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(Resúmenes de prensa)

El dinero de la fiesta y de los regalos, destinado a un proyecto infantil de mensajeros de la paz en Benin.

Arzobispo de Madrid: "Deseamos para Diego el camino de la cultura del encuentro y del vivir por amor"

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El cardenal Osoro bautiza a Diego

Un bautizo especial, para un bebé especial, en un sitio especial. El cardenal Osoro presidió ayer, acompañado por el Padre Ángel y por el Padre Valentín, el bautizo de Diego, el hijo de Jesús Bastante y Mercedes Pacheco, en la iglesia de San Antón. "El bebé milagro", como lo llamó su padre. Quizás por tan esperado, más deseado y más querido.

Felices los padres, rodeados de sus familiares y amigos, con la felicidad de los grandes momentos reflejada en sus rostros. "Bienvenidos a este sencilla ceremonia. Estamos felices de compartir con todos vosotros y con la Iglesia la entrada oficial de Diego en el círculo de los seguidores de Jesús", decía el padre, en el saludo inicial. Y explicaba, ya desde el principio, que habían querido colorear las aguas bautismales de su hijo con el aroma de la solidaridad y de la ayuda a los más pobres.

Para conseguirlo, los padres pagaron y sirvieron ayer el desayuno de los sintecho de San Antón y, además, abrieron una cuenta, para que el dinero de la fiesta y de los regalos de los invitados vaya directamente a los niños desfavorecidos de Benin, a través de uno de los proyectos que gestiona Mensajeros de la Paz en el país africano. Si el compartir se mama en familia, el pequeño Diego ya comienza a caminar con el compromiso en el alma.

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Diego en brazos de su padre

Antes del bautismo propiamente dicho, el cardenal Osoro, en una breve alocución, quiso dejar claras tres cosas, tras la lectura del pasaje de la Epifanía. La primera, que los Reyes Magos representan a todos los seres humanos, que "buscan un rey, pero no para que los esclavice, sino para que les guíe por la senda del servicio a los demás, buscando orientación a sus vidas".

La segunda idea que quiso subrayar el arzobispo madrileño es que "el camino de la vida está repleto, a veces, de dificultades o de Herodes". Y la tercera, que los Magos llegaron a un lugar pobre y alejado y allí "descubrieron a un Niño que llenó sus corazones y, después, se fueron felices por otro camino".

Para el cardenal, "el encuentro con Jesús nos lleva a tomar en la vida otro camino distinto. Es el camino que deseamos para Diego: el camino de la cultura del encuentro y del vivir por amor".

Osoro también subrayó, recordando la insistencia del Papa Francisco, la importancia que tiene el bautismo para los creyentes, no en vano es una de las fechas más importantes en la vida de las personas. Y, precisamente, por eso, no se le puede negar a nadie.

El bautismo "rompe con la lógica de los hombres y nos introduce en la de Dios". Y añadió: "Hoy, a Diego, le regalamos la vida de Dios, para que entre en el camino de la paz y del compromiso, porque ser cristiano es encontrarse con Cristo".

Como mandan los cánones, Diego rompió a llorar, cuando el cardenal derramó el agua del bautismo sobre su cabecita. Como aceptando el reto. Al lado del gran cuenco de cerámica, que hacía las veces de pila bautismal, había un cáliz, cuyo secreto solo sabía la familia y que, antes de concluir la ceremonia, monseñor Osoro desveló para todos.

El cáliz fue el que utilizó en su primera misa, el "abuelo paterno de Diego, que fue sacerdote y, después, creó una familia, y nos estará mirando complacido desde el cielo". Y Diego entró a formar parte de los seguidores de Jesús, en la Iglesia de la que su abuelo fue sacerdote in eternum.

A pesar de que Diego es madrileño, el bautismo terminó como terminan todas las ceremonias importantes en San Antón: con el himno a la Virgen de Covadonga. Y el cardenal Osoro, que lo conoce perfectamente por haber sido arzobispo de Oviedo, se lució cantándolo, acompañado de un coro de cámara.

 

José Manuel Vidal, Religión Digital, 13 de enero de 2019.