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MUCHOS DE AQUELLOS QUE BUSCAN A DIOS LO BUSCAN LEJOS DE LAS INSTITUCIONES

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Antes, la sombra del campanario y el pulpito lo regulaban todo, hoy su sombra y su eco no van más allá del dintel de la sacristía. La desconfianza en las instituciones, incluida la Iglesia, pone el punto de mira en la transparencia y busca encajar con las nuevas tecnologías. El mundo se ha vuelto adulto y el sujeto se ha emancipado. El contexto de cada persona ha crecido y sigue creciendo de manera exponencial en los últimos años.

La muerte de las utopías y el debilitamiento de las ideologías lleva consigo la falta de una escala valorativa interna para decidir lo mejor; es el yo quien juzga de todo. El concepto de secularización va ocupando un lugar que hasta ahora no había tenido nunca. Nada dura, todo hay que cambiarlo, casi cada día, por lo nuevo, lo moderno.

Xavier Zubiri decía que los tres productos más gigantescos del espíritu humano son la metafísica, el derecho romano y la religión de Israel. Hoy puede añadírsele, en grandeza, la ciencia moderna. La Iglesia siempre ha manifestado un miedo, que le produce una parálisis fulminante, ante las novedades porque van contra la moral y la ética, olvidando que muchos principios no son más que normas, costumbres, tradiciones, conducta que convierte a la Iglesia en una institución que, a veces, parece anacrónica y desorientada, extranjera a su tiempo, custodia de un mensaje que ha perdido el significado para muchos contemporáneos.

La ciencia, más temprano que tarde, hará lo que sea capaz de hacer. Muchos preceptos y reglas no vienen a los cristianos de Jesús, sino que son costumbres adquiridas a lo largo de la historia. Los cristianos, en muchos casos como todo el resto de la humanidad, han dedicado más tiempo a construir refugios que a derribar muros y abrir ventanas lo que les ha permitido un confortable aislamiento. La ingeniería genética y otras ciencias, no se detendrán ante nada, y aquello de Horacio, virtutem doctrina parit, no es más que un deseo. Muchos sacerdotes, muchos fieles están convencidos de que el mundo actual es ateo, despreocupado de las cosas espirituales.

La gente de hoy busca experiencias, sentimientos y aún muchos de aquellos que buscan a Dios lo buscan lejos de las instituciones. Es por ello que surgen distintas, diferentes y muy variedades espiritualidades que generan sectas, movimientos, grupos de meditación, espiritualidad, prácticas religiosas, diversidad de relaciones con el misterio para responder al deseo y necesidad de absoluta, deseos de infinito, de religiosidad a la carta, "apertura" y "ordenación" a lo trascendente, diría Rahner. Experiencias que tratan de anular la distancia entre el yo y el absolutamente otro: lo divino, lo mistérico, lo sagrado.

En todo caso, la gente lo vive como una apertura personal a lo trascendente. Sin duda, muchas sectas siguen explotando la vulnerabilidad de la mente humana que es curiosa por naturaleza. El mundo de hoy se dedica a buscar tesoros escondidos o del pasado porque el presente, lo que tiene a mano, no le satisface. El mundo busca memoria, raíces, dioses o ídolos porque ha abandonado la tradición. El mundo desencantado busca un reencantamiento porque no puede vivir sin ilusiones, sin metas, sin proyectos, sin sentido. El narcisismo no le deja mirar más allá del número sus zapatos, manipular al otro en su debilidad se ha convertido en un arte. Las instituciones políticas, sociales, religiosas y los partidos políticos, están en crisis.

La percepción y la relación de los fieles con la Iglesia han cambiado como han cambiado las relaciones de los ciudadanos con todas las instituciones y las del consumidor con las marcas y con todas las instituciones. Parece ser que el número de creyentes ha disminuido, en contrapartida los que siguen creyendo son más conscientes de su fe; en España, en ciertos ambientes, ser cristiano es revolucionario.

