélico". Jim Keenan, sj, profesor del Boston College y creador de una red mundial de moralistas, que acaba de ser recibida por el Papa y por varios dicasteros romanos. El reputado moralista americano cree que "Francisco es un faro en medio de las tinieblas", defiende la 'Amoris laetitia' y la moral enriquecida por el bien hacer de los laicos en este ámbito.

Acaba de estar en Roma, con algunos otros miembros de Catholic Theological Ethics in the World Church, y han sido recibidos por diversos dicasterios y por el propio Papa. ¿Es un reconocimiento explícito a la red que fundó?

Los miembros del comité organizador de nuestra red fuimos a Roma para presentarnos a los cardenales y al personal de seis Congregaciones y para ofrecernos como punto de contacto. Fuimos recibidos calurosamente y nuestros anfitriones nos dedicaron un largo tiempo.

La sensación que tuvimos fue, sobre todo, de respaldo. Tras catorce años de desarrollo de la que es una red viviente de mil moralistas católicos de ochenta países, recibimos en las reuniones con cada uno de los cardenales y con el Papa una bienvenida, un apoyo y un respaldo fraternal.

¿Se puede saber qué les dijo el Papa Francisco?

Nos reunimos con él durante 45 minutos. Nos presentamos y le comenté que habíamos perdido uno de nuestro grupo, Lucas Chan, SJ, quién falleció repentinamente el mayo pasado de un fallo cardíaco.

Le di al Papa su estampita. Lo queríamos mucho y, al dársela al Papa, muchos de nosotros lloramos. El Papa vio lo cercanos que somos los siete y agradeció que le diéramos la tarjeta. "Un gesto muy bonito", dijo. Creo que en aquel momento percibió que lo que más nos importa en nuestra red es el cariño tangible mutuo.

Le dimos unos libros que acabamos de publicar. Uno que se llama Just Sustainability y otro sobre la migración, y le explicamos que estos libros recogen trabajos de 25 autores diferentes de todos los continentes. En total le entregamos cinco de nuestros libros que abarcan un abanico de temas éticos, y con eso el Papa pudo contemplar lo extensiva es la red que hemos establecido.

Hablamos sobre cómo nuestras reuniones en Trento, Padua, Manila, Bangalore, Berlín, Cracovia, Bogotá y Nairobi han sido encuentros de moralistas de contextos muy diversos, pero a la vez capaces de discutir sobre esta diversidad sin caer en la polarización. Construimos nuestra unidad sobre esa capacidad de discutir, no sobre un consenso uniforme.

Su Santidad también nos habló de la unidad verdadera, que no se halla en la uniformidad sino en la diversidad, que toma en cuenta el contexto sin perder de vista lo que tenemos en común. Unidad en la diversidad. Fue un tema recurrente en nuestra conversación.

Hablamos también sobre Amoris laetitia: acerca del hecho de que muchos de nosotros hemos escrito sobre la exhortación, y sobre cómo algunas Iglesias -las de Alemania, Austria, Italia, Francia, Argentina y Sudáfrica en particular- están muy adelantadas respecto a la de Estados Unidos a la hora de acogerla.

Discutimos específicamente sobre el libro alemán editado por Stephan Goertz, Wendepunkt für die Moraltheologie? Kontext, Rezeption und Hermeneutik von Amoris laetitia. Al Papa le interesó claramente la cuestión de Amoris laetitia como un "punto de inflexión".

¿La vertiente moral es uno de los 'caballos de batalla' del pontificado del Papa Bergoglio?

La enseñanza de la moral es una fortaleza central del papado de Francisco. Pero él la enseña de una forma muy innovadora. Trae a la discusión las cuestiones morales en sí. Por ejemplo, para abordar las cuestiones sobre el matrimonio y el divorcio, las trajo al Sínodo, ¡y dejó que los miembros las discutiera dos años! Y después, en Amoris laetitia, espera a que las Iglesias locales la trabajen y reciban, y espera a que los matrimonios la interioricen de modo que, tras reflexionarlo en conciencia, traigan sus vidas a la Iglesia. El Papa respeta la manera en la que funciona la iluminación moral: a través de las percepciones compartidas, la confianza mutua, la honestidad total y la atención a nuestras tradiciones y a las Escrituras.

La vertiente moral, por lo tanto, es clave para el Papa, pero la forma en la que la abarca es muy sugerente para muchos de nosotros que trabajamos en el campo de la ética. En nuestra red hay cientos de moralistas reflexionando y escribiendo sobre su manera de proceder.

Muchos laicos suelen preguntarse el porqué una jerarquía de célibes se sigue metiendo tanto en las alcobas. ¿Qué decirles?

Con respecto a la ética sexual y marital, creo que tenemos que reconocer dos novedades muy significativas haciéndose sentir hoy en la Iglesia.

