comentario editorial

 

“Lo que cuenta en una Orquesta es la pasión y la manera de tocar” (Claudio Abbado)

27 de mayo, domingo Festividad de la Santísima Trinidad

Mt 18, 16-20

Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes

Pablo de Tarso, infatigable viajero, nos advierte en su Epístola a los Colosenses 2, 8: “Mirad que ninguno os engañe por filosofías y vanas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los elementos del mundo, y no según Cristo”. Afirmación paulina en la que se constata aquello de que el dios trinitario es producto de la descomposición religiosa y moral que, siglos antes, se produjo en Babilonia la ramera. Juan, en el Apocalipsis, cuando fue llevado por el Espíritu al desierto dice que vio a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia. Y en 5, 17 señala: “En su frente un nombre escrito, un misterio: Babilonia la Grande, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra”.

Está claro que la Trinidad es una idea de orígenes paganos que se introdujo en la Cristiandad durante un largo proceso de apostasía que llegó a su clímax en el s, IV. Dicho término -trinitario- fue un invento de Tertuliano a principios del s.III, aunque definiéndolo como una unidad y una sustancia. Este concepto pagano trinitario era parte de la creencia y vida religiosa de Platón (428-347 aC.) que, aunque no enseñaba la Trinidad, su modo de pensar acerca de Dios y de la naturaleza influyeron profundamente para que sus seguidores enseñaran estas creencias en el mundo de aquel entonces. Sus filosofías prepararon el camino para la doctrina trinitaria en nuestros días.

La semana pasada tuve la oportunidad de visitar las hermosas pinturas de Cristo Pantocrator en los ábsides de varias iglesias medievales. El de la catedral de Cefalú, el rostro de Jesús era sereno, y su mirada plácida. Los brazos abiertos, acogedores. Con su mano izquierda sosteniendo una Biblia. La mano derecha levantada, en acto de bendición. Nuestra simpática guía siciliana dio ésta para sorprendente interpretación: los tres dedos -pulgar, anular y meñique-, apoyados sobre la palma de la mano, significan la Trinidad, y los índice y corazón, la divinidad humana y divina de Jesús. Nuestros Pantocrator -el del ábside de San Clemente de Tahull, por ejemplo, y aunque con rostro más serio- expresan los mismos gestos.

La mitología, como es de suponer, ha dicho cosas interesantes sobre el tema trinitario. El británico Alan Watts (1915-19739, sacerdote anglicano y filósofo, escribe en su obra Religiones y Mitos: “El concepto sobre la tríada de dioses, proclamaba la existencia de una diosa Madre dominando los cielos, el dios Padre dominando la tierra, y el dios Hijo dominando los mares”. El poeta romano Marco Anneo Lucano (39-65) de origen español, menciona en su poema épico Farsalia tres divinidades célticas: Teutatea, Tarán y Esus. De la religión mistérica del dios Mitra, muy extendida entre los romanos, se sostenía que el Empíreo se sustentaba por medio de tres inteligencias: Ormuz, Mitra y Mitras.

La formulación de un solo Dios en tres personas no quedó firmemente establecida, como tampoco fue asimilada por completo en la vida cristiana ni su confesión de fe antes del s. IV de nuestra era. Entre los Padres Apostólicos -los que tuvieron algún contacto con los Apóstoles- no había existido nada, ni siquiera remotamente, que se aproximara a tal perspectiva. Fue en el Concilio de Nicea (381) donde se proclamó dogma de fe.

Te invito, Agustín -¿Puedo acompañarte también yo? Soy Vicente- a ver al niño soñar con meter en su hoyito de la playa con un cubo introduciendo en él el agua de todos los océanos. ¡¡Qué locura!! Exclamó con sensatez tu madre Mónica, asustada. Yo repito: ¡¡Qué locura!! Y tú, Platón, quieres darle al de Hipona razones que justifiquen tal desatino? Al norteafricano le vino a la memoria otra locura, la del ingeniero y matemático Arquímedes: “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”. Todos exclamamos con él a voz en grito “¡¡Eureka!!” Y se fue resonando el milagro trinitario, quizás también haciendo discípulos a todas las gentes, como dice Mateo en 18, 19.

El director de orquesta Claudio Abbado (1933-2014) decía que “Lo que cuenta en una Orquesta es la pasión y la manera de tocar”. Pasión y manera de hacer las cosas, es lo que en el fondo ayuda a que el mundo se mueva, y con él mundo, nosotros.

Juan Ramón Jiménez (1881-1958) nos invita a deshojar el evangelio de este domingo, y hacer que horizontes y mares se colmen con su esencia de amor, de música y pasión.

 

TE DESHOJÉ COMO UNA ROSA

Te deshojé, como una rosa, 
para verte tu alma, 
y no la vi. 

Mas todo en torno 
-horizontes de tierras y de mares-, 
todo, hasta el infinito, 
se colmó de una esencia 
inmensa y viva.

 

Vicente Martínez

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