Crónica de un breve viaje
Dado que la última semana la he pasado de viaje, me ha
sido imposible comenzar algunos comentarios sobre
escogidos relatos muy iluminadores de los evangelios. El
primero, el de la hemorroisa. Pero lo haré.
El
viaje:
salgo de Granada. Allí, el señor Arzobispo D. Javier, de
una de esas sectas como Comunión y Liberación, ha sido
confirmado por el Vaticano en no sé qué organismo para
el cuidado de los laicos. Y esto después de haber sido
condenado por la Audiencia de Granada por el mal trato a
un sacerdote. El clero no aprende. El clero no
aprenderá. El clero no puede evolucionar.
Paso a Córdoba. Después de treinta años la encuentro
mucho más bella. Tengo amigos muy amigos. Cuando la fe
se mezcla con la amistad se hace más bella la fe, se
embellece más la amistad.
Entro a comulgar en la pequeña y céntrica iglesia de S.
Miguel. Celebra la misa un cura joven. Actúa como dueño.
Se mueve en el templo y en el altar, como el dueño en su
finca.
Al
acercarme a comulgar, extiendo mi mano para que deposite
en ella la forma. ¡Cuál es mi sorpresa cuando veo que
desprecia el cuenco de mi mano y mete su manaza en mi
boca para depositar el pan en mi lengua, con el fin de
que yo, pecador, no toque la sagrada forma! Me produjo
vergüenza y asco.
Pero lo peor es que es un cura joven. ¿Qué les enseñan a
estos curas? ¿Dónde estudian? ¿Qué idea tienen de la
eucaristía?
No. El clero no tiene solución. El clero es “una raza
llamada a desaparecer”: Eso se dijo ya en la década de
los sesenta. Jesús vencerá. Pero no aprenden. La raza
clerical crucificó a Jesús. Pero como resucitó, sigue la
raza clerical con su intento de eliminarlo.
El
Papa, en USA pide perdón por los crímenes del clero.
Pero no acaba de distinguir con contundencia los
conceptos y las realidades clero/iglesia. Debería quedar
mucho más claro que la pederastia ha sido el vicio y el
crimen de los cleros y no de la iglesia.
Y
de paso, debería profundizar por qué ocurren estos
crímenes. Gran parte de la responsabilidad recae en el
mismo concepto de sacerdocio; en la formación
impartida en los monstruosos seminarios; en las
gravísimas consecuencias de haber abandonado el
Concilio Vaticano II.
Que llore el papa Ratzinger, pero, a la vez, sea más
honesto con la historia que se le echa encima. La
iglesia de Jesús ha de transformarse para no quedarse
marginada por la sociedad. El Derecho Canónico no es el
Evangelio.
En
Córdoba también he convivido con una de las llamadas
“iglesia de base”. Mi conclusión es que este tipo de
grupos cristianos o dan un paso valiente y serio en su
compromiso de estudio y auténtica liberación o se quedan
en flores secas y convivencias sociales.
Cada vez es más claro que la fe en Jesús nos tiene que
llevar cada día a ser más libres y adultos.
Luís Alemán