comentario editorial

 

Los amantes no se encuentran en ningún lugar. Se encuentran el uno al otro todo el tiempo (Rumi)

21 de enero. Domingo III del TO

Mc 1, 14-20

Al punto, dejando las redes le siguieron

Como modelos de conversión se nos presenta a Simón, Andrés, Santiago y Juan, que dejaron lo que era su seguridad –sus barcas, sus redes–  y se arriesgaron a seguir a Jesús. Y en él descubrieron –sobre todo Juan, el “águila de Patmos” que no caminaba al paso de su tiempo, que era un adelantado en el descubrimiento y conquista de nuevas tierras. ¡Cómo no habría de serlo! El Evangelio, un embarazo de treinta años, un Steinway en cuyo teclado interpretó magistralmente sus mejores composiciones: “La parábola de la oveja perdida” (Lc 15, 4-7), “El amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 23, 39), “Yo tampoco te condeno: vete y no peques más” (Juan 8, 11) etc., etc.

En el cuadro del holandés Johannes Vermeer (1632-1675) El geógrafo, el protagonista –comenta Cristophe André en El arte de la felicidadlevanta la cabeza, la luz se refleja en su frente permitiendo que su mirada se evada más allá de la ventana. Ya ha reflexionado bastante. Abriga el presentimiento de que ya no le bastan para la búsqueda la ciencia, el trabajo y la inteligencia. Comprende que ahora debe permitir que le sobrevenga algo que pertenece al plano de la intuición o de la emoción. Adivina que la solución a esa cuestión que le atormenta no se encuentra en el exterior de sí mismo, en los mapas, en los globos, en la punta del compás, sino en su interior.

Jesús es nuestro geógrafo particular, que nos invita a recorrer su camino; una autopista con múltiples vías, abiertas a las pretensiones de cada conductor, de cada vehículo. Puede dar opción a elegir caminos en el exterior de ella, o a encontrar el personal de uno mismo. A veces está ahí expectante, para abrirnos una nueva vía por si alguna vez queremos transitarla: "¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: «Ya reina tu Dios!»" (Is 52, 7)

Hay quienes viajan indefinidamente huyendo de sí mismos, y se pierden en desiertos de arenas movedizas; en ningún lugar, como canta Rumi. ¿Ignoran que los amantes se encuentran el uno al otro todo el tiempo? Y con los demás, por supuesto, y consigo. Quizá ha llegado el momento de despertar a la vida, de darle verdadero significado, de jugar a ganar y no a no perder, de encontrarse realmente con uno mismo”, han escrito en un artículo Olga Fariña y Antonio Pablo García.

“Al punto, dejando las redes le siguieron”, dice el evangelista en 1, 18. Como el delfín de nuestro Poema de hoy, posiblemente también ellos hubieron de bajar luego al fondo del mar para entender cuanto Jesús les quiso decir con su invitación a ser pescadores de hombres. Apenas media docena de vocablos claramente expresados, sin los circunloquios en los que han enredado nuestro simple y llano pensamiento centenares de nebulosas divagaciones y arrecifes peligrosos. En el Evangelio, la letra ha sido sofocada por la melodía repleta de florituras, que acaba en indigesta. En la salmodia gregoriana, la música no tiene otra función que expresar lo que surge de las palabras, las cuales jamás son asfixiadas por las notas ni acostumbran a alargar el espectáculo en exceso. Resulta difícil prolongar la frase “te amo”, por ejemplo, con cien notas cuando la naturaleza las ha limitado a dos.

Esta lacónica invitación de Jesús amorosamente salida del corazón “Venid conmigo”, hizo que Simón y su hermano Andrés dejaran inmediatamente las redes y le siguieran.

¿En qué caminos? Posiblemente en todos, aunque sobre todo en los que recorren la geografía interior de cada persona: Los amantes no se encuentran en ningún lugar. Se encuentran el uno al otro todo el tiempo, dice Rumi.

 

SINTOMATOLOGÍA DE UN DIVORCIO

“Sintomatología de un divorcio”,
pronosticaba el protocolo.

Yo no podía entenderlo.
¡Matrimonial ruptura del alma con el alma!
-“Doctor, acláreme el secreto”.

No había nadie ni nada ya en consulta.
Lo blanco se hizo negro.

Llegó un delfín color de rosa
y con un gesto,
-“Ven al fondo del mar”, me dijo.
…………………..
Allí empecé a entenderlo.

(EN HIERRO Y EN PALABRAS. Ediciones Feadulta)

 

Vicente Martínez