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LA VIDA DE PI

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La novela La vida de Pi, del canadiense–salmantino Yann Martel, fue rechazada en varias ocasiones antes de ser publicada en 2001. Seguramente a muchos editores les parecía que la obra tenía mucha reflexión filosófica para ser una novela de aventuras; y a otros, demasiada fantasía para ser una obra de pensamiento. Finalmente publicada, ha recibido varios reconocimientos. Trasladarla al cine encontró las mismas objeciones.

Ang Lee es un talentoso narrador cinematográfico que ha logrado hermosas obras en pantalla, tan diversas entre sí como Sense and Sensibility (Sensatez y sentimientos o Sentido y sensibilidad) y El tigre y el dragón. Ahora halla el estilo justo y accesible en su versión fílmica de La vida de Pi: una narración visual fascinante, bella, creativa en el uso de los nuevos recursos, sugerente en el trasfondo espiritual y religioso. La película ha recibido once nominaciones al Óscar.

En la primera parte de la película conocemos en la India al protagonista, Piscine Patel, en su infancia y con su familia. Al niño le sobra ingenio para lidiar con su nombre –que se presta a bromas y burlas- y para seguir su interés religioso con el hinduismo, el catolicismo y el islam, a pesar de las objeciones de su padre.

Por circunstancias económicas y políticas, cuando Pi tiene 17 años, la familia decide emigrar a Canadá y vender allá los animales de su zoológico. La travesía en el barco sufre un naufragio, Pi pierde a su familia, y sobrevive él en un bote salvavidas junto con cuatro animales, de los cuales pronto sólo quedará un tigre de Bengala.

La mayor parte de la película es este viaje en medio del océano donde los únicos protagonistas son el joven Pi y un feroz tigre de Bengala. Dejar solamente dos actores en un solo escenario como el mar es mucho más reto en cine que en un libro; el director lo supera con un notable uso de planos, luces, color, ritmo, tensión, la actuación del joven Pi, y el mejor uso de los recursos digitales y la tercera dimensión. El espectador queda envuelto en el espectáculo.

Pero detrás de él está una narración con diferentes significados, imágenes y símbolos. Pi adulto cuenta su historia a un joven escritor canadiense para que éste a su vez la cuente; nosotros vemos la historia contada, pero ¿cuánto hay en ella de sueños, de imaginación, de verdad, de ideales, de sentimientos encontrados, de creencias?

Hay en ella algo de Julio Verne en La isla misteriosa, de Hemingway en El viejo y el mar, de la Biblia en el libro de Jonás. Y en cada una, y en La vida de Pi, lo maravilloso del arte de narrar es lo que cada uno puede llegar a sentir, a imaginar, a creer, a vivir. También en el cine.

Pi en medio del océano es la aventura de una fe puesta a prueba, que persevera y sale adelante. "Me dijeron que tienes una historia que me hará creer en Dios", dice el joven escritor a Pi. Quizás, puede suceder. La historia de Pi puede en mucho acercarnos a un Dios que siempre está presente, que siempre acompaña, que nunca nos deja solos o abandonados, en medio de cualquier naufragio de nuestra vida. Un Dios que invita a creer como un acto de confianza en Él, Creador de todo, pero también de confianza en nuestras propias posibilidades, de lucha por seguir y no rendirse, de esperanza contra lo evidente. Es tiempo de contar historias que nos ayuden a creer.

 

Luís García Orso, S.J.

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