col gerardo

 

Buena la ha preparado. El papa Francisco ha dicho en lenguaje popular “que el demonio anda suelto por ahí”. Y muchos se lo han tomado al pie de la letra. No veáis cuántas personas e incluso cuántas parroquias están haciendo la oración a San Miguel.

San Miguel para los cristianos es el protector de la Iglesia y considerado abogado del pueblo elegido de Dios. La Iglesia Católica lo considera como patrono y protector de la Iglesia Universal.

El demonio no anda suelto. Y las cosas que ocurren las causamos las personas, o la naturaleza. No es que haya una fuerza contra Dios y que va tejiendo el mal. Cierto que el mal es un interrogante gordo, al que yo no encuentro respuesta, más que ser el fruto de las acciones libremente humanas. Pero ante el mal, no se me ocurre rezar y pedir que un ángel venza el mal. Somos nosotros, los ángeles humanos, quienes hemos de trabajar para evitar y remediar los males y los problemas de la sociedad.

Sí veo el demonio de las armas, de las guerras y del capitalismo intentando hacer su negocio; el demonio de la envidia, la violencia y el egoísmo. O el de los abusos sexuales, ese sí que está haciendo auténticas burradas y destruyendo a las personas. Y ciertamente el papa se ha asustado. Como nos asustamos nosotros. Y esto nos lleva a orar, a contemplar, a vivir el evangelio, con la confianza de que podemos superar esta situación de la Iglesia y renovarnos en el Espíritu.

El papa Francisco ha descubierto la situación dolorosa de tantos problemas: del clericalismo, de las intrigas clericales y entre cardenales, de los abusos sexuales con menores…

Es una realidad vivida, sentida, dolida por toda la comunidad. Y confiamos en Dios que nos ama y nos ayuda a salir hacia una Iglesia comunidad de santos, con un arranque de evangelio.

Es cierto que a la hora de causar el daño hay personas más responsables, por tener mayor autoridad y por ser su testimonio más escandalizante.

Pero también hay personas que con su entrega, su evangelio, su vida, su doctrina, van ayudando a cambiar este mundo según el proyecto de Jesús.

Ahí está el papa Francisco con su talante, sus obras, su espiritualidad, su cercanía a los pobres, su oración. Siempre en épocas duras en la Iglesia, han surgido y vivido por el contrario grandes testigos del evangelio que han sido origen de una transformación profunda de la realidad eclesial y de toda la sociedad. Dios nos envía esos testigos, profetas y servidores.

Me sirve mucho, no fijarme tanto en los fallos sino en los cristianos y en las personas buenas que actúan en el mundo. Que los hay y son grandes por su sencillez.

En definitiva, San Miguel se ha encarnado en estas personas y la Iglesia se va transformando con Jesús. Es una época de salida hacia los más marginados, hacia los empobrecidos, hacia los que no conocen a Jesús. Y se nota un esfuerzo profundo por llegar hasta ellos y descubrir ahí la Salvación de Jesús.

Está claro. El papa es capaz de actuar tan valiente y evangélicamente porque vive la acción del Espíritu que le impulsa y le sostiene. Y porque hay muchas personas en la iglesia y en la sociedad, defensoras y luchadoras de la verdad, la justicia y la honestidad.

 

Gerardo Villar