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SER COFRADE HOY

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Basta con hojear la prensa para darse cuenta de la relevancia informativa que las Cofradías adquieren en sus páginas, ahora que nos acercamos a la Semana Santa ¿Por qué este fenómeno que a nadie deja indiferente? Según parece hay diversas explicaciones.

Desde el ámbito eclesiástico este despliegue informativo se ve natural, porque todo lo relacionado con las Cofradías y su entorno es una expresión del ser