DOCUMENTO RED EUROPEA     

                             
                               cristianos siglo veintiuno
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Tema 4:

Vivir en plenitud

(Espiritualidad laica en el otro mundo posible)

 

 

Objetivo

 

Lograr una reconceptuación de la espiritualidad más allá de las limitaciones lingüísticas, redescubriéndola como plenitud del ser y de la vida, y encontrar sus rasgos esenciales en el «otro mundo posible» que esperamos.

 

 

Desarrollo del tema

 

«Espiritualidad» no es una palabra feliz. Lo que nosotros queremos expresar con ella, en cuya búsqueda estamos, no se refiere a lo «espiritual» en cuanto contrapuesto a material, ni a carnal...

 

La palabra viene larvada con la herencia histórica de tiempos de dualismos esquizofrénicos (materia-espíritu, carne-espíritu, tierra-cielo, esta vida – la otra...).

 

Si utilizamos la palabra es porque todavía no ha sido sustituida por otra que haya alcanzado un consenso suficiente. Por eso tendremos que acudir con frecuencia a rodeos, a circunloquios.

 

Para la Europa que ha vivido con intensidad las últimas oleadas vividas sobre el trasfondo de nuestra larga y trabajada historia, a la altura de los tiempos en los que nos encontramos, se impone una distinción necesaria entre religiones, religión y lo que provisionalmente todavía llamamos espiritualidad.

 

Las «religiones» son formaciones históricas, institucionalizadas, con un cuerpo de doctrinas, símbolos, rituales, y normalmente una jerarquía, que durante los últimos 5.000 años han dado cauce y expresión a esa dimensión humana que tradicionalmente hemos llamado espiritualidad.

 

Las religiones son «de ayer», de apenas hace cinco mil años, frente a los más de 100.000 años en los que hoy se tienen documentados prácticas y comportamientos humanos que evidencian la presencia de la dimensión espiritual. Aparecieron aproximadamente con el neolítico, la sedentarización del ser humano, la propiedad privada, el patriarcalismo, la edad agraria... una edad que precisamente hoy está desapareciendo, sobre todo en Europa.

 

La «religión» sería esa tendencia espontánea del ser humano en uno de los estratos de su desarrollo de conciencia por la que necesita –con necesidad vital, interior, muy espiritual y a la vez muy biológica- habérselas y debatirse con un Ser superior, generalmente protector frente a la angustia de la soledad y del desamparo ante la naturaleza inhóspita, un «theos» o ser sobrenatural que habita en un mundo superior paralelo a éste, y que interviene poderosamente sobre éste, con el que interesa tener buenas relaciones no sólo interesadas, sino profundamente afectivas «a lo divino», y que se expresa en:

 

La «espiritualidad» sería esa capacidad profunda del ser humano por la que capta dimensiones «últimas», más allá de la realidad inmediata y de sus necesidades como animal depredador que es, más allá de los intereses, en la gratuidad, en la contemplación, en el amor... en el «conocimiento silencioso» de los místicos.

 

Después de tanta historia, continuamos siendo un misterio para nosotros mismos. ¿Qué somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Qué es esa religión y esa espiritualidad que nos caracteriza? ¿Una «enfermedad de la conciencia humana»? ¿Una necesidad biológica disfrazada? ¿Una actividad cerebral dependiente de unos fundamentos genéticos aún por descubrir?

 

El camino y la búsqueda continúan abiertos. Lo que sopechamos en Europa es que las religiones, en lo que tienen de producto de la época agraria, tienen ya sus días contados, y desaparecerán con esa misma época agraria.

 

La religión, como forma que la espiritualidad humana revistió en la época de las religiones, caracterizada por una concepción teísta de la realidad, sobre la base de unas «creencias» asumidas como postulados de interpretación del mundo, construidos por el ser humano pero atribuidos a un «teos» omnipotente y tonante, tiene también los días contados en cuanto el ser humano ha perdido la ingenuidad epistemológica y ha asumido adultamente que está solo en el mundo y que no tiene por qué alienarse proyectando hacia fuera de sí sus proyectos, su moral y su necesidad de sentido.

