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RETIRO EN LA CUARESMA DE 2016. HACIA UNA CONVERSIÓN ECOLÓGICA

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El Papa Francisco ha levantado su voz en su encíclica sobre la ecología animando a una conversión ecológica (nºs 216-221). Jamás en la historia de la conversión se le dio ese adjetivo de “ecológica”. La conversión siempre era espiritual o ascética, raras veces moral. Pero ¿ecológica? Nunca se nos hubiera ocurrido.

La verdad es que las conversiones al uso han perdido mucho fuelle; casi no tienen incidencia alguna sobre la vida de los cristianos. Como quien oye llover. Por eso, quizá haya aquí una posibilidad no solamente de iniciarse en una ecología “cristiana” sino, de rebote, darle este año a la conversión cuaresmal un perfil identificable y, por lo tanto, practicable.

De entrada hay que decir que, como lo veremos, esta conversión es más que unas prácticas tópicas de comportamiento ecológico superficial. Como toda conversión, demanda un adentramiento, una profundización, un situarse en las raíces porque la verdadera conversión o es “radical” (en las raíces) o se queda a medio camino.

Es posible que un planteamiento así nos suene poco a los cristianos porque la espiritualidad ecológica ha llegado tarde a nuestro mundo religioso. Pero después del aldabonazo del Papa cuestionar si esto hace parte o no de nuestra espiritualidad es una discusión bizantina: hace parte y ya es tarde. Por eso, hay que abrir la mente y el corazón a esta espiritualidad que nos empuja con fuerza.

La Cuaresma prepara la resurrección de Jesús. Esta resurrección camina a la par de una resurrección de la tierra. Del mismo modo que se celebra la vida plena del Resucitado, se quiere celebrar también la tierra resucitada “sin luto, sin llanto, sin muerte” (Ap 21,4). Celebrar la resurrección de Jesús sin celebrar la resurrección de la tierra no tiene sentido.

1. Tierra sagrada

Este lugar, es tierra sagrada (Ex 3,5), 
Este lugar, es tierra de encuentro (Ex 33,7-9),
Este lugar, es tierra de todos (Is 55,1),
Este lugar, es tierra de Amor (Is 62,4).

Este lugar, es tierra de vida (Jn 10,10),
Este lugar, es tierra de gracia (2 Cor 1,2),
Este lugar, es tierra de amigos (Jn 15,15),
Este lugar, es tierra de luz (Jn 8,12).

Esto lugar es tierra distinta (Ap 21,4),
Esto lugar es tierra de gritos (Ex 6,5-8),
Esto lugar es tierra de hermanos (Mt 23,8),
Esto lugar es tierra de Dios (Ex 29,45).

Es un canto religioso. Tiene una cierta inspiración. Es raro que los cantos religiosos canten a la tierra (suelen cantar a la patria celestial) y que lo hagan en modos positivos y valorativos. Por eso, no se la augura mucho recorrido. Pero ahí está.

Las citas que hemos añadido muestran, muchas de ellas, que es Dios mismo quien, a través de los textos de la Escritura, hace suyas estas expresiones: un Dios que anda el camino de la historia, que ha mezclado su suerte a la nuestra, un Dios que es el fundamento del ser y, por ello, es sostén de la tierra y de la historia que alberga.

Cantar a la tierra puede ser un buen comienzo para sentir, vivir y estar de otra manera en la tierra. Cantar es un modo de amar.

2. Amigo de la vida: Sab 11,24-12,1

“Amas a todos los seres
y no aborreces nada de lo que has hecho;
si hubieras odiado alguna cosa,
no la habrías creado.
Y ¿cómo subsistirían las cosas
si tú no lo hubieses querido?
¿Cómo conservarían su existencia
si tú no las hubieses llamado?
Pero acoges a todos
porque son tuyos,
Señor, amigo de la vida.
Todos llevan
tu soplo incorruptible”.

· Amor a todos los seres: El libro de la Sabiduría es de los más abiertos del AT. Pero, aun así, que haga decir a Dios que “ama a todos los seres” nos deja perplejos. Dice Sabiduría que Dios, si hubiera obrado como un Dios, tendría que haber aniquilado a los enemigos de sus fieles, sobre todo de los cananeos y los egipcios que le han hecho la vida imposible a Israel. Pero no los ha aniquilado, sino que les ha dado tiempo para que se conviertan. Y ¿por qué? Porque ha obrado “humanamente” (12,19), porque ama a “todos”, incluso a esos perversos egipcios y cananeos.

