EL
BUEN SAMARITANO
Y
LOS HOMBRES DE LA RELIGIÓN
Queridos amigos de feadulta.com:
Acabo de leer el texto del comunicado que han hecho
los responsables de la
Parroquia de San
Carlos Borromeo. Y en esta tarde del
sábado, víspera del domingo en el que la liturgia de
la Iglesia nos presenta la lectura de la
Parábola del Buen
Samaritano, quiero sumarme a las
muchas personas de buena voluntad que sintonizan con
la Parroquia con una reflexión que me parece
fundamental sobre la parábola del evangelio de
Lucas.
La parábola propiamente tal se reduce al relato del
hombre apaleado y socorrido por el samaritano (Lc
10, 30-35). Para comprender lo más radical que
enseña esta parábola hay que despojarla de la
introducción (la pregunta del jurista) y la
conclusión (la práctica del amor al prójimo). Los
mejores comentarios sobre la parábola lo hacen así.
Porque la introducción y la conclusión han desviado
la atención de la enseñanza central que, en este
texto sorprendente, nos ofrece el Evangelio.
Tal enseñanza no se reduce a la práctica del amor al
que sufre. Eso, que es tan excelente y tan
necesario, es sólo parte de la enseñanza del relato.
El relato va más al fondo de lo que ocurre en la
vida de mucha gente y en la sociedad. Y el texto
escueto de Lucas 10, 30-35 lo que enseña es que "los
hombres de la religión" tienen el corazón más duro
que el "más indigno de los indignos", que, en
aquella cultura, era el "samaritano".
Porque son los hombres de la religión, precisamente
ellos, los que pasan de largo, dejando al
desgraciado en la cuneta del camino. Y no vale decir
(como se ha dicho tantas veces) que hicieron eso
"por llegar temprano al templo". Baste tener en
cuenta que el texto dice que el sacerdote y el
levita "bajaban". Y bajar, en aquella cuesta, era ir
de Jerusalén a Jericó. El templo no estaba en
Jericó, sino en Jerusalén.
O sea, más bien se puede pensar que venían del
templo. Y lo que hizo el templo fue helarles más el
corazón. La religión endurece el corazón porque lo
satisface con la observancia de los ritos. Y porque
crea una autoconciencia de "persona recta", que es
falsa. La "rectitud"
se demuestra
solamente en el comportamiento que tenemos ante el
sufrimiento humano.
Me escandaliza ver que son demasiados los "hombres
de la religión" de ahora siguen haciendo lo que
hacían los del tiempo de Jesús. Se preocupan más por
la observancia de los ritos que por el dolor de las
víctimas. Mientras eso no se corrija, seguimos más
el ejemplo de los sacerdotes, que Jesús rechaza, que
del samaritano al que Jesús presenta como modelo.
El samaritano era el hombre laico de entonces. El
hombre para el que los ceremoniales religiosos no
eran lo primero en la vida. Y, después de todo lo
que ha ocurrido en la parroquia de Entrevías, parece
bastante claro que los que quieren cerrar la
parroquia están más cerca del sacerdote y el levita
que del samaritano.
Con un saludo cordial y unido a vosotros,
José M. Castillo
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