ANTE LA NUEVA LEY DE EXTRANJERÍA
I.
Otra reforma
La Ley de Extranjería en España ha sido la más inestable y
cambiada en los últimos diez años, al vaivén de los
distintos gobiernos y de las situaciones económicas y
sociales de cada momento.
En Diciembre de 2008 el Gobierno presenta el primer borrador
de una nueva reforma y pide los preceptivos informes. Éstos
son, en general, negativos.
A finales de Junio de 2009 envía al Parlamento el segundo
borrador, que se tramita por vía de urgencia (en 2010 vamos
a presidir la Unión Europea...). Tras el rechazo de las
enmiendas a la totalidad y el debate de las enmiendas
parciales, el Pleno del Congreso aprueba la reforma el 26 de
Octubre.
El 29 de Octubre entra la tercera redacción en el Senado.
Antes del 31 de Diciembre la Ley reformada tiene que estar
aprobada.
En los primeros meses de 2010 se redactará y aprobará el
nuevo Reglamento de aplicación de la Ley: se está trabajando
ya en él. Es tan importante el Reglamento como la Ley,
porque concreta cómo aplicarla.
● ¿Tiene algo de
positiva?
Sí. Recoge lo mandado en algunas sentencias del Tribunal
Constitucional: en concreto, se reconocen los derechos de
manifestación, reunión, sindicación, huelga y asociación de
todas las personas extranjeras, independientemente de su
situación legal.
Concede automáticamente el permiso de trabajo a las personas
reagrupadas.
Permite la supervisión de ONGs en los Centros de
Internamiento.
Y hay algunos avances más sobre la Ley anterior.
II. ¿En qué se retrocede?
En mucho. Con la disculpa de recoger lo dicho por el
Tribunal Constitucional y por algunas normativas europeas,
se ha aprovechado para recortar seriamente el ejercicio de
bastantes derechos.
• Empadronamiento
El primer borrador sólo lo permitía a los residentes
legales; de momento se ha modificado y se permite también a
personas sin permiso de residencia (como está ahora). ¡Ojo!
El empadronamiento es la puerta de entrada a servicios
sanitarios, sociales, educativos...
• Educación
Para las personas «sin papeles» se limita a la enseñanza
obligatoria: de 6 a 16 años. Un niño en situación legal
irregular no podrá matricularse en educación infantil, o
luego en bachillerato. Esto va contra una sentencia expresa
del Tribunal Constitucional, que el texto de la reforma no
ha querido recoger. Además, para renovar la autorización de
residencia, un inmigrante debe acreditar la escolarización
de sus hijos menores.
• Vivienda
Un inmigrante no podrá acceder a los sistemas públicos de
ayuda a la vivienda hasta que no lleve cinco años de
residencia legal en España. Con lo cual, estas políticas
públicas dejan de luchar en la erradicación de la
infravivienda con un sector importante de población.
• Asistencia sanitaria y prestaciones sociales básicas
Tal y como está ahora la tramitación, la asistencia
sanitaria queda garantizada con el empadronamiento. Pero no
así las prestaciones sociales básicas, que no se reconocen
para las personas en situación administrativa irregular;
esto dificulta claramente la integración.
• Justicia gratuita
Para solicitar la justicia gratuita en caso de falta de
recursos, se ponen condiciones más gravosas a los
extranjeros que a los españoles; se quiebra el principio de
igualdad de trato.
• Reagrupación familiar
Se dificulta la de los ascendientes (padres): han de ser
mayores de 65 años como norma, y sólo se puede pedir cuando
el solicitante resida legalmente en España desde hace más de
5 años.
• Centros de internamiento
Se amplía de 40 a 60 días el plazo máximo de internamiento.
En la práctica, estos centros son peores que las cárceles,
«limbos jurídicos»: se detiene a una persona que no ha
cometido un delito, sino una irregularidad administrativa.
• Sanciones
Un inmigrante que promueve la permanencia irregular de otro
inmigrante será sancionado con multas de 500 a 100.000 €
(por ejemplo, por tener empadronado a alguien que no está
domiciliado en su vivienda).
