El vasco Pagola
y el estadounidense John P. Meier
John P. Meier es un sacerdote
católico especializado en el análisis de los evangelios,
que estudió en la universidad Gregoriana y el Instituto
Bíblico de Roma, y ahora es profesor, da conferencias y
ha escrito varios libros.
José Antonio Pagola estudió en
esas mismas instituciones y, además, en la Escuela
bíblica de Jesusalén, y también es profesor, da
conferencias y escribe libros.
Coinciden ambos especialmente en
que han escrito una obra sobre Jesús con una finalidad
muy similar: una aproximación histórica.
Hay entre estas dos obras una
diferencia que puede deberse al distinto curriculo de
sus autores. Mientras Meier se ha dedicado
exclusivamente a la investigación, Pagola ha sido
durante muchos años vicario general de la diócesis, lo
que le ha obligado a dedicar menos tiempo a la
investigación libresca para entregarse a tareas que
implican el contacto cotidiano con las personas y
problemas del mundo real.
Así pues, la obra de Meier es
eminentemente científica y especializada; en realidad ha
publicado ya cuatro tomos de la misma en la edición
inglesa y probablemente habrá alguno más. En cambio, el
libro de Pagola es un solo tomo que, sin merma del rigor
científico, es más pastoral y accesible. Pero el enfoque
y la metodología de ambos son los mismos.
Las dimensiones de la obra de Meier
permiten a éste exponer extensamente esta metodología
en su primer tomo desde la página 1 hasta la 201, lo que
Pagola hace de forma resumida. Dice así Meier en las
primeras líneas de la introducción (vol. 1, pag.1).
“Por el 'Jesús histórico' entiendo
el Jesús que podemos recuperar, recobrar o reconstruir
utilizando los instrumentos científicos de la
investigación histórica moderna”.
“Este 'Jesús histórico' será
siempre un constructo científico, una abstracción
teórica que no coincide ni puede coincidir con la plena
realidad de Jesús de Nazaret”.
“Mi método sigue una regla
sencilla: prescinde de lo que la fe cristiana o la
enseñanza posterior de la Iglesia dicen sobre Jesús”.
(Cito y traduzco la edición inglesa
de la obra “A Marginal Jew”, vol 1 Doubleday, New York,
1991; vol 2, 1994; vol 3, 2001; vol 4, Yale University
Press, 2009).
Entonces, ¿cuál es la finalidad de
su trabajo de recuperación de esa ‘abstracción
histórica’? Para explicarlo, imagina Meier un ‘cónclave
no papal’ de cuatro historiadores especializados en el
siglo I, un católico, un protestante, un judío y un
agnóstico, a los que se encierra en una biblioteca, de
la que no saldrán hasta que, basándose en fuentes y
argumentos históricos, hayan acordado un documento sobre
quién fue Jesús y cuáles fueron sus intenciones en su
propio tiempo y lugar.
Se obtendría así, dice, un
documento reductivo, sí, y minimalista, pero que estaría
abierto a la verificación de toda persona que utilice
únicamente los métodos históricos. Tendríamos un
borrador de lo que “toda persona razonable” podría decir
sobre el Jesús histórico. “Esta limitada declaración de
consenso”, añade Meier, “…es el modesto objetivo de este
trabajo”.
Esta metodología de la aproximación
histórica, que Meier explica extensamente en el tomo 1
(pág 1-201), la vuelve a recordar al comienzo de los
tomos 2 (pág 4-6) y 3 (pág 9-12), mientras que en el
tomo 4, como si estuviera contestando a los detractores
de Pagola, insiste en que este Jesús histórico no
pretende ser “ el 'Jesús real' (la realidad total de
todo lo que dijo e hizo durante su vida), ni tampoco el
'Jesús teológico', objeto de la reflexión sistemática
basada en la fe cristiana” (tomo 4, pág. 12).
Trata de ser la figura histórica
sobre la que estarían de acuerdo los especialistas del
‘cónclave no papal’. Y pone un ejemplo. Estos
especialistas estarían de acuerdo en que Jesús “padeció
bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto
y sepultado”, palabras que figuran en la confesión de fe
de la iglesia, pero testimonian también un hecho
histórico afirmado por los historiadores romanos Flavio
Josefo y Tácito, además de por numerosas fuentes
cristianas independientes entre sí.
Lo que no aceptarían como
historiadores es que “por nosotros los hombres y por
nuestra salvación… y por nuestra causa” fue crucificado…
Como dice Meier, “las afirmaciones 'por nosotros los
hombres’, 'por nuestra salvación’ y 'por nuestra causa’
son expresiones de la fe y cristología cristianas… no
abiertas en principio a una investigación y verificación
empíricas por un honrado observador, creyente o no.”
Con estos presupuestos, Meier
presenta una imagen del Jesús histórico que es muy
similar a la de la “aproximación histórica” de Pagola.
Es más, en algunos puntos “delicados”, como los hermanos
de Jesús o la virginidad de María después del parto,
puede que sea incluso más radical.
Ambos autores utilizan la misma
metodología. Meier analiza de forma más detallada las
fuentes históricas y todos los episodios de la vida de
Jesús para extraer de esas fuentes lo que se puede
remontar hasta los años más cercanos a ese tiempo.
Pagola lo hace de forma más resumida, pero citando en
sus abundantes notas las opiniones de los investigadores
más importantes que han tratado estos temas.
El documento de consenso, lo que
toda persona razonable –creyente o no- podría admitir
como conclusión de esa criba histórica, es decir, la
imagen del 'Jesús histórico' a la que llegan ambos
autores, es prácticamente la misma: un hombre de su
tiempo que, basándose en una viva experiencia de Dios e
intimidad con Él, anuncia que, en su persona y en las
obras que realiza, se hace presente el Reinado de Dios,
que consiste sobre todo en la acogida de los pecadores
y excluidos, la liberación y sanación de las personas y
la esperanza de una vida plena en Dios.
Evidentemente esta frase no
pretende resumir los importantes rasgos históricos que
aparecen en los cuatro tomos de Meier, ni los amables
matices de Jesús que destaca Pagola, pero, en realidad,
son estas características no eclesiásticas de la persona
de Jesús, históricamente comprobables, las que molestan
a los censores.
Ahora bien, con el libro de Pagola
todos sabemos lo que ha pasado, la persecución a que ha
sido sometido y, por último, su retirada por orden de…
¿quién?
En cambio, de la obra de Meier, se
han publicado cuatro tomos en EE.UU. con el imprimatur
de la diócesis de Nueva York (el del cuarto tomo lleva
la fecha del 16 de diciembre de 2008), y sus tres
primeros tomos han sido traducidos al español y
publicados en cuatro tomos por la editorial católica del
Verbo Divino, con todos los permisos y sin que ningún
miembro de la jerarquía española haya dicho nada.
¿A qué se debe esta diferencia?
¿Por qué las autoridades eclesiásticas españolas
aprueban la publicación de la traducción de la obra de
Meier, lo que implica que, como las americanas,
entienden y aceptan su metodología, pero, en cambio,
encienden sus hogueras inquisitoriales contra el libro
de Pagola?
Cabe pensar que no es probable que
ningún miembro de la citada jerarquía haya tenido las
sentaderas suficientes para tragarse los cuatro tomos de
Meier con sus miles de notas. Una característica común
de los censores es la pereza intelectual: no hace falta
leer mucho para condenar. Es más, tal vez ni se hayan
enterado de su existencia. Sin embargo, ¿por qué
condenan a Pagola? Si este libro lo hubiera escrito un
teólogo de cualquier otra diócesis de España (que los
hay y buenos, y muchos que están de acuerdo con Pagola),
¿habría ocurrido lo mismo?
Pagola no es estadounidense, es
vasco. Y no sólo eso, ha sido durante muchos años
vicario general del tan denostado y, frecuentemente
calumniado, por el nacionalismo español, Mons. Setién.
¿No será que, con esta persecución, se trata de dar la
puntilla a lo que durante unos decenios ha sido la
iglesia vasca? Una iglesia que, tras haber plantado cara
al franquismo, ha elevado su voz con autoridad en
defensa de su pueblo durante los años de la tan
cacareada democracia. ¿No será que tratan de hacer
tierra quemada de esa iglesia, para implantar la que
hacen prever los últimos nombramientos episcopales?
Si es así, amigo José Antonio, lo
siento por ti. Te ha tocado pagar. Pero, como dicen en
la tierra de nuestros estudios, “questo non finisce
qui”. Son innumerables los amigos que están contigo
y los lectores –creyentes o no- en los que fructificará
la palabra de tu libro. Y, sobre todo -tú lo sabes
mejor que nadie- está la esperanza del grano de trigo
que da fruto, del resto que renacerá y de tantas otras
imágenes bíblicas que te ayudarán en estos momentos tan
duros.
Carlos
Aizpurua