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'ROMA VEDUTA. MONSEÑOR SE DESNUDA': UNA VENTANA A LOS SECRETOS DEL VATICANO

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Presiento que determinados apartados y temas expuestos en el libro de Celso tendrán que ser leídos, releídos y meditados de rodillas y con propósitos de enmienda.

El aforismo que con cierta pudicicia se asoma en el título del libro de Celso Alcaina -"Roma Veduta"-, se completa con el "Fede Perduta", es decir, "que quien visitó o vivió en Roma, perdió la fe", que con tanta ascendencia y "malignidad" está recogido en los diccionarios de no pocos idiomas y sobre todo, como patrimonio, y de uso común.

Celso Alcaina se integró en Roma durante un condensado puñado de años y, como testigo y excepcional protagonista de cuanto acontecía en el Vaticano y en sus aledaños, con cargos de relevancia en la administración de la Iglesia en sus más altas esferas, escribe este libro de memorias, con participación activa y siempre religiosa, pese a los condicionamientos burocráticos que les eran exigidos.

Esas experiencias, responsabilidad y vivencia cristianas, al dictado de su fe y servicio a la Iglesia, instigado por el noble sentido de responsabilidad como persona y la imposición del bien de la colectividad al que se consagró y comprometió por vocación son irrefutables razones que explican su redacción y publicación, con el subtítulo de "Monseñor se desnuda" editado por "Liber Factory", con sus 338 páginas.

El Papado, la Curia, el Cónclave, el Colegio Cardenalicio, el celibato eclesiástico, el ecumenismo, los seminarios, las canonizaciones, el matrimonio... son temas-ejes y vectores que sugieren los pasos a seguir por los vericuetos misteriosos y arcanos, de los diversos dicasterios, órganos, organismos, burocracias, Congregaciones, Secretarías, Subsecretarías, prelaturas, Comisiones, Oficios Santos -y no tan santos- , denuncias y delaciones, leyes procesales, diplomacias y maquinaciones... que configuran parte importante -principal, para algunos- de lo que fue y es la Iglesia - institución, de la que es justo y elemental asegurar que cualquier semejanza con el esquema esbozado por Jesús en su vida y en su evangelio, no pasaría de ser "pura coincidencia".

Adelanto que el libro de Celso marca un "antes" y un "después" en relación con el conocimiento de realidades eclesiásticas fundamentales en su concepción burocrática, propia también de su condición de Estados Pontificios, uno más de los 206 países libres e independientes que configuran el mapa político en la actualidad.

Desvelar secretos y abrir de par en par las puertas para que todo el conjunto se ventile y la luz de la transparencia se abra paso en las tenebrosidades con reduplicativas semejanzas a las "cuevas de ladrones", a tenor del lenguaje franciscano, es un atrevimiento que con bíblica seguridad provocará insomnios y hasta dolores de cabeza, pero que reavivará la condición de vigilancia, atención y cuidado -"vigías", es decir, "epíscopos"- en los responsables jerárquicos y en todos los miembros del pueblo de Dios.

Sin paliativos "misericordiosos", y con la verdad por delante, avalada por testimonios de vida, orales y escritos, es obligado advertir que el libro de Celso Alcaina constituirá para muchos un monumental escándalo. A otros, -muchos también-, su lectura les aportará las razones que precisan para que su fe verdadera se sustente y reafirme, al margen de ritualismos paganos y arcaicos, así como de misterios difusos y enredados entre los sutiles argumentos, a veces, hasta apodados "dogmáticos", que ocultaban y santificaban leyes, decisiones y comportamientos, no solo anticristianos, sino hasta deshonestos y antihumanos.

Para los obispos y para todos los que de alguna manera viven "en" la Iglesia, y más los que lo hacen "de" la Iglesia, "Roma Veduta" es manual de inexcusable lectura. También lo es para quienes estén a punto de exiliarse, o de que sean exiliados, de la Iglesia.

Con este libro de Alcaina no se pierde la fe. Esta se profundiza y se hace consciente. Sobre todo, se desvelan razones suficientes para convencerse de que la elección del Papa Francisco fue y es una gracia de Dios, cuya valoración contribuirán a ponderar con certera y salvadora aproximación, que quienes, pese a todo y a casi a todos, siguen confiando en esta Iglesia -Vaticano, por más señas- de cuyas informaciones y "misiones" dan fe certera y lastimosa capítulos de "Monseñor se desnuda", prescindiendo de capisayos y protocolos, pero con firmeza aferrado a convicciones cabalmente religiosas.

Presiento que determinados apartados y temas expuestos en el libro de Celso tendrán que ser leídos, releídos y meditados de rodillas y con propósitos de enmienda. Con lágrimas y arrepentimientos. Devotos y eficaces. Todos somos, o hemos sido, culpables, aunque unos más que otros.

El tema de las canonizaciones es bochornoso. Hay santos, cuyas beatificaciones-canonizaciones claman al cielo. Menos mal, por citar un ejemplo, que, por fin, no tenemos que invocar en las letanías a la "Beata Evita de Perón, ora pro nobis". El del "carrerismo eclesiástico, sus protagonistas y medios y métodos para progresar en la institución", es lastimoso. De cuanto se relaciona con el celibato, por activa o por pasiva, es preferible "no meneallo". Ya lo harán -lo hacen- los tribunales y los psiquiatras. Del dinero es mejor no hablar. Ni del Opus Dei. Tampoco de cuanto es y significa la mujer en la Iglesia y fuera de ella.

¿Qué tal van las gestiones ya iniciadas para que los Estados Pontificios se integren en el Estado de Italia? ¿Cómo fue posible, y explicable, la "educastración" teológico-pastoral -"teólogos en pelotas o amordazados"-, a la que fueron sometidos tantos, tan santos y tan buenos pensadores, con sus cátedras y emolumentos?

¿A quién o a quiénes, se les debe la idea y la redacción de importantes y discutidas encíclicas pontificias? ¿Cómo se explican las beatificaciones-canonizaciones de los Papas, sin que no se piense a la vez en una especie de "nepotismo" ilustrado e interesado? ¿Milagros imposibles o pueriles? ¿Revelaciones divinas imposibles a niños y a niñas? ¿Cómo, quién y quiénes suplieron el déficit de dinero que le supuso al Vaticano la muerte del norteamericano cardenal Speelman? ¿Se tuvo, y se tiene, conocimiento de las verdaderas dimensiones de cuanto se relaciona con la pederastia, con capisayos o sin ellos? ¿Cómo encajar, por ejemplo, el juicio "oficial" que el Cardenal Seper, entonces Prefecto de la Congregación respectiva, efectuó sobre el venerable don Álvaro del Portillo aseverando que "huele a polilla, algo así como un armario que se abre después de muchos años de estar cerrado"?

¡Por favor, Celso, esperamos otros libros tuyos, con el fin de que nuestra fe se enraíce en la verdad y resulte ser más -mucho más- religiosa! Gracias.

 

Antonio Aradillas

Religión Digital

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