Antiguo Cuscatlán, 10 de diciembre de 2006
Queridos todos:
Como todos los años, quiero saludaros ante las
próximas Navidades y enviaros desde la lejanía mis
mejores deseos. Cada año llega la fecha de Navidad
como un aire fresco, lleno de esperanzas. Para los
que vivimos en estas regiones, la palabra
esperanza está siempre ligada a palabras como
pobres, solidaridad, justicia y, en resumen,
Dios.
A estas tierras llegan noticias varias del mundo
desarrollado, que muestran el deseo de apartar la
palabra Dios de la palabra Navidad,
dejando las Navidades en un plano puramente humano.
Mantenemos la fiesta familiar, pero dejados de lado
la fiesta religiosa que dio origen a la Navidad.
En América aparentemente no tenemos ese peligro,
porque la palabra Dios sale con mucha
frecuencia. Pero si Dios está ligado a la justicia,
como creemos firmemente, tendremos que confesar que
también por estas tierras la Navidad está perdiendo
su verdadera fuerza religiosa.
Mi felicitación de Navidad en este año tiene estos
sentimientos. Creo que somos seres humano-divinos;
que Dios está realmente presente en el fondo de
nuestro ser, y que lo que nos hace falta es tomar
conciencia de nuestra realidad y sacar a Dios de ese
fondo escondido. Esto es lo que realmente os deseo a
todos, igual que a mí mismo. Estoy seguro de que, si
lo hacemos, Dios nos llevará automáticamente al amor
al prójimo, sobre todo al de escasos recursos, y a
la justicia social.
El relato del nacimiento de Jesús en un pesebre no
se puede borrar con ninguna de nuestras fiestas
paganizantes de Navidad. Permanece en alto
silenciosamente, como una gran revelación y como un
estímulo de humanización, en nuestro mundo tan
opulento como injusto.
Es un mensaje subversivo –si me permitís la
palabra-, que nos alienta a trabajar siempre por
mejorar la suerte de nuestras hermanas y hermanos
pobres, no sólo con la caridad, sino también con la
promoción de las personas y el mejoramiento de las
estructuras sociales.
Y debajo de este empeño, como un fuego suave, pero
inextinguible, está el Amor con mayúscula, que es el
que nos ha dado el ser, el que nos sustenta y el que
nos hace crecer en humanidad. Mi deseo sincero es
que esta realidad crezca en vosotros y en mí.
Estamos trabajando fuerte, en todos los países donde
nos movemos, en el desarrollo humano y espiritual de
la gente empobrecida. Hoy mismo, domingo 10, se ha
inaugurado una Casa de la Mujer y la Juventud,
en una zona pobre y algo peligrosa, a 30
kilómetros de donde vivimos nosotros, en plena zona
rural y marginal.
Estos hechos son frecuentes entre nosotros. Y no es
sólo un sentimiento difuso de solidaridad lo que nos
mueve al trabajo sin hacer caso de la edad, sino
pura y simplemente Dios y los pobres; el amor de
Dios, que se nos ha comunicado en Jesús, con la
Navidad y con toda su sorprendente vida.
Mi mayor preocupación actual está en las becas. De
los más de 600 becarios que tenemos entre los
diversos países, podríamos perder en poco tiempo más
de la mitad. Ello se debe a que las instituciones
que nos han ayudado hasta ahora, no parecen
dispuestas a continuar con estas ayudas, porque
tienen otras preferencias. Nosotros seguimos
pensando que la promoción de los jóvenes es el
trabajo más importante que puede hacerse en estos
países.
Por este motivo, estamos dando difusión a nuestro
problema y estimulando el apoyo de gentes y
entidades particulares. Queremos mantener las becas
que hemos tenido hasta ahora y acrecentarlas.
Aspiramos recaudar 100.000 euros a lo largo de 2007,
con el fin de continuar con un trabajo de becas, que
merecería mayor atención de las instituciones
oficiales. Nosotros andamos midiendo con cuentagotas
nuestro dinero de ayuda, mientras se derrocha en
ayudas que no pueden calificarse de eficaces. Lo
digo con dolor.
Hoy mismo, mientras mis compañeros hacían la
inauguración que os he mencionado antes, yo estaba
con unos becarios en una reunión de formación que me
ha resultado gratificante. Para nosotros, Navidad es
esto, además de la lectura de la Biblia y de la
oración. Y este trabajo, a veces costoso, nos
humaniza y nos une a Dios: es la experiencia que yo
tengo en estas tierras. Todos los días es Navidad
para quien ama con obras.
Sé que bastantes de vosotros os habéis interesado
por la situación de nuestros becarios y que habéis
empezado a moveros. Quisiera daros las gracias y
deciros que, realmente, estáis anticipando vuestra
Navidad, porque Dios nace cada día en el corazón del
que ama con obras. Esperamos que nos sigáis ayudando
y que habléis a mucha gente de la ayuda que
necesitamos. Y estoy escuchando el aplauso cerrado
que os dan todos los corazones sensibles de este
mundo y del otro. Yo también os aplaudo con toda mi
fuerza.
Nuestro proyecto de becas es muy serio y contiene,
entre otras muchas actividades, reuniones semanales
de formación, clases de refuerzo escolar, escuela de
padres, exámenes anuales para renovar la beca,
actividades deportivas y recreativas y apoyo de
salud para los desnutridos, porque el niño que come
poco, no puede estudiar. Para quienes deseen
apoyarnos en esta difícil situación, las direcciones
son las siguientes:
·
Sergio Corro // Federación Española de Círculo Solidario //
Lealtad 14,4º iz // 39002 SANTANDER
Tel 942 22 11 49 /
cscantabria@ono.com
·
Carlos García // Círculo Solidario de Euskadi // Ramón y
Cajal 43 Lonja // 48014 Bilbao //
Tel 94 475 4907 //
cseuskadi@cseuskadi.org
·
El Salvador: 2243 4835 /
cirsol3@integra.com.sv // Trujillo (Perú) 214135
/ martinsq@csperu.org
Y con esto, me despido. El día 24, celebraré la misa
en una zona marginal a las doce de la noche. Os
encomendaré a todos vosotros. Y espero también
vuestra oración para no desanimarme ni cansarme.
Feliz Navidad y un gran abrazo a todos y cada uno.
PATXI LOIDI