Oraciones
para la
eucaristía
BAUTISMO DE JESÚS ciclo B
ANÁFORA
Es justo y bueno que te demos gracias,
Padre de todos nosotros.
Bendito seas porque te manifiestas, en
perfecta epifanía,
en cada ser humano y en la creación entera.
Tú eres la vida y el amor.
Te has revelado a los sencillos de corazón.
Tu voz resuena en la conciencia de quien de
veras te escucha.
Te bendecimos por tu hijo Jesús, el amado,
el predilecto,
en quien has puesto tus complacencias de
Creador
y sobre el que derramaste tu espíritu en
plenitud.
A ti, Padre bueno, Padre de Jesús y padre
nuestro,
nos dirigimos hoy todos los bautizados en
Cristo
y entonamos este canto de alabanza.
Santo, santo…
Recordamos ahora cómo Jesús, a través de
toda su vida,
actuó siempre como hijo tuyo y se identificó
contigo.
Respetó a todo ser humano y a toda criatura.
No pisó, ni tiró al suelo la caña quebrada.
Del árbol caído no hizo leña.
La llama vacilante no la apagó.
Vino a ayudar a los más débiles
y a defenderlos contra los injusticias.
Infundió una fuerza nueva en los pobres y
humillados.
Por eso los poderosos se alarmaron
y se pusieron en movimiento contra él, hasta
destruirlo.
Padre Dios, ante nuestros ojos está la vida
de tu amado hijo,
su bautismo en el Jordán confundido entre
los pecadores,
su bautismo de sangre en la cruz,
el triunfo de su resurrección y
glorificación junto a ti.
El Señor Jesús, la noche en que iban a
entregarlo, cogió un pan,
dio gracias, lo partió y dijo:
«Esto es mi cuerpo, que se entrega por
vosotros;
haced lo mismo en memoria mía».
Después de cenar, hizo igual con la copa,
diciendo:
«Esta copa es la nueva alianza sellada con
mi sangre;
cada vez que bebáis, haced lo mismo en
memoria mía».
Te suplicamos que nos envíes tu espíritu,
como hiciste con Jesús a orillas del Jordán,
para que nos decidamos a seguir las huellas
de Jesús
y merezcamos llamarnos también hijos tuyos.
Te pedimos por toda la humanidad,
para que unos junto a otros, solidariamente,
encontremos el camino de la justicia y la
paz.
Te pedimos por la comunidad cristiana
para que refleje en su vida el compromiso de
su bautismo
y dé testimonio, personal y colectivo,
de profesar y seguir el verdadero mensaje de
Jesús.
Te pedimos, con emoción, por la tierra de tu
siervo Abrahán
en la que nació nuestro hermano Jesús.
Tierra que dejó de ser santa
para convertirse en tierra de guerra y odio.
Sólo tú, Padre bueno, podrás conseguir
que unos y otros convivan en paz.
Te pedimos hoy por nuestros familiares y
amigos enfermos
y por cuantos ocupan un lugar preferente en
nuestro corazón.
No olvides a quienes la muerte ha separado
de nosotros.
Te damos gracias una vez más, porque
reconocemos tu voz
y te has revelado a la humanidad, a través
de tu hijo Jesús,
y por él y con él te bendecimos y alabamos,
ahora y para siempre.
amén
Casiano Floristán
Luís Maldonado