ATRAÍDAS POR JESÚS EN MEDIO DE LA PROSTITUCIÓN
Querido
José Antonio:
Lo dices
en el prólogo de tu libro Jesús. Aproximación
histórica y nos lo recordabas en nuestro encuentro
de Ciempozuelos: «Nada me alegraría más que saber que la
Buena Noticia de Jesús llegara, por caminos que ni yo mismo
puedo sospechar, hasta los últimos». Entre los grupos más
olvidados y marginados, hablabas de «las prostitutas
esclavizadas por tantos intereses turbios». Nos decías que
Jesús las amó de manera especial.
En estos
momentos, nosotras te queremos decir que tus deseos se están
cumpliendo. Te enviamos un conjunto de testimonios de
mujeres que ejercen la prostitución en varios países del
mundo. Son mujeres que están tomando parte en grupos donde
reflexionamos y oramos juntas con la ayuda de tu libro sobre
Jesús. Hemos seleccionado algunos para que puedas captar la
fuerza y el atractivo que tiene Jesús para estas mujeres.
Claro
está que habrá gente que no entenderá su «teología», pero
Dios se sigue revelando a los sencillos. ¿No nos volvería a
decir Jesús aquello que gritó en Galilea? «Las prostitutas
entran antes que vosotros en el reino de Dios».
Un abrazo
muy grande.
Hermanas Oblatas del
S. Redentor
·
Me sentía
sucia, vacía y poca cosa, todo el mundo me usaba. Ahora, me
siento con ganas de seguir viviendo porque Dios sabe mucho
de mi sufrimiento.
·
Dios esta
dentro de mí. Dios está dentro de mí. Dios está dentro de
mí. ¡Este Jesús me entiende…!
·
He
experimentado la presencia de Dios en un viaje a Europa, mi
compañera murió en el camino. Dios estaba cerca, lo sentí a
mi lado. En aquella mañana sentí que la mano de Dios me guió
y su presencia fue muy fuerte…
·
Ahora,
cuando llego a casa después del trabajo, me lavo con agua
muy caliente para arrancar de mi piel la suciedad y después
le rezo a este Jesús porque él sí me entiende y sabe mucho
de mi sufrimiento.
·
Jesús
quiero cambiar de vida, guíame porque tú solo conoces mi
futuro…
·
¿Donde
estabas? Cada día que pasa siento más el amor de Dios y me
siento acariciada por las personas que Dios pone en mi
camino…
·
Para mí,
el simple hecho de sentir amor en el corazón es prueba de
tener a Dios en el corazón…
·
Me siento
afortunada de haber conocido a este Jesús…
·
Yo pido a
Jesús todo el día que me aparte de este modo de vida.
Siempre que me ocurre algo, yo le llamo y Él me ayuda. Él
esta cerca de mí, es maravilloso…
·
Él me
lleva en sus manos, Él me carga, siento la presencia de Él…
·
En la
madrugada es cuando más hablo con Él. Él me escucha mejor
porque en este horario la gente duerme. Él está aquí, no
duerme. Él siempre está aquí. A puerta cerrada, me arrodillo
y le pido que merezca su ayuda, que me perdone, que yo
lucharé por Él.
·
Mi vida
en el pasado era un vacío, un vaso quebrado, le coloqué un
corazón y se unieron los trozos…
·
Un día yo
estaba apoyada en la plaza y dije: Oh Dios mío, ¿será que yo
sólo sirvo para esto? ¿Solo para la prostitución?...
Entonces es el momento en que más sentí a Dios cargándome
¿entendiste? Transformándome. Fue en aquel momento. Tanto
que yo no me olvido. ¿Entendiste?...
·
Yo ahora
dialogo con Jesús y le digo: aquí estoy, acompáñame. Tú
viste lo que le sucedió a mi compañera (se refiere a una
colega que fue asesinada en un hotel). Te ruego por ella y
pido que nada malo suceda a mis compañeras, yo no hablo pero
pido por ellas pues ellas son personas como yo.
·
Ahora,
cuando tengo tiempo, voy a su capilla hecha de troncos
cortados por la mitad y de palmas. Se llama la iglesia de la
naturaleza. Tienen una capilla para la adoración. Y me
encuentro conmigo misma… y no digo “Señor dame esto o
aquello” estoy sin hacer nada. Solo a veces canto mi canción
favorita «anima Christi» especialmente porque es mi
favorita. Yo le canto a Jesús en mis pensamientos.
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Solo en
Jesús puedo confiar… a través de mis lágrimas y orando para
sobrevivir.
·
Estoy
furiosa, confundida, triste, dolida, rechazada, nadie me
quiere, no sé ni a quien culpar o sería mejor odiar a la
gente y a mí, o al mundo. Fíjate, desde que era niña yo creí
en ti y has permitido que esto me pasara. Ya estoy cansada
de echar la culpa a Dios. Pero no me hagas daño. Te doy otra
oportunidad para protegerme ahora. Bien, yo te perdono, pero
por favor no me dejes de nuevo.
·
En Jesús
he encontrado el verdadero amor que he deseado conocer y
experimentar.