Tema 4:
Vivir en plenitud
(Espiritualidad laica en el otro mundo posible)
Objetivo
Lograr una reconceptuación de la espiritualidad más allá de
las limitaciones lingüísticas, redescubriéndola como
plenitud del ser y de la vida, y encontrar sus
rasgos esenciales en el «otro mundo posible» que
esperamos.
Desarrollo del
tema
«Espiritualidad» no es una palabra feliz. Lo que nosotros queremos
expresar con ella, en cuya búsqueda estamos, no se
refiere a lo «espiritual» en cuanto contrapuesto a
material, ni a carnal...
La palabra viene larvada con la herencia histórica de tiempos de
dualismos esquizofrénicos (materia-espíritu,
carne-espíritu, tierra-cielo, esta vida – la
otra...).
Si utilizamos la palabra es porque todavía no ha sido sustituida por
otra que haya alcanzado un consenso suficiente. Por
eso tendremos que acudir con frecuencia a rodeos, a
circunloquios.
Para la Europa que
ha vivido con intensidad las últimas oleadas vividas
sobre el trasfondo de nuestra larga y trabajada
historia, a la altura de los tiempos en los que nos
encontramos, se impone una distinción necesaria
entre religiones, religión y lo que provisionalmente
todavía llamamos espiritualidad.
Las «religiones»
son formaciones históricas, institucionalizadas, con
un cuerpo de doctrinas, símbolos, rituales, y
normalmente una jerarquía, que durante los últimos
5.000 años han dado cauce y expresión a esa
dimensión humana que tradicionalmente hemos llamado
espiritualidad.
Las religiones son
«de ayer», de apenas hace cinco mil años, frente a
los más de 100.000 años en los que hoy se tienen
documentados prácticas y comportamientos humanos que
evidencian la presencia de la dimensión espiritual.
Aparecieron aproximadamente con el neolítico, la
sedentarización del ser humano, la propiedad
privada, el patriarcalismo, la edad agraria... una
edad que precisamente hoy está desapareciendo, sobre
todo en Europa.
La «religión» sería esa tendencia espontánea del ser humano en
uno de los estratos de su desarrollo de conciencia
por la que necesita –con necesidad vital, interior,
muy espiritual y a la vez muy biológica- habérselas
y debatirse con un Ser superior, generalmente
protector frente a la angustia de la soledad y del
desamparo ante la naturaleza inhóspita, un «theos» o
ser sobrenatural que habita en un mundo superior
paralelo a éste, y que interviene poderosamente
sobre éste, con el que interesa tener buenas
relaciones no sólo interesadas, sino profundamente
afectivas «a lo divino», y que se expresa en:
La «espiritualidad»
sería esa capacidad profunda del ser humano por la
que capta dimensiones «últimas», más allá de la
realidad inmediata y de sus necesidades como animal
depredador que es, más allá de los intereses, en la
gratuidad, en la contemplación, en el amor... en el
«conocimiento silencioso» de los místicos.
Después de tanta
historia, continuamos siendo un misterio para
nosotros mismos. ¿Qué somos? ¿De dónde venimos? ¿A
dónde vamos? ¿Qué es esa religión y esa
espiritualidad que nos caracteriza? ¿Una «enfermedad
de la conciencia humana»? ¿Una necesidad biológica
disfrazada? ¿Una actividad cerebral dependiente de
unos fundamentos genéticos aún por descubrir?
El camino y la
búsqueda continúan abiertos. Lo que sopechamos en
Europa es que las religiones, en lo que
tienen de producto de la época agraria, tienen ya
sus días contados, y desaparecerán con esa misma
época agraria.
La religión,
como forma que la espiritualidad humana revistió en
la época de las religiones, caracterizada por una
concepción teísta de la realidad, sobre la base de
unas «creencias» asumidas como postulados de
interpretación del mundo, construidos por el ser
humano pero atribuidos a un «teos» omnipotente y
tonante, tiene también los días contados en cuanto
el ser humano ha perdido la ingenuidad
epistemológica y ha asumido adultamente que está
solo en el mundo y que no tiene por qué alienarse
proyectando hacia fuera de sí sus proyectos, su
moral y su necesidad de sentido.
Desde nuestro
punto de vista europeo sólo queda en pie la
posibilidad de una «espiritualidad más allá
de las religiones y más allá de la misma religión»,
una espiritualidad adulta, crítica, sin «creencias»,
sin mitos ni mitologías, consciente de que el ser
humano está solo y debe asumir su soledad, sin
engañarse, sin atribuir a un «teos» lo que es obra
suya y sin delegar en él nuestras responsabilidades.
Una espiritualidad
no sólo más allá de las religiones del tiempo
agrario, sino también más allá de la religión. Una
«espiritualidad sin religión», una «santidad
mundana» al decir del pastor Bonhoeffer, una
espiritualidad laica, no religiosa, más allá de las
religiones (post-religional) y de las Iglesias, más
honda que las confesiones, más a fondo que la
«religión» religiosa, una espiritualidad simplemente
humana, profundamente humana, plenamente humana,
humanamente plenificadora, que no sea otra cosa que
una forma de vivir en plenitud nuestra humanidad.
En esa
espiritualidad común humana es donde podremos
comulgar con toda la humanidad, con los hombres y
mujeres de todas las configuraciones espirituales,
apasionados por construir la vida y por hacerla
posible, por vivir en plenitud y construir «otro
mundo posible» en el que sea posible esa vida en
plenitud.
Dada nuestra referencia biográfica cristiana, cabría preguntarnos qué
será del cristianismo en medio del panorama de esa
espiritualidad laica»...A modo de mera sugerencia a
ser debatida, sin posibilidad de justificarla aquí
debidamente, diríamos lo siguiente.
Tal vez el
cristianismo, por este camino, se devolverá a sus
orígenes profundos, evolucionando hasta llegar a
convertirse en un:
·
jesuanismo,
en el sentido de recuperar la humanidad completa del
Jesús histórico;
·
macroecuménico, o sea, abierto a todas configuraciones espirituales posibles, incluso
a aquellas que eran tenidas como descalificadas
religiosamente;
·
pluralista,
o sea, habiendo abandonado el planteamiento
absolutista tanto del exclusivismo como de
inclusivismo, con una aceptación sincera y
consecuente del pluralismo, sin misión proselitista,
sin afán protagonista;
·
liberador,
es decir, siempre desde la perspectiva de los
pobres, de los pequeños, de los injusticiados, por
su liberación;
·
eco-espiritual, o sea, viviendo una plena comunión con todo lo que existe, con la
naturaleza, con la vida, con todos los seres, de
cuya comunidad universal formamos parte;
·
post-religional, más allá de las «religiones» de la época agraria;
·
posteísta,
superando y abandonando el mecanismo inmaduro de
imaginar la dimensión profunda de la realidad en
forma de «teos», como un ser sobrenatural que vive
en un mundo superior paralelo, evocado mediante
creencias...
Para el debate
en grupo
1ª ¿En qué te
muestras de acuerdo o en desacuerdo con el
planteamiento que se hace en este texto sobre la
espiritualidad laica?
2ª ¿Encuentras
suficientemente clara la distinción que se hace
entre religiones, religión y espiritualidad?
3ª ¿Podrías dar
una descripción aproximada de ese nuevo concepto de
espiritualidad? ¿En qué consiste, en definitiva,
esa espiritualidad para otro mundo posible?
Bibliografía
CORBÍ, Marià,
Los rasgos de una religiosidad viable en las nuevas
condiciones culturales de las sociedades
industriales,
http://servicioskoinonia.org/relat/352.htm
CORBIC, Arnaud,
Dietrich Bonhoeffer: Cristo, Señor de los
no-religiosos,
http://servicioskoinonia.org/relat/292.htm
BONHOEFFER,
Dietrich, El precio de la gracia, Sígueme,
Salamanca 1968