• Víctimas de malos tratos
Cuando una inmigrante irregular denuncia malos tratos, se le
incoa expediente de expulsión, que se ejecutará si no se
consigue probar la denuncia.
III. ¿Qué hay detrás de todo esto?
• Una mirada miope y oportunista.
Se quiere regular la inmigración en función de este momento
de crisis laboral. Y dentro de dos años... ¿tendremos que
volver a cambiar la Ley? Ahora no era el momento de hacer
esta reforma.
• Una mirada egoísta y mercantilista.
Antes necesitábamos trabajadores; ahora, nos sobran
personas.
Antes necesitábamos mano de obra no cualificada; ahora
queremos especialistas.
• Un recorte evidente de derechos.
En los más básicos (educación, viviendas, ayudas sociales,
justicia...) y con los más vulnerables (los «sin papeles»).
Con lo cual, se convierten los derechos en «privilegios»
para unos cuantos.
Y se dificulta claramente la integración.
• Una visión que perjudica la imagen de los inmigrantes.
Con el incremento de sanciones y el alargamiento de la
retención, se potencia la identificación entre inmigración y
delincuencia.
El mensaje claro, aunque no explícito, es:
1.- Nos sobran inmigrantes: que se vaya unos cuantos
(incentivos al retorno) y que no vengan más (salvo
inmigrantes cualificados con tarjeta azul).
2. El inmigrante cada vez lo va a tener más difícil para ser
«uno de los nuestros».
En definitiva, se utiliza al inmigrante como chivo
expiatorio en tiempo de crisis.
«En cuanto a la respuesta de las administraciones
públicas, las leyes de extranjería son, por regla general,
restrictivas, a la defensiva y tendentes a priorizar los
llamados ‘intereses nacionales’, como la demanda interna de
mano de obra, la llamada ‘seguridad nacional’... El
trabajador extranjero puede convertirse en factor de
equilibrio, en ‘colchón de la economía’ o en ‘ejército de
reserva para la economía sumergida’ del país receptor,
sometido a los vaivenes del mercado de trabajo».
(Conferencia Episcopal Española,
La Iglesia
en España y los inmigrantes,
2007, pág.18).
IV. ¿Estamos a tiempo de hacer algo?
Realmente, la reforma de la Ley está a punto de ser
aprobada. Gracias a la presión de las organizaciones
sociales (entre ellas hay que destacar la gran labor que
está realizando Cáritas), se han introducido algunas
mejoras, pocas. Y de nuevo hay que seguir presionando,
proponiendo y denunciando a la hora de redactar el nuevo
Reglamento de esta Ley. Pero además podemos...
1.- Informarnos e informar de lo que se está tramitando.
Porque, curiosamente, hay «apagón informativo». No interesa
que se hable de esto, no sale mucho en los medios de
comunicación.
2.- Organizar o participar en movilizaciones que se están
llevando a cabo en diversos puntos de la geografía española:
manifestaciones, recogidas de firmas, envíos de correos
electrónicos a los parlamentarios...
3.- Estar cerca de las víctimas, especialmente de los
inmigrantes en situación irregular, porque realmente tienen
motivos para el miedo y para permanecer en la «invisibilidad
social».
4.- No callar cuando escuchemos en nuestros ambientes
comentarios negativos o estereotipos acerca de los
inmigrantes. Desgraciadamente, quienes están tramitando esta
reforma de la Ley saben que mayoritariamente tienen la
opinión pública a su favor.
5.- Participar en y promover iniciativas de integración
social, laboral, vecinal... Manifestar con gestos y hechos
que sí podemos ser iguales, que los derechos no “nos los
dan” sino que los tenemos.
No podemos perder esta oportunidad para manifestar la
inalienable dignidad de la persona, reivindicar la necesidad
de un trabajo digno, apoyar el derecho a vivir en familia,
denunciar el recorte de derechos, estar cerca de quienes
peor lo pasan, reclamar unas leyes integradoras, contribuir
entre todos a construir un mundo como Dios manda.
HOAC
http://www.hoac.es/refhoa.htm