Oraciones
para la
eucaristía
DOMINGO
ORDINARIO
5 ciclo B
ANÁFORA
Es justo y obligado que te demos nuestras
más sinceras gracias, porque cuando oramos
podemos dirigirnos a ti como a nuestro
Padre,
con toda confianza y cariño de hijos.
Somos cada vez más conscientes de que hemos
de cuidar
nuestra comunicación contigo, Padre bueno,
y descansar en tu presencia, a solas, en
silencio de palabras,
sentir que estás en nosotros, dándonos la
vida,
y llenarnos de paz interior y de fuerza
para enfrentar nuestros problemas
y sobre todo para salir al paso de los
problemas de los demás.
Padre nuestro que estás en nosotros y nos
quieres,
unidos a todos los hombres de buena
voluntad,
cualesquiera que sean sus creencias,
queremos bendecir tu nombre y mostrarte
nuestra gratitud.
Santo,
santo…
Hemos
recordado hoy cómo Jesús sabía hacer
compatible
la oración con
su duro trabajo de misionero itinerante,
siempre
dispuesto a ayudar a la gente en lo que
necesitara.
Gracias de
nuevo, Padre santo, por el ejemplo de Jesús.
Estamos
seguros de que vivió en oración desde su
juventud
y que así fue
cómo puedo armar y madurar su innovador
mensaje.
Nos enseñó
luego a orar con palabras sencillas, con el
corazón,
en la
intimidad de la habitación, cerrada la
puerta,
lejos del
boato de un culto sólo para la galería.
Nos mostró
cómo debíamos reunirnos con los hermanos
en torno a una
mesa, compartiendo comida, ideas y
sentimientos,
y recordando
su entrega total a la causa de tu Reino.
Jesús, la noche en que iban a entregarlo,
cogió un pan,
dio gracias, lo partió y dijo:
«Esto es mi cuerpo, que se entrega por
vosotros;
haced lo mismo en memoria mía».
Después de cenar, hizo igual con la copa,
diciendo:
«Esta copa es la nueva alianza sellada con
mi sangre;
cada vez que bebáis, haced lo mismo en
memoria mía».
Siguiendo el modelo de oración que nos legó
Jesús,
te pedimos, Padre, que sintamos tu presencia
real en nosotros.
Inúndanos con la fuerza de tu espíritu,
para que nunca cesemos en la alabanza de tu
santo nombre,
pero siendo conscientes de que la única
forma de agradarte
es haciendo realidad tu proyecto de vida
sobre este mundo.
Ayúdanos a discernir tu voluntad en
cualquier circunstancia.
Te prometemos repartir con equidad entre
todos
el pan y el agua que nos has dado.
Querríamos saber perdonar de corazón
a cuantos nos hubieran ofendido.
Que tu paz nos envuelva a todos los seres
humanos
y aprendamos a convivir y a comprendernos.
Nos proponemos una vez más luchar cada día
por superar nuestras contradicciones,
por hacer el bien en todo momento y
arrinconar el mal.
Contamos con tu ayuda, que te pedimos en
nombre
de tu querido hijo Jesús, amigo y hermano
nuestro.
AMÉN.
Colecta
Dios, que derramas sobre nosotros la luz de
la esperanza.
Tú enviaste a Jesús como salvador
a un mundo atormentado y dolorido.
Te pedimos que nosotros,
mediante los sacramentos que hoy celebramos,
encontremos a Cristo que sana a todos los
hombres.
Ofertorio
Dios, que das la fuerza para vivir.
Escucha la oración de los reunidos en torno
a tu mesa,
para que, unidos en el amor de Cristo,
experimentemos la alegría plena del servicio
mutuo.
Postcomunión
Dios, que nos llenas con el aliento de tu
Espíritu.
En nuestras caídas tú mismo nos tiendes tu
mano y nos levantas.
Te pedimos que, renovados con tu fuerza,
proclamemos el evangelio con valor y
alegría.
Estas
tres oraciones se redactaron en Japón,
siguiendo la reforma
litúrgica del Vaticano II
y han
sido traducidas al español por José Lerga
http://www.telefonica.net/web2/vidaensintonia/tonosorientales.html