comentario editorial

 

¿Podrán los que acogemos día tras día hallar en nosotros a hombres que son reflejo de Cristo, nuestra paz? (Hermano Roger de Taizé)

2 de Julio. XIII domingo del TO

Mt 10, 37-42

Quien os recibe a vosotros a mí me recibe; quien me recibe a mí recibe al que me envió

La acogida cordial de los enviados por Dios para llevar su palabra profetas, apóstoles aparecen en la primera lectura de hoy y en el Evangelio. Dios premia esa acogida (el hijo de la sunamita: “Ese que viene siempre por casa es un santo hombre de Dios. Si te parece, le haremos en la azotea una pequeña habitación” (2 Re 4, 9-10), y el que recibe a los discípulos enviados por Cristo recibe a Cristo mismo, y el que recibe a Cristo recibe al Padre que lo ha enviado y tendrá su premio (Mt 10, 40). Acojamos bien, pues, a cuantos pasan por nuestra vida sembrando la fructífera semilla del Evangelio.

El ex-benedictino, místico y maestro zen, Willigis Jäger, escribió en su obra Adónde nos lleva nuestro anhelo: la mística del siglo XXI que la mayoría de la gente pierde la ocasión de crecer y madurar como persona, prefiriendo quedarse estancada en sus viejos patrones doctrinales. Este texto trae a mi memoria la experiencia personal vivida hace algún tiempo. Era una tarde en la que los rayos del sol caían como losas sobre mis espaldas en el campo. Busqué el alivio del frescor de las sombras en el bosque también allí el aire era sofocante y me tumbé bocarriba sobre el césped. Soñé que mi cuerpo dolorido estaba yerto, mis párpados cerrados y sin poder decir palabra con mis labios. Incapaz de levantar los brazos y de alcanzar la madurez como persona, que Jäger con tanto celo proponía.

El término acogida hace referencia, tanto a dar hospitalidad como a aceptar la palabra proclamada por Jesús y sus discípulos en el Evangelio. En realidad, como dice Pedro Olalde en su libro Palabra interpelante, estamos hablando de las personas que valoran la dimensión profunda de la vida, en la que el amor, la solidaridad, la verdad, los pobres, son asumidos y vividos desde el interior.

El suizo Hermano Roger, un modelo de acogida a refugiados que escapaban de la Primera guerra mundial inició tan evangélica tarea junto con su hermana Geneviève. En 1944 se le unen los primeros hermanos, y fundan la Comunidad de Taizé. Su propósito: hacer de la Tierra un lugar más habitable.

La misión de todos estos mensajeros es hacer a Jesús, su Mentor y Maestro, presente entre los hombres. En Mateo 10, 40, el propio Jesús sale garante de tan merecida recompensa: “Entonces el rey dirá: Venid benditos de mi Padre a heredar el reino preparado para vosotros… Porque tuve hambre y me disteis de comer… era inmigrante y me acogisteis...”

En nuestro Poema de hoy queremos un despertar del sueño Apostólico y Romano, y queremos que suene la voz de la regeneración de nuestra fe e Iglesia, al grito de: ¡¡¡Océano Católico a la vista…!!!

“Jesús respondió: Id a informar a Juan de lo que oís y veis: ciegos recobran la vista, cojos caminan, leprosos quedan limpios, sordos oyen, muertos resucitan, pobres reciben la Buena Noticia” (Mt 11, 4-5)

 

MAESTRO DE OFICIOS HUMANITARIOS

Un día decidiste,
con una visión trascendental del mundo,
convertirte en Maestro
de Oficios Humanitarios.

Manualidades de cuerpo y alma
tallando y torneando hombres.

Y, entre tanto,
la barca de Pedro –y nosotros en ella–
erre que erre a golpe de remo
en el aldeano Lago Tiberíades,
como si nada
hubiera ocurrido en veinte siglos.

Que en el puente de mando despertemos
del sueño Apostólico y Romano,
y suene la voz de...

¡¡¡Océano Católico a la vista…!!!

(Evangélico Cuarteto. Ediciones Feadulta)

 

Vicente Martínez