 

Desde nuestro punto de vista europeo sólo queda en pie la posibilidad de una «espiritualidad más allá de las religiones y más allá de la misma religión», una espiritualidad adulta, crítica, sin «creencias», sin mitos ni mitologías, consciente de que el ser humano está solo y debe asumir su soledad, sin engañarse, sin atribuir a un «teos» lo que es obra suya y sin delegar en él nuestras responsabilidades.

 

Una espiritualidad no sólo más allá de las religiones del tiempo agrario, sino también más allá de la religión. Una «espiritualidad sin religión», una «santidad mundana» al decir del pastor Bonhoeffer, una espiritualidad laica, no religiosa, más allá de las religiones (post-religional) y de las Iglesias, más honda que las confesiones, más a fondo que la «religión» religiosa, una espiritualidad simplemente humana, profundamente humana, plenamente humana, humanamente plenificadora, que no sea otra cosa que una forma de vivir en plenitud nuestra humanidad.

 

En esa espiritualidad común humana es donde podremos comulgar con toda la humanidad, con los hombres y mujeres de todas las configuraciones espirituales, apasionados por construir la vida y por hacerla posible, por vivir en plenitud y construir «otro mundo posible» en el que sea posible esa vida en plenitud.

 

Dada nuestra referencia biográfica cristiana, cabría preguntarnos qué será del cristianismo en medio del panorama de esa espiritualidad laica»...A modo de mera sugerencia a ser debatida, sin posibilidad de justificarla aquí debidamente, diríamos lo siguiente.

 

Tal vez el cristianismo, por este camino, se devolverá a sus orígenes profundos, evolucionando hasta llegar a convertirse en un:

 

·        jesuanismo, en el sentido de recuperar la humanidad completa del Jesús histórico;

 

·        macroecuménico, o sea, abierto a todas configuraciones espirituales posibles, incluso a aquellas que eran tenidas como descalificadas religiosamente;

 

·        pluralista, o sea, habiendo abandonado el planteamiento absolutista tanto del exclusivismo como de inclusivismo, con una aceptación sincera y consecuente del pluralismo, sin misión proselitista, sin afán protagonista;

 

·        liberador, es decir, siempre desde la perspectiva de los pobres, de los pequeños, de los injusticiados, por su liberación;

 

·        eco-espiritual, o sea, viviendo una plena comunión con todo lo que existe, con la naturaleza, con la vida, con todos los seres, de cuya comunidad universal formamos parte;

 

·        post-religional, más allá de las «religiones» de la época agraria;

 

·        posteísta, superando y abandonando el mecanismo inmaduro de imaginar la dimensión profunda de la realidad en forma de  «teos», como un ser sobrenatural que vive en un mundo superior paralelo, evocado mediante creencias...

 

 

Para el debate en grupo

 

1ª ¿En qué te muestras de acuerdo o en desacuerdo con el planteamiento que se hace en este texto sobre la espiritualidad laica?

 

2ª ¿Encuentras suficientemente clara la distinción que se hace entre religiones, religión y espiritualidad?

 

3ª  ¿Podrías dar una descripción aproximada de ese nuevo concepto de espiritualidad? ¿En qué consiste, en definitiva, esa  espiritualidad para otro mundo posible?

 

 

Bibliografía

 

CORBÍ, Marià, Los rasgos de una religiosidad viable en las nuevas condiciones culturales de las sociedades industriales, http://servicioskoinonia.org/relat/352.htm

 

CORBIC, Arnaud, Dietrich Bonhoeffer: Cristo, Señor de los no-religiosos, http://servicioskoinonia.org/relat/292.htm

 

BONHOEFFER, Dietrich, El precio de la gracia, Sígueme, Salamanca 1968