A todo ello corresponde una nueva relación del hombre con Dios. De momento no ha surgido ninguna solución definitiva. El fundamentalismo no es más que uno de estos intentos. Se rechaza todo lo dogmático y se valora todo lo que el hombre puede hacer. Muchos hombres creen que negando a Dios los atributos que siempre se le habían atribuido él se hace, e rechazo, dueño de ellos. En la mayoría de los casos no se niega a Dios, se le ignora y se prescinde de él. El "otro es tu hermano", del Evangelio, ha sido sustituido por el ego de Descartes.

La posmodernidad ha rescatado lo sagrado sin absoluto y sin rostro, hay un profundo deseo de espiritualidad, se han vulgarizado y popularizado los símbolos religiosos atribuyéndoles un significado muy diferente del original. Tal vez sean intentos de encontrar la certidumbre y llenar el vacío que existe en el núcleo de experiencia moderna. Algunos de estos esfuerzos representan un esfuerzo por crear una espiritualidad sin Dios y sin lo sobrenatural, pero en todo caso representan una intensa necesidad de lo espiritual, con frecuencia excluida, al menos marginada, de una sociedad laica. Como toda empresa creativa, la búsqueda de una fe moderna resulta ardua. A veces la teología se ha convertido en un fetiche de valor supremo en vez de un medio para llegar a una realidad inefable y misteriosa.

El mundo creado no es sagrado pero el hombre que vive en él necesita el misterio, pero a diferencia de antes, la fe del carbonero, hoy la trascendencia está sometida a la crítica de la razón. Es hecho de no tener religión no significa incredulidad ni perdida de fe en una dimensión trascendental o ausencia de una determinada religiosidad sino autonomía en su gestión lo que supone, aunque no de manera consciente, una diferencia entre fe y religión, aunque lleva consigo formas de religión, aunque tengan poco que ver con las tradicionales. La posmodernidad está viviendo un estallido incontrolable, una efervescencia evidente y una seducción inexplicable de lo sagrado y de lo divino, un deseo ardiente e ilimitado de unión con lo ilimitado.

La Iglesia tiene que ponerse al día, seguir las tendencias en lo esencial; es decir, en la medida en que son mojones que indican por donde va a ir el futuro. La moda es pasajera, efímera, pero es una especie de comunicación, la búsqueda del misterio de la belleza por eso nunca se puede agotar, que puede llegar a muchos y para evangelizar hay que combinar la luz del pasado con la luz del futuro filtrada por el presente. La vida del creyente no debe de ser una recreación sino una revelación para que se enamoren de lo que revelamos. Hay que jugar con conceptos, trasgredir normas sin aferrarse a nada. Mucha gente desea huir del ruido, del fragor del día a día para, en silencio, encontrarse con lo perdurable. El silencio, como búsqueda de una espiritualidad, muchas veces, trasversal, se ha convertido en un bien escaso, difícil de encontrar para conectar con el yo más profundo y con lo otro, ¿Dios, lo sagrado, el misterio? A mucha gente le importa más el envoltorio que el regalo, pero la mayoría busca el regalo.

El gran reto es hacer que la humanidad vuelva los ojos al Jesús de Nazaret porque el ateísmo moderno no busca demostrar que Dios no existe sino la indiferencia, el olvido de Dios. Sus grandes dioses son los futbolistas porque a una tierna edad son famosos, ricos y "las mujeres se echan a sus pies", me dijo la madre de un niño que apuntaba maneras con el balón. La humanidad no puede vivir delante de un panteón vacío; ha sacado los viejos dioses y los ha llenado de otros nuevos. De todos modos, los nuevos dioses no vencen ni ocupan totalmente nunca a los viejos. Conoces como nadie, porque lo vives en carne propia, la relación entre fama y poder, la cantidad de poder que da la fama y lo mal o bien que a1uel se puede utilizar. Y como muchos lo utilizan para tener más poder o para amasar fortunas descomunales. Tu vida es como un homenaje a los héroes que encontramos en la vida diaria capaces de comportamientos extraordinarios en situaciones extremas. Sabes que la culpa de lo que pasa no es de Dios sino de los hombres que no secundan los de Dios sino sus intereses.