· No aborrecer a ningún ser: Ya que el aborrecimiento implica, con frecuencia, menosprecio, olvido, postergación, exclusión en suma. Todo ser tiene valor en sí mismo y por ello no ha de ser medido solamente por su utilidad; y por lo tanto no ha de cargar con el menosprecio de nadie.

· Desterrar el odio: La creación nos hermana; odiar lo creado es odiar a la propia familia. La conversión ecológica postula la contención del odio en todas sus variantes (prejuicios, estereotipos, condenas previas, etc.).

· Algo por debajo de la existencia: Sabiduría cree que toda realidad tiene un sustento que la apoya por debajo de su existencia: “les retiras el aliento y vuelven a ser polvo” (Sal 104,29). Hay que tener una mirada de profundidad para ver lo que no se ve debajo de la existencia, a Dios, fundamento del ser.

· Acogida: He ahí la gran medicina para cualquier mal ecológico: acoger a todos y a todo. La acogida postula un corazón abierto, una mente flexible, una sintonía con los caminos de otros. En definitiva, es preciso romper la costra del “antropoceno” en el que hemos situado nuestro imaginario vital.

· Amigo de la vida: Esto habría que inocular a nuestro imaginario sobre Dios y llevarlo hasta las últimas consecuencias. El mecanismo religioso termina por entender a Dios como “enemigo” al que se teme, aunque se dice que se le ama. Pero Dios es aliado de la vida y jamás en contra de nosotros, seres vivos. La amistad con la vida es prueba de madurez vital y creyente.

· El soplo incorruptible: Algo de eso que se ha dado en llamar “alma”. Todo ser, hasta los que consideramos más inertes, llevan ese alma dentro: “Juraría que el silencio de la roca es su manera de decirnos que está viva” (M. Benedetti).

3. La base de la conversión ecológica

¿Cuáles son los apoyos fundamentales para una conversión ecológica según la LS? Digamos algunos de ellos, glosando LS 16:

· La íntima relación entre pobres y fragilidad del planeta: Si un creyente se plantea el tema de la ecología es, en primera instancia, por causa de los pobres. Esto nos cuesta entenderlo, pero el maltrato a la tierra acarrea fenómenos que los sufren una gran cantidad de desvalidos y que genera más muerte, pobreza, desplazamientos, empobrecimiento económico, desigualdad para siempre. Una ecología que se une a la pobreza, esa es la ecología integral.

· La convicción de que todo está conectado: No va cada ser a su bola. Todo confluye, todo está interaccionado. Eso nos ha de dar alegría, responsabilidad y ayuda para salir del antropoceno. Mirarnos en lo creado como parte, ni siquiera como centro, sino como colaboradores al éxito de esta empresa de la creación. Mirar con otros ojos lo que nos rodea.

· La crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología: Porque cuando los tecnócratas hablan de sostenibilidad (cumbre de París), en realidad están hablando de cómo seguir llevando el tren de vida explotador al que nos hemos acostumbrado. Es querer mantener el poder sobre el sector menos fuerte, menos industrializado, más pobre, del mundo. No aprendemos, seguimos con mentalidad explotadora. Creemos que la técnica de la que disponemos nos da derecho a cualquier cosa.

· Buscar otros modos de entender la economía y el progreso: Ya que esos modos existen: la economía del bien común, la economía colaborativa, la economía de rostro humano en que la persona está antes que la simple ganancia. El progreso que conlleva la sobriedad feliz, el decrecimiento como manera de vivir mejor viviendo con menos. La idea de que la felicidad no puede derivar de un bienestar explotador, sino de otro compartidor.

· El sentido humano de la ecología: Se cuida la tierra porque de alguna manera se la considera “humana”, con corazón humano, una entidad que tiene alma, que tiene interioridad. No es la tierra un algo inerte de la que puedo lucrarme sin que pase nada, sin que se queje, sin que proteste. Ser humanos con la tierra tiene que conllevar el incluir en lo humano a la misma tierra.

· La necesidad de debates sinceros y honestos: No estamos acostumbrados a estos debates, a discernimientos sencillos, a reuniones con temas de medio ambiente, de sociedad, de antropología. No creemos que eso entronque con la fe. Los desplazamos a los lugares de la no-fe, de la sociología o de la política. No tenemos o frecuentamos poco las escuelas sociales donde fe y vida se mezclan para beneficio de ambas.

· La grave corresponsabilidad de la política internacional o local: Hay que mirar qué tendencias políticas se preocupan realmente de la ecología, qué se va haciendo en los pueblos en esa dirección. Cómo se podría colaborar, qué se puede exigir. ¿Cuándo llegará el momento de que se entienda la pertenencia a la casa común como una natural responsabilidad y como algo que la fe cristiana impulsa decididamente?

· La cultura del descarte: En personas y cosas. Propia de quien se ha acostumbrado a tenerlo todo, de quien se ha olvidado de que fue pobre (y se ha olvidado de los pobres), o de quien se cree desde el nacimiento con todos los derechos. Y por eso no le duele que haya pueblos enteros, continentes (África) “descartados”: no nos daríamos cuenta si desaparecieran. Hasta igual nos quedaríamos “descansados”. Es necesario ir por otro camino, por la inclusión, la preocupación, la responsabilidad y el aprecio al débil.

· La propuesta de otros estilos de vida: Estilos que pasan por los signos, los pequeños gestos, la erradicación del despilfarro, la sobriedad, la sostenibilidad por causa de la tierra, no por causa de la economía, la lucidez para saber qué cómo, qué bebo, con qué me visto, cómo viajo, qué consumo. Lo de Saramago sigue siendo cierto: “No cambiaremos la vida si no cambiamos de vida”.

4. Un itinerario de conversión

Son propuesta conocidas, pero no por ello hay que dejar de insistir. Encuadrarlas en la conversión ecológica puede darles una mística que nos anime a trabajarlas.

1ª semana de cuaresma: semana de la tierra: Toca la tierra, písala agradecida, cuida las plantas, pasea, mira la tierra como una realidad con alma dentro, pon en tu eucaristía un signo de tierra (que esté presente, nunca suele estar).

2ª semana de cuaresma: semana del agua: Agradece la facilidad para el acceso al agua, sé mesurado con ella por razones justicia, de que otros tienen mucha dificultad para tenerla, bébela agradecido, mira el agua como un don cuando llueve o nieva, bebe agua del grifo nunca embotellada (sobre todo por el plástico). Pon un bol de agua en tu oratorio, en tu eucaristía.

3ª semana de cuaresma: semana de los alimentos: Come agradecido, no tires nada a ser posible, mira de dónde viene lo que comes, no comas tanta carne (porque hace falta mucho pienso, comestible, para criar un kilo de ternera), come alimentos de cercanía para evitar la contaminación que produce el transporte, colabora con alguna ong ecológica que venda productos de huerta. Pon un cestillo de frutas a los pies de tu oratorio.

4ª semana de cuaresma: semana de los desechos: Acostúmbrate a ir incorporando a tu vida una mentalidad de reciclaje; ejercítalo como autocatequesis. Genera los menos desechos que puedas, reutiliza las bolsas. No hagas ágapes parroquiales con vasos y platos de plástico. Pon un “adorno” en tu oratorio o parroquia con una bolsa de basura.

5ª semana de cuaresma: semana de la energía: Sé moderado en el modo de gastar luz; apágala cuando no sea necesaria. No dejes aparatos encendidos o en standby. Modera la calefacción abrigándote un poco más (hasta el Papa lo dice). Acuérdate de que Cristo es luz que se da en la Pascua, luz de hermandad, de equilibrio, de justicia, de generosidad para con todos. Pon un signo de luz sencillo que será más hermoso en la Pascua.

Conclusión

Se puede poner a todo esto mil y una objeciones. Las pone, generalmente, quien le cuesta entrar por aquí o quien aún ve los toros desde la barrera. Pero el camino de algo nuevo, como todos, se hace al andar. Mentalidad que cambie y estilos de vida que cambien: ahí radica el motor de la conversión. Este año tiene nombres y apellidos: conversión ecológica. Lo que tantas veces se dice: “Si hoy escuchas Su voz, no endurezcas el corazón” (Sal 94). Que la luz de la Pascua, débil y lejana, pero tenaz y acompañante nos ilumine.

 

Fidel Aizpurúa

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