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VIVIR EL EVANGELIO

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El mundo nada puede contra el hombre que canta en la miseria (Ernesto Sábato)

30 de julio. Domingo XVII del TO

Mt 13, 44-52

El reinado de Dios se parece a un tesoro escondido en un campo: lo descubre un hombre, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, vende todas sus posesiones para comprar aquel campo

Con la parábola del tesoro escondido, Jesús quiere mostrarnos que en el campo de la vida existen fortunas que no todo el mundo logra encontrar. Los buscadores de la tierra mítica “El Dorado” preguntaban siempre dónde se encontraba, y escuchaban siempre la misma vacua respuesta: “Más allá”, y nunca la alcanzaban. Para nosotros, Jesús es “El Dorado”, la perla de gran valor que encontró el comerciante.

A lo largo de la historia de la ética se ha puesto el constitutivo del valor moral en muy diversos aspectos: los epicúreos en el placer; los estoicos en la ataraxia; Aristóteles en la felicidad; Kant en el deber: Spencer en el altruismo; Sartre en la libertad. Para los cristianos encuentra su máxima expresión en la vivencia del mandamiento del amor: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, de Lc 10, 27.

Las tres parábolas recogidas hoy por el evangelista –del tesoro escondido, de la perla de gran valor y de la red– tienen que ver con valores externos a la persona. Sin duda son importantes, aunque los más trascendentales son los internos.  En su obra Dios, –un Dios interior, el exterior ajeno a nosotros nos sirve de muy poco– editorial Sirio 2013, Emilio Carrillo, recordando palabras del místico universal Ibn Mansur Al-Hallaj (857-922), lo manifiesta de este modo: “Tal como llena mi interior, Cristo Jesús es la prueba más evidente de Dios en nosotros, en cada uno; la manifestación más clara y potente de que Dios es yo y yo soy Dios cuando ceso de ser “yo”. Por esto hago mío lo expresado por Pablo de Tarso (Gálatas 2, 20): “Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí”.  Ese Dios que está en mí y me hace Él y yo le hago. Y en este caso, me parece a mí, y más allá de lo que dice este autor, sin dejar de ser yo, sino por serlo.

Como hizo Jesús, nuestra vida debe estar presente en cualquier tarea humana y en cualquier lugar donde haya que dar testimonio o se forje el futuro de la sociedad en que vivimos. En Zacarías 14, 16 se lee: “Y sucederá que todo sobreviviente de las naciones que fueron contra Jerusalén subirán de año en año para adorar al Rey, Señor de los ejércitos, y para celebrar la fiesta de los Tabernáculos. Un anunciar y un vivir el Evangelio, que nos hace hombres nuevos, respondiendo a las aspiraciones más profundas de todo ser humano. A quienes lo hacen se les puede aplicar la parábola del hombre prudente que construyó su casa sobre roca. A pesar de las lluvias que cayeron y el azote de los vientos (Mt 7, 24-25).

El novelista argentino Ernesto Sábato (1911-2011) “El mundo nada puede contra el hombre que canta en la miseria”. Lucas abre su evangelio con un anuncio claro de alegría: “el dixit illis ángelus nolite timere ecce enim evangelizo vobis gaudium” (Lc 2, 10). Y Juan dice al final del suyo con un: “Os he dicho estas palabras para que mi alegría esté dentro de vosotros, y vuestra alegría sea completa” (Jn 15, 11).

Santa Teresita de Lisieux recogió el encargo de Jesús y lo aplicó de esta manera:

“¡Oh cuántas almas hay en la tierra
que andan en vano en busca de la dicha!
En cuanto a mí, mi caso es el contrario:
en mi interior yo encuentro la alegría.
Mi alegría no es algo pasajero,
pues que yo la poseo de por vida;
como rosa que se abre a la mañana,
me sonríe sin quiebra día a día”.

En el anteriormente citado libro Dios, el autor nos deja un original Padrenuestro en el que se resaltan las profundas razones que tenemos para “Vivir el Evangelio”.

PADRE NUESTRO

Padre Nuestro, Vacío-Amor, Eterno,
Esencia de todas las formas,
Expresión del Ser Evolutivo del todo.
Santificado sea tu Nombre.
Venga a nosotros la conciencia plena de lo que Somos:
Tú, en las formas humanas del libre albedrío.
Hágase en nosotros la Conciencia de Unicidad sin dualismos:
Aceptación y Amor de lo que Es, de lo que Acontece.
El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy:
El Amor a todos y a todo.
Y que en Amor aprendamos de nuestras experiencias
y aceptemos nuestro proceso y el de los otros.
Líbanos de confundir la Esencia Eterna
con las formas perecederas.
Amén.

 

Vicente Martínez

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