Primero, Amoris laetitia no es una intrusión en las alcobas. Más bien, es una invitación a volver a la Iglesia: a repensar nuestro acceso al Sacramento. No se trata del control de la natalidad: se trata de entender mejor los deseos de los laicos que quieren formar parte de una Iglesia que les da la bienvenida. Así que el enfoque es otro, ¿verdad? La exhortación es una invitación a una relación más plena con la Iglesia.

Segundo, vemos cada vez más que el trabajo sobre la ética sexual y el matrimonio lo hacen laicos casados, no los sacerdotes. Puedo decir que en mi país los nombres más importantes en la ética teológica matrimonial no son los de curas, sino laicos como Lisa Cahill, Flossie Bourg, Julie Hanlon Rubio y David Matzko McCarthy.

Lo que escriben es más exhaustivo, más profundo y más significativo que lo que vimos escribir en el pasado a los moralistas clérigos. El nuevo enfoque se ha puesto no en el dormitorio, sino en el hogar y en los barrios.

¿Teme usted, como dicen los conservadores, que, si se toca algo de lo moral, todo el edificio puede venirse abajo?

Me sorprende la pregunta, ¡y me pregunto qué es lo que la gente cree que no está temblando o viniéndose abajo! ¿Realmente se cree que las cosas no se desintegran? Estamos viviendo un momento de gran inquietud: el auge del populismo, la falta de compasión, las masas de inmigrantes y refugiados y un cambio climático sin precedentes. ¿Se está consiguiendo mantener todo junto? Yo creo que no.

Las cuestiones morales tienen hoy día una urgencia imperiosa. Van directamente a un orden social que se ha visto puesto en entredicho, pero más que eso nos interpelan a cuenta de los marginados que hoy se encuentran amenazados más que nunca.

Este no es un momento en que debemos preocuparnos por una pérdida de credibilidad. Más bien debemos preocuparnos por ellos a los que se les abandona día tras día, por el nacionalismo despiadado, por la creciente brecha entre ricos y pobres y por la incapacidad del orden social de fijar bien sus prioridades.

¿Puede volver a conectar la Iglesia con los jóvenes actuales, manteniendo inalterable su doctrina sobre relaciones prematrimoniales, preservativos..., etc?

Pienso que tenemos que ocuparnos de estos millones de jóvenes que creen en la espiritualidad, pero que son reacios a comprometerse con una comunidad eclesial. Lo que buscan es un espíritu de bienvenida, y creo que una Iglesia acogedora es clave para todos nosotros, y algo en que nos guía Amoris laetitia. La Iglesia primitiva ciertamente fue acogedora con los gentiles y con los muchos inmigrantes que llegaban a las ciudades romanas. Necesitamos una Iglesia aún más acogedora.

En un momento de confusión, de oscuridad y de un desinterés total por el bien común, necesitamos una Iglesia que se levante como un faro en las tinieblas. Creo que el Papa Francisco la está levantando, pero las Iglesias locales también la tienen que levantar. Muchas lo hacen, pero otras muchas, no.

Necesitamos más líderes locales visionarios, proféticos y creativos que sepan escuchar, que sepan leer los signos de los tiempos, que sepan dar la bienvenida y defender a los vulnerables y a los que les falta estabilidad vital en estos tiempos revueltos.

No necesitamos líderes singulares, sino líderes que sepan trabajar en red, trabajar en equipo y invitar a otros a las grandes oportunidades que hay actualmente para responder a la crisis. No es el momento (¿acaso ha habido uno?) para la figura mítica solitaria: es un momento para un liderazgo solidario. Creo que este es el liderazgo al que llama el Papa Francisco. Es por eso que confía tanto en los Sínodos, y por que se rodea de su grupo de nueve.

Pienso, además, que a los jóvenes hay que incluirles en este liderazgo.

Parece que, con Francisco, la moral eclesial se centra más en la moral social (corrupción y demás) que en la moral sexual. ¿Comparte ese cambio de óptica?

¡El giro del Papa Francisco a lo social es el imperativo evangélico! Para poner un ejemplo: es importante ver a la Laudato Si' como una encíclica social. El liderazgo del Papa nos despierta de nuevo al compromiso del catolicismo con el bien común.

El bien común no es una idea: es la humanidad, la interconexión de las personas. Esto es lo que defiende Francisco una y otra vez: que todos estamos interconectados.

En nuestra red, estamos intentando conectarnos unos con otros de modo que podamos contemplar cómo lo que pasa en Kampala o Manila afecta a lo que hacemos en Nueva York, Madrid o Bangalore.

Creemos que hemos de ser personas cuyas vidas reflejan sus creencias: que como moralistas tenemos que ser personas que leen los signos de los tiempos con los ojos de la fe puestos en las Escrituras y la tradición, siempre conscientes de que llevamos estos recursos con nosotros mientras caminamos hacia adelante como discípulos de Cristo.

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Necesitamos más líderes locales visionarios, proféticos y creativos que sepan escuchar

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El bien común no es una idea: es la humanidad, la interconexión de las personas.

 

José Manuel Vidal

Religión digital