Tema 1:
Después del exclusivismo...
(Relectura
pluralista del cristianismo)
Objetivo:
Concienciar y
asumir la «relectura pluralista de la fe cristiana»,
que aunque está en curso todavía, ya es
frecuentemente afirmada por no pocos.
Desarrollo del
tema:
El mundo ha cambiado rápidamente en los últimos tiempos. La movilidad
humana, los trasportes, las comunicaciones, las
migraciones... han roto y hecho desaparecer aquellas
sociedades aisladas de la antigüedad, en las que los
seres humanos vivían en ambientes homogéneos y
estables, dominados por una sola cultura y sin
perspectivas de cambio. Hoy la sociedad, por todas
partes, se ha hecho pluricultural, plurirreligiosa,
y en efervescencia, en cambio constante.
Esto ha afectado fuertemente a la vivencia de la religión en Europa.
Durante milenio y medio, Europa fue casi
exclusivamente cristiana, y el cristianismo se
impuso como la única religión verdadera, frente a la
cual las otras eran consideradas falsas, o
inferiores, o inexistentes.
La mayor parte de los europeos fuimos educados en la certeza de creer
en la religión verdadera, la única religión
verdadera, que lo era por haber sido traída a este
mundo por el mismo «Dios en persona», Dios mismo en
la persona de su Hijo, Jesucristo.
La raza blanca, la cultura occidental, era la depositaria de la Verdad
revelada por Dios, y por eso mismo, tenía sobre sí
la misión de llevar esa verdad salvadora a los
pueblos que no habían tenido el privilegio que
Europa disfrutaba. Los cristianos eran el Pueblo
elegido por Dios para llevar la salvación a otros
pueblos...
La experiencia actual de pluralismo cultural y religioso ha hecho
saltar esta visión clásica religiosa. Conociendo
otras religiones y otras culturas, ya no nos es
posible creer de la misma manera. Se nos hace
evidente que la religión cristiana no es la única,
«la religión verdadera», sino una religión más, una
de las muchas religiones verdaderas.
También se nos hace inverosímil pensar que seamos el pueblo escogido,
el privilegiado frente a todos los demás: esa
elección, ese privilegio, hoy nos parecería una
injusticia, y un Dios que favoreciera a un pueblo
sobre todos los demás nos parecería indigno de ser
Dios.
Aquella visión exclusivista, típica del cristianismo tradicional, nos
parece hoy no sólo insostenible, sino lamentable, y
nos causa vergüenza haberla vivido durante tantos
siglos.
Afortunadamente hoy estamos en los antípodas de aquella visión, y ya no
podríamos creer de aquella manera. Hoy nos sentimos
humildemente «una religión más», y nos sentimos
felices de saber que hay tantas otras en el mundo,
que forman un admirable concierto de creatividad
humana. Nos deja admirados la variedad de
religiones, sus ancestrales sabidurías, la riqueza
de sus mitos y de sus códigos éticos... Nos gozamos
y exultamos ante la visión de este inconmensurable
pluralismo religioso.
No estamos decepcionados ni nos sentimos engañados: sabemos que el
planteamiento exclusivista no fue algo propio del
cristianismo, sino que es un mecanismo espontáneo
que se ha dado en la mayor parte de los pueblos y
religiones que han vivido aislados, y chupando todo
el mapa de su sociedad. Hoy nos sentimos felices de
haber superado aquella visión, y creemos que esta
superación no es un paso facultativo u opcional,
sino un salto de conciencia que, de una manera u
otra, todas las religiones deberán realizar para
estar a la altura del futuro humano que viene.
Nos sentimos más allá del «inclusivismo» oficial, que sigue manteniendo
un oculto exclusivismo, ya que aunque por una parte
reconoce que las demás religiones tienen valores,
sostiene por otra que esos valores no son sino
participación de los valores únicos de la religión
propia, que sigue siendo superior.
Nosotros no sentimos que nuestra religión sea la única, ni la mejor, ni
la que sería fuente y norma de las demás, sino de
una religión que, como todas las demás, tiene –aun
con toda su enorme riqueza- sus limitaciones, es a
la vez muy humana, tiene mucho de que purificarse, y
tiene mucho que aprender y mucho con lo que
enriquecerse en su relación y diálogo con las otras
religiones.
Uno de los principales cambios que se derivan de esta nueva visión es
la del fin del proselitismo: no nos sentimos en
grado de imponer nuestra religión, ni siquiera de
hacer proselitismo, mucho menos de denigrar otras
religiones o de querer combatirlas. Estamos
convencidos de que la mutua aceptación y el diálogo,
la complementariedad y el mutuo enriquecimiento es y
ha de ser la nueva forma de creer en el otro mundo
posible.
Preguntas para
el diálogo:
1ª ¿En qué estás
de acuerdo o en desacuerdo con este planteamiento
que se hace del pluralismo religioso? Explica en
pocas palabras tu postura.
2ª ¿Cuál es en
este campo la diferencia fundamental en el modo de
creer antiguo y el actual?
3ª ¿Se puede
seguir siendo cristiano compartiendo a la vez los
valores que ofrecen las otras religiones?
Bibliografía
sobre Teología del pluralismo religioso:
http://www.latinoamericana.org/2003/textos/bibliografiapluralismo.htm
KNITTER, Paul,
The
Myth of Religious Superiority. A Multifaith
Exploration,
Orbis Books, Maryknoll 2005, 256 pp.
PANIKKAR, R., The Intrareligious Dialogue,
New York, 1978.
TORRES QUEIRUGA,
Andrés, Diálogo de las religiones y
autocomprensión cristiana, Sa Terrae, Santander
2005.
VIGIL, José María,
Teología del pluralismo religioso. Curso
sistemático de teología popular, El Almendro,
Córdoba 2005.