Agradecimiento
Respuesta con cierto dolor
Seguiré con el comentario de las parábolas. Pero un amigo
desconocido me obliga a un paréntesis de una semana. El amigo se
llama Pepcastelló. Y lo hace desde la página
http://lahoradelgrillo.blogspot.com/
miércoles 9 de enero de 2008
Me encanta el lenguaje de este hombre. Me gusta lo que dice y
como lo dice. Me gustó ya cuando leí “La ingenuidad de Jesús”, y
me sigue gustando ahora que un amigo me ha pasado la dirección
de su blog y puedo leer a gusto. Sólo le encuentro un pequeño
inconveniente, y es que él es cristiano de corazón y de
pensamiento, y yo lo soy de corazón pero no de pensamiento.
Puede parecer solamente un detalle, pero no lo es, tiene más
importancia de la que parece.
Casi todo lo que dice en su blog lo encuentro razonable y muy
útil para quienes siguen profesando la fe cristiana. A mí me
hubiese ido muy bien oírlo o leerlo cuando todavía era creyente.
Me hubiese ahorrado un trastorno emocional importante, y
posiblemente hubiese agilizado el proceso mental que con el
tiempo he ido haciendo. Pero bueno, las cosas son como son. En
mi actual estado de conciencia, y a nivel colectivo en el mundo
actual, las discusiones teológicas me parecen intemporales. Y
por muy interesantes que desde una óptica religiosa puedan ser,
y útiles para quienes todavía creen, me traen inevitablemente a
la memoria la fábula de “los dos conejos”.
Pienso que el mundo es cada vez menos religioso, y que el
cristianismo no tiene ya mucho peso en él, por más que todavía
haga ruido. Y la verdad es que esto me preocupa. Me preocupa por
lo que escribí hace ya algún tiempo: «donde antes hubo los curas
ahora está el televisor, vamos de mal en peor». Me preocupa que
una realidad tan evidente le pase desapercibida al mundo
religioso, o lo que es peor, que aun viéndola siga empecinado en
un discurso y un lenguaje cada vez más incomprensible, referido
siempre a un Dios en el que ya casi nadie cree. Me preocupa este
atasco mental de orden operativo, y no veo que la teología de
avanzada pueda servirle de mucho al mundo, por más que se oponga
a la de los teocons vaticanos y otros fanáticos y fariseos. El
mundo no se rige ya por el pensamiento religioso. Las creencias
que cada cual profesa no determinan su forma de vivir. Ésta se
la impone el sistema. Y con ella nos impone el pensamiento. «Dime como vives y te diré como piensas».
No obstante, bienvenido sea todo cuanto sirva para hacer pensar
y liberar de esclavitudes a las mentes. Bueno es disparar
andanadas contra los muros del inmovilismo. Algo se habrá ganado
si se abre alguna brecha. Si más no a nivel personal. Pero
también en el colectivo, porque cuanto más razonada tengan su fe
las personas creyentes menos manipulables serán por quienes de
la religión hacen su modus vivendi, su peana para encumbrarse. Y
en último extremo, siempre es mejor un pensamiento religioso
razonable que la bobaliconería sumisa y supersticiosa que me
predicaron a mí de niño y que todavía profesa mucha gente.
O sea que de todo corazón, ahora que he dicho ya en voz alta lo
que me va por dentro, os animo a que entréis en esta interesante
página web que es feadulta, y que además de leer en ella
cuanto os plazca paséis al blog de Luís Alemán.
Ahí va el enlace.
http://www.feadulta.com/
Que lo gocéis.
Pepcastelló
Necesariamente tengo que agradecer a Pepcastelló sus opiniones.
Además lo hace con un estilo mucho mejor al que yo pudiera
tener.
Pero en cierto sentido, solo en cierto sentido, el hecho de que
una persona tan sensata y de tanto nivel haya tenido que
abandonar la fe como afirma, me escuece. Y digo en cierto
sentido porque la fe, que dice no tener, ya ha producido en
él su cometido. Así lo pienso.
La fe no está hecha para salvarnos en la otra vida. En la otra
vida, -para los que creemos en Jesús- nos salvará el haber
descubierto que los hombres eran nuestros hermanos y como tales
los tratamos. Allí comprenderemos, -eso creemos- cómo Dios
estaba en el otro. Y el que actúe así aquí, tendrá vida allí.
Aunque ahora no lo vea. Es decir, aunque ahora no tenga fe: no
vea ni acepte a Dios, pero sí ve y acepta al hombre como
hermano.
La fe ahora es necesaria para sufrir menos; para no perder la
esperanza. Es tan puñetera esta vida que, a veces, es
imprescindible contar con la fe. Y esto ocurre cuando se tiene
hambre, oscuridad, aburrimiento vital. O cuando se oyen las
homilías y las beatitudes pontificales. En esas ocasiones hace
falta mucha fe para no perder la fe. Y para no dejar de sonreír.
Pero si necesitas la fe y no la tienes, descansa sobre el hombro
de un hermano.
Gracias Pepcastelló, por haber aumentado mi fe. Además, esta
tarde has sido un hombro en el que este viejo se ha apoyado.
Luís Alemán