ORACIONES para la EUCARISTÍA    

                             
 

 

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Oraciones para la eucaristía

 

MARÍA, MADRE DE JESÚS (4º ADVIENTO)

ANÁFORA

  

Te bendecimos, Dios y Señor nuestro,

creador del espacio y del tiempo,

y te agradecemos en este día tan señalado

el maravilloso testimonio de María, la Madre de Jesús,

en quien, a través de toda su vida, plena de amor,

hemos podido descubrirte

como Dios Padre y Dios Madre de todos nosotros.

Acompañamos a María en su canto del Magníf¡cat

para darte gracias

por tu amor incondicional,

porque siempre estás con nosotros.

Unidos a todos los seres humanos,

a todos nuestros hermanos,

nos proclamamos orgullosos hijos de María

y te cantamos este himno de agradecimiento y alabanza.

 

 

Es hoy un día muy especial para recordar agradecidos

a María, la buena madre de Jesús de Nazaret,

que lo arropó y alimentó en sus entrañas,

durante un largo adviento,

y preparó con exquisita dedicación y amor

su nacimiento a este mundo.

Por todo ello es bendita entre las mujeres.

María comprendió antes y mejor que nadie

el misterio de tu encarnación.

Supo verte en su interior,

te vio también en cuantos la rodearon,

y te vio sobre todo en su hijo Jesús.

Madre e hijo te reflejaron en sus vidas

y nos demuestran que eres verdaderamente Emmanuel,

un Dios inmerso en la humanidad.

Gracias, Padre Dios, por su magnífico testimonio,

casi sin palabras.

Guardó en su corazón cuanto hizo y dijo Jesús

y le acompañó en sus momentos más duros.

 

 

Nos conmueve pensar en el corazón de María,

desgarrado por el dolor,

viendo a su hijo torturado y ajusticiado públicamente.

Y nos admira su entereza,

su apoyo a la primera comunidad,

su fe y su total confianza en Ti.

También nosotros queremos seguir los pasos de María

y cooperar activamente

en el desarrollo de la misión que inició tu hijo Jesús.

Cuenta con nosotros, Padre Dios,

para hacer un mundo más habitable.

Queremos decirte

que no estamos cansados ni decepcionados,

pero es muy fuerte este empeño

y necesitamos tu ayuda,

danos por favor ese espíritu de lucha

de que hicieron gala Jesús y Maria.

Con todos los seres humanos que han dado y dan

testimonio de tu bondad,

con María, en cuyo honor celebramos hoy esta fiesta,

y con Jesús, hijo de María e hijo tuyo,

brindamos esperanzados

porque se haga realidad ese mundo soñado por Ti.

Amén.

 

 

Rafael Calvo Beca

 

 

YO TE SALUDO, MARÍA

 

 

Yo te saludo, María,

porque el Señor está contigo:

en tu casa, en tu calle, en tu pueblo,

en tu abrazo, en tu seno.

Yo te saludo, María,

porque te turbaste

–¿quién no lo haría ante tal noticia?–

mas enseguida recobraste paz y ánimo

y creíste a un enviado cualquiera.

 

Yo te saludo, María,

porque preguntaste lo que no entendías

–aunque fuera mensaje divino–

y no diste un sí ingenuo ni un sí ciego,

sino que tuviste diálogo y palabra propia.

 

Yo te saludo, María,

porque concebiste y diste a luz

un hijo, Jesús, la vida;

y nos enseñaste cuánta vida

hay que gestar y cuidar

si queremos hacer a Dios presente en esta tierra.

 

Yo te saludo, María,

porque te dejaste guiar por el Espíritu

y permaneciste a su sombra,

tanto en tormenta como en bonanza,

dejando a Dios ser Dios

y no renunciando a ser tú misma.

 

Yo te saludo, María,

porque abriste nuevos horizontes

a nuestras vidas,

fuiste a cuidar a tu prima,

compartiste la buena noticia,

y no te hiciste antojadiza.

 

 

Yo te saludo, María.

¡Hermana peregrina de los pobres de Yahvé,

camina con nosotros,

llévanos junto a los otros

y mantén viva nuestra fe! 

 

 

Florentino Ulibarri