Viéndote, oyéndote, veo atisbos de eternidad hasta en las cosas más pequeñas y me llevas a Charles Foucauld quien decía: "Por amor a Dios es lo mismo mondar patatas que construir catedrales". "La mística es algo que, en lugar de facilitar la huida del sufrimiento y de la muerte, de los problemas y conflictos, lleva a sumergirse dentro de ellos y a abrazarlos compasivamente, con un profundo deseo de solidaridad y comunión", escribe M. C. Bingemer en "El Misterio y el Mundo". La vivencia de la fe, tiene lugar dentro del momento que a cada uno toca vivir, es un paso por la historia. El cristiano no busca el sentido de su vida, el sentido de la vida es su fundamento.

Dios se revela al hombre en el fluido del tiempo, en lo que pasa y en lo que no pasa; en lo visible y en lo invisible. Das la impresión de que te sientes bien en todas partes, pero es seguro que en donde mejor te sientes es el medio de los últimos de la tierra. Jesús vivió, como hombre, su situación que no es la de ningún otro. Si nos dejamos mirar por Jesús, luego nos sentiremos lo que realmente somos: uno de tantos seres humanos que caminan, que suben montañas, que nadan, que comen, que aman, que sienten el fracaso, que se alegran, que ríen, que lloran. Y tu, Francisco, eres uno de esos, te sientes un hombre como los demás, aunque elegido para ser cabeza visible de la Iglesia.

Tú que sonríes, hablas con sencillez, te comportas con soltura y aplomo, eres el payaso, el orador, el poeta de Dios al que todo el mundo entiende; eres el que a mucha gente contenta y a alguna cabrea. Es el coste humano de ser el Vicario de Cristo. Tu vida es como una novela corta, magnífica, intensa, profunda, entretenida, trufada de todos los elementos del mundo en que vivimos. Haces tomar conciencia a todos y todo te ayuda a tomar conciencia; tu vida es un viaje que nos pertenece a todos.

Sin duda que muchas veces también refleja la contradicción entre la necesidad de complacer y la de exigir, la de estar alegres y ponerse serio para mantener la comunicación, quieres reflejar las situaciones sin avergonzar a los que sufren vacío, soledad, falta de comunicación, ansiedad, crisis vital, rechazo social y mala conducta.

Lo que te interesa es que cada uno descubra lo que tiene, lo que le falta y sobre todo lo que puede hacer para ser lo que debería ser. El mundo te da a conocer las cosas del amor de Dios y cada persona es para ti una prolongación de la encarnación de Dios en el mundo que cuidas y proteges en el fondo de tu alma. Hacer apostolado no es para ti un problema sino un acto de amor, hacerte cargo de las miserias del pobre un acto de compasión y aprender de todos unos actos de sabiduría y humildad.

Tú haces lo extraordinario con la sencillez de lo ordinario, tienes sentido del humor, haces autocrítica y aceptas la crítica de otros. Tu palabra, sencilla, acogedora, creativa, resuena porque incorpora en tus discursos elementos personales, políticos, e históricos que reflejan el momento, la situación en la que viven quienes te escuchan, mezcla de ficción y realidad: el barrizal de los días, que el tiempo devora sin piedad. Tu discurso es un espejo de la frustración, de la euforia, de la libertad, del fraude a gran escala, la suma de deficiencias, de los fantasmas, de las contradicciones y de las cadenas del hombre de nuestros días.

Muchos hombres sesudos de la Iglesia consideran tus gestos y tus discursos superficiales, populacheros cuando, en realidad, hunden sus raíces en los comportamientos de Jesús, en la compasión, en la misericordia. Tu no buscas sutiles disquisiciones ni discursos excelsos sino palabras que curen las heridas del tiempo en el alma. A algunos les parecen extravagancias. Aunque casi todo el mundo admite que estás abriendo caminos, algunos dicen que eres un poco extravagante y tienes dudas.

Es lógico, no todos los que te miran te ven desde la misma perspectiva. Francisco, aunque vives independiente de las modas y no encargar fragancias a medida, al ser tan popular y tan influyente nunca se sale ileso. Todo el que ama la vida tiene dudas porque o es un producto prefabricado. La línea recta sólo existe en geometría. Tu vives en una constante confrontación entre el sueño que deseas se realice, y la realidad que ves y pisas.

No te olvidas de los esplendores, de los capiteles rotos, de los monumentos en ruinas, ni de la luz ni de la música de los árboles y plantas. Mezclas la teología con la vida, la vida con la muerte porque Jesús no es un mundo aparte. La vida es todo eso, una dialéctica entre el amor y el odio, la vida y la muerte, Dios y el diablo, creencia y agnosticismo, conexiones entre vida y arte, ciencia y vida, política y evangelio. Eres un polvorín de creatividad que abre a los cristianos y a los hombres de buena voluntad a una nueva sensibilidad; como todo creador, creas tu mundo. Es evidente que una catedral no se construye ni siquiera se restaura en un año.

La adversidad ni te destruye ni te rinde. Tenacidad, talento y suerte. Cuantos más enfermos tienes menos miedo te da operar. Cuantas menos certezas más seguras son tus decisiones porque las sombras dan valor a la luz. Nos enseñas que aun haciendo penitencia el cristiano debe de disfrutar de la alegría de ser hijo de Dios y de lo que él nos da y desear de corazón lo que se quiere hacer, en tu caso, una comunidad de gente que tenga dos pasiones: dios y los hermanos, sin excluir a nadie; al contrario, incluyendo a todos. Para ti cada persona es una palabra reveladora y un acto de amor. Te has desprendido de cualquier calificativo para reconocer el mérito allí en donde crees que lo hay.

No te preocupas de epatar con promesas deslumbrantes sino ir haciendo, "partido a partido", lo que crees que debes de hacer y dices lo que crees debes de decir y todo ello, si es necesario, saltando por encima de las apariencias, de las convenciones sociales sin olvidar el submundo de las perturbaciones. Nos pones de bruces ante nuestros miedos, ambiciones y miserias, grandezas, sueños y esperanzas porque todo lo que ocurre te interesa. No te permites el lujo de la ignorancia.

Trabajas como si fueras a vivir 100 años y vives como si fuera el último día de tu vida, con pasión, con fuego en las entrañas; nos invitas a todos a enfrentarnos al odio y a la intolerancia con imaginación, con amor para mejorar lo mejorable: casi todo. Si alguien te preguntara que te llevarías a una isla desierta seguramente tu respuesta no sería como la de aquella modelo: "A mi perro, unas gafas de sol y un teléfono con satélite". Tu rostro, aunque a veces apesadumbrado, dice que tu felicidad está en estar cada día con los humildes y con los que te necesitan.

El mundo es para ti como un claustro para la contemplación toda de la belleza de la naturaleza, miras de frente las olas de la enfermedad y de la vejez, escuchas el ruido del mundo multiplicado por el silencio de los marginados. Tu vida es un caleidoscopio que entreteje las sombras, las tensiones, las enfermedades y las alegrías no para juzgar ni condenarlo al mundo sino para entenderlo. Eres como un arquitecto de la naturaleza. Tu corazón escucha sus latidos, sus signos invisibles, sus silencios, la melodía y lo indecible del vacío de tanta gente. Haces de la realidad tu mundo y tomas de todos todo lo que te puede ayudar a conseguir tus sueños, aunque sabes que, de alguna manera, muchos te lo recuerdan de tiempo a otro, eres un advenedizo en Europa a la que has llegado por haber sido elegido Papa.

Padre Francisco, algunos dicen que la felicidad no consiste en tener mucho sino en desear poco, pero esto no te va a ti porque tu deseas ardientemente que el mundo cambie. Para ti no hay dos días iguales, cada día tiene su preocupación, como dice el de Nazaret. Tu vida es fruto de un dialogo y una interacción con el mundo, con la inteligencia y con la cultura popular, con lo poético y con la vulgaridad, con lo que dura y con lo fugaz de la vida. Tu es la respuesta a una serie de preguntas que, como personas y como sociedad, nos hacemos. A pesar de que tus parámetros de vida son muy diferentes de los de la moda: "En la industria de la moda, la belleza es la norma. La amabilidad, la humildad y la integridad se quedan fuera", eres un hombre de moda.

Distintas personas, hasta la misma persona en momentos diferentes, pueden percibir de manera diferente la misma realidad. Unos decimos: este Pastor huele a oveja, y otros dicen: Este papa está vulgarizando la Iglesia, huele a pastor. Las situaciones son para ti como cerezas, unas te llevan a las otras. Vives conectado con todas las situaciones conflictiva y gozosas del mundo frente a miles de líderes que han desertado de sus responsabilidades urgidos por la necesidad de gustar y así convierten en un mercado lo que debiera ser un ágora. A unos personajes públicos les gusta provocar y a otros agradar; a ti lo único que te preocupa es aliviar el dolor de los otros.

Tu habla la entiende todo el mundo, hablas con tu vida. Tu sentir y tu hacer está lejos del de aquellos para quienes el otro es un muñeco de trapo, como se ve en Sin amor (2018) de Zviaguintsev porque siguen sus instintos aunque, en muchos casos, sean cercanos a la inocencia como se ve en Call me by your name (2018) de Guadagnino. Es de admirar como los obispos españoles niegan la palabra en sus medios de comunicación a una serie de grandes teólogos y se la dan a una serie de ideólogos neoliberales, ideología antievangélica donde las haya.

La santidad consiste en formatear la vida según Jesús, un proceso crístico. La conciencia de la presencia de Dios es inseparable de la conciencia del sufrimiento de los otros por eso estás profundamente comprometido con los problemas de nuestro tiempo. Sabes que las contradicciones y las diferencias están ahí, pero estás seguro que las cosas que nos unen son más que las que nos separan. Sabes, estás convencido de que mientras el corazón del hombre no cambie, no se convierta, no habrá paz ni esperanza de felicidad porque también es ahí en donde las guerras y la desesperación tienen su origen. Tu alma de mil años es un campo de batalla en la que todo tiene cabido.

He oído: "El Papa Francisco apuesta siempre al caballo perdedor". Mi interlocutor quería decir: Va siempre con el débil. La contemplación no supone darle la espalda al mundo, y la noche oscura no supone caer en el abismo. Todo ello es natural si sentimos la presencia de Dios como el aire, como el sol, como la lluvia. A veces es difícil ver por dónde podemos evangelizar. El otro día, apostados a la barre de un bar escuché a: "El hombre ya no se define como animal racional sino como un estomago con patas. Los temas que ocupan más tiempo en los medios de comunicación son los programas de cocina, estómago, y los de deportes, fútbol".

Estás convencido de que lo que une a los cristianos, la fe en Jesús, es mucho más importante que las diferencias interpretativas de este o aquel pasaje de la Biblia por eso te fundes con todos en abrazos efusivos, sinceros, aunque, a veces tengo la impresión, de que te lanzas con los ojos cerrados a lo que salga. "No existe, en el sentido de la revelación, ninguna verdad real que no deba de ser encarnada en una acción en un camino", imprescindible unidad de doctrina y vida, escribió H. v. Balthasar. Tu vives lo que enseñas, no conoces el dualismo tan rampante. Muchas veces, la teología y la vida interior caminaron como Apolo y Dionisio. Idea y existencia, razón teórica y razón práctica, un síntoma de la Europa moderna.

La teología no puede consistir en trasmitir al hombre conocimientos abstrusos y ocultos sino en unirle más estrechamente con Dios. La vida del cristiano consiste en apropiarse de la revelación viviendo las tres virtudes teologales: la fe, esperanza y caridad. Si la teología y la predicación no llevan a ello pueden ser brillantes ejercicios filosóficos y de oratoria, pero vanos espiritualmente. El cristiano se propia personalmente de la revelación por la ascesis y se deja penetrar por ella viviendo en un estado místico. La teología tiene que llevar a la acción y la acción ha de ser teología encarnada. Creo que tú eres el ejemplo plástico de ello. Puesto que esto ha de ocurre en la vida de los hombres y los hombres viven en diferentes épocas históricas y en la misma época en diferentes lugares, la teología ha de tener muy en cuenta el aquí y ahora (el hic et nunc de los latinos), de cada comunidad cristiana.

El evangelio es un compromiso social pero basado, fundado en la fe en Dios, el gran problema del mundo de hoy. Dios. No sirve estar ahí porque no se ha atrevido a ir a otro sitio. El hombre de fe no busca dar la impresión de saber lo que quiere; su interior marca su camino y evidencia lo que quiere porque la fe imprime carácter, y marca el estilo, enmarca todo lo que se hace. Hay que adaptarse a las necesidades, la mitad deseo y la otra mitad necesidad y la incertidumbre en el principio creativo de la fe, a veces, se convierte, entre lo espiritual y lo pragmático, un proceso intuitivo y racional.

Hay que disfrutar de la fe, de lo que creemos. La belleza fundamental es la interior pero la presentación exterior, la presencia exterior debe de trasmitir, traslucir la belleza interior y eso supone una cierta presencia, un cierto saber estar. Que parezca que las cosas llevan ahí desde siempre, pero hechas con el entusiasmo de la primera vez. Hay que creer en la misión y luchar por llevarla a cabo. Tú crees y luchar para mostrar y manifestar cosas que, a veces, muy pocos quieren ver.

La humildad es la que abre la puerta al otro, a él. El Reino de Dios es una forma de estar en la vida, Dios vive en nosotros. Y esperar el otro y definitivo Reino. Creer significa cruzar puentes, estar en Camino. Cristo no es el fin sino el inicio del camino hacia el Reino. El Camino es un proceso lento que se hace cada día. Caminante no hay camino, se hace camino al andar Cada uno tiene una manera de andar al lado de Jesús, de caminar a su lado. Cada uno es responsable de gestionar los dones que Dios le dio.

En vez de estancarse hay que estar alerta como las vírgenes prudentes, una lucha entre el amor y el miedo, un entre tristeza y alegría, la contemplación y la noche oscura, hacen arte de la vida del cristiano. No siempre se tienen en la mano las mejores cartas, lo importante es saber jugar bien hasta una mala mano. El saber de los libros, la belleza y la novedad de la moda no son suficientes para calmar la sed de saber, de absoluto, de belleza. Ese anhelo sólo la puede colmar Dios; lo que algunos llaman lo incognoscible, lo inconcebible. Eso que funde y dilata el ahora; con él el tiempo estalla. Creer no significa renunciar a la inmensa alegría de vivir sino abrazarla plenamente. Tú, Francisco, no tienes miedo a que cada persona esté dotada y enriquecida con los conocimientos que le permitan un juicio autónomo, aunque sea crítico y aún escabroso con la Iglesia.

Entiendes perfectamente al otro porque escuchas y hasta escuchas lo que la gente no dice, pero da a entender y, a veces, dices lo que la gente no quiere decir ni pensar porque abres las grietas más profundas de la existencia por donde se pueden colar todos los diablos. Por eso cuando hablas, unos ponen cara de sorpresa de oírselo decir a un Papa, otros dan brincos de alegría y otros se tiran de los pelos. No te interesa el aplauso de nadie, sientes que no lo mereces, crees que sólo cumples tu deber y tu obligación. Tu filosofía es tu manera de entender el Evangelio y tu manera de entender el Evangelio es tu estilo de vida. "Parece que la Iglesia estaba a morir más temprano que tarde, pero Francisco le insufló un aire nuevo", dice un filósofo descreído. Muchos te siguen porque sabes leer las necesidades del mundo de hoy, otros porque sencillamente los emocionas.

 

Manuel Mandianes, antropólogo

Religión Digital

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