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LA HOJA DE RUTA DE UN CRISTIANO S. XXI (4)

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Un Jesús provocador e indignado

Conforme a nuestra hoja de ruta, buscamos en Jesús un ejemplo que nos sirva para responder a los Signos de los tiempos en que vivimos. Provocador e indignado no expresa todo el carácter de Jesús, es un aspecto; fijarnos solamente en ese detalle sería deformar la imagen de Jesús, pero olvidar ese aspecto también sería deformar su imagen. Para no alterar la perspectiva, convendrá encuadrarlo en ese marco.

Jesús se mostró comprensivo con los débiles y marginados -leprosos, publicanos y prostitutas- pero exigente con los poderosos: sumos sacerdotes, doctores de la Ley, gobernantes y hacendados.

Los evangelios mencionan nueve ocasiones en las que "se le conmovieron las entrañas" al ver al pueblo maltrecho, sin comida, acompañando a enfermos o ciegos, (Mt 9,36; 14,14; 15,32; 20,34), al ver a un leproso (Mc 1,41), o a una madre con el féretro de su hija (Lc 7,13); y así de conmovido se describe a sí mismo en las parábolas (Mt 18,27; Lc 10,33; 15,20). Lloró a la vista de Jerusalén (Lc 19,41) y quiso cobijarla como la gallina reúne a sus pollitos bajo las alas (Mt 23,37).

Ese mismo Jesús se muestra también exigente, provocador, indignado. Y conviene recordarlo en estos tiempos de "pensamiento débil", de una "sociedad líquida", burguesa y acomodada; de más de mil millones de seguidores de Jesús que consentimos que mueran diariamente miles de niños por desnutrición o por aguas contaminadas; que basamos nuestro progreso en la explotación de los recursos naturales de pueblos a los que mantenemos subdesarrollados y casi analfabetos.

Creo que es necesario recordar que Jesús no contemporizaba con quienes se oponían a su proyecto de una sociedad alternativa, justa y fraternal. Vamos a ver esta actitud reflejada en su lenguaje, porque "de la abundancia del corazón habla la boca" (Lc 6,45).

Su lenguaje no es conceptual ni jurídico (excepto en las controversias con los doctores de la Ley). Ya dijimos que su Sociedad alternativa no impone objetivos medibles sino metas ambiciosas. Sabía demasiado bien que el mensaje del Padre había quedado desfigurado en una maraña de legalismos inmisericordes.

Su lenguaje es pedagógico, se apoya en lo que los campesinos galileos podían entender (el ejemplo contrario de un juez injusto Lc 18,1-8; o la picaresca de un administrador astuto Lc 16,1-8) y en lo que podía interesarles (el ciento por uno en esta vida Mc 10,30). Es un lenguaje emocional, exagerado, caricaturesco. No es académico ni "políticamente correcto".

Un lenguaje provocador

Provocar es como vacunar, obligar a reaccionar, irritar, sacar de sus casillas, invitar a un cambio profundo más allá de meras reformas convencionales.

Jesús provocaba resaltando las diferencias. Podía haber alabado el socorrer a un herido en la cuneta, pero puso como ejemplo a un samaritano (un hereje) y además lo enfrentó a un  sacerdote y a un levita (servidor del Templo). Si sólo hubiera hecho lo primero –si hubiera sido "políticamente correcto"- hoy no recordaríamos esta parábola.

Cuando le anunciaron que su madre y sus hermanos venían a buscarle y estaban a la puerta, podía haber dicho que esperaran un poco, que luego hablaría con ellos; pero dijo que su madre y sus hermanos eran aquellos que aceptaban la nueva sociedad alternativa del reinado de Dios. Imaginemos cómo le sentaría a su madre y a sus hermanos, que venían a buscarlo para devolverlo a su casa y a sus tradiciones (Mc 3,20-21.31-35).

Cuando algunos entusiastas le dijeron que querían seguirle, podría haberles dado facilidades; pero les dijo que dejaran a los muertos enterrar a sus muertos, que si volvían la vista atrás no eran dignos del reino de Dios.

Cuando Pedro trató de disuadirle de su mesianismo de cruz, no le dijo que, a pesar de su buena voluntad, estaba equivocado; le dijo "apártate de mí Satanás, porque eres un obstáculo en mi camino"(Mc 8,33); pero luego lo mantuvo a su lado porque lo había llamado "para que convivieran con él y enviarlos a predicar el reinado de Dios" (Mc 1,16-17; 3,14).

Un lenguaje indignado

Provocar es una manera pedagógica de enseñar; pero Jesús no sólo se esforzó por enseñar; Jesús amaba apasionadamente a los débiles y sintió indignación ante aquellos que oprimían a los débiles. Y su indignación se mostró incluso con amenazas:

A los que escandalizan a los más débiles: "más le convendría que le colgasen al cuello una rueda de molino y lo sepultaran en el fondo del mar" (Mt 18,6).

A los que no perdonan las deudas: un rey perdonó a un funcionario que le debía muchos millones, pero luego se enteró de que éste había metido en la cárcel a un compañero que le debía algún dinerillo; entonces el señor "indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda su deuda" (Mt 18,23-34). Y esta llamada al perdón mutuo le parecía tan importante que llega a contradecirse –al menos en su expresión-  con el perdón incondicional que ofrece a los pecadores; en la oración del padrenuestro nos enseña a decir "perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores". Y  a renglón seguido Mateo se encarga de repetir esta condición: "Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas" (Mt 6,12-15). ¡Pobres de nosotros si lo cumpliera!

No se trata solamente de perdonar las deudas. Del rico Epulón no sabemos que hubiera robado ni explotado a nadie –al menos en forma ilegal-; sólo sabemos que banqueteaba a diario mientras al pobre Lázaro no le llegaban ni las migajas que caían de su mesa. Cuando murió: estando en lugar de tormentos, suplicó piedad y Abraham le contestó: "recuerda que en vida te tocó a ti lo bueno y a Lázaro lo malo; por eso ahora éste encuentra consuelo y tú padeces". Más llamativo que la parábola es el comentario que Lucas atribuye a Jesús al situar en este momento el logion de la rueda de molino:

"Es inevitable que sucedan esos escándalos, pero ¡ay del que los provoca! Más le valdría que le encajaran en el cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños" (Lc 16,19 a 17,2).

La indignación de Jesús llega a adoptar un lenguaje ofensivo. Cuando sus discípulos no pueden sanar al niño epiléptico, Jesús se queja "¡oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os voy a sufrir?" (Mt 17,17 y paralelos). A los fariseos y a los doctores de la Ley les llama "hipócritas y sepulcros blanquedaos" (Mt 3,7-9).

La mirada de Jesús no siempre es bondadosa. A los fariseos que le espían para acusarle de que curaba en sábado "les miró con ira y apenado por la obcecación de su mente" (Mc 3,5; Mateo 12,9-14 y Lucas 6,6-11 suprimen lo de la ira).

La indignación de Jesús no se queda en palabras o en miradas; en su vida adulta, al llegar por primera vez al Templo "se puso a echar a los que vendían y compraban en el templo, volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían las palomas... habéis convertido mi casa en una cueva de ladrones" (Mc 11,15-17 y paralelos; Jn 2,15 "haciendo un látigo de cuerdas"). Marcos interpreta esta acción como la maldición del Templo –o al menos su abolición- y del culto judío, intercalando la parábola en acción de la maldición de la higuera: "Nunca jamás nadie coma frutos tuyos" (Mc 11,14).

Fray Antonio de Montesinos, un predicador del siglo XVI, les decía a los hacendados y a los bravos capitanes de La Española (Santo Domingo), "estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes". Juan Caminada, un sacerdote holandés promotor de un proyecto de formación de seglares en el Chile de Allende, cuando criticaban sus métodos audaces, decía "esos quieren morir en sus camas". Acabo de leer una entrevista a Juan Goytisolo por la concesión del premio Cervantes: "Cuando me dan un premio siempre sospecho de mí mismo. Cuando me nombran persona non grata sé que tengo razón".

A Jesús lo mataron las autoridades religiosas y civiles por subvertir el (des)orden religioso y social. ¿Alguna vez, al menos alguna vez, al anunciar el mensaje de Jesús nos han declarado "persona non grata"?

 

Gonzalo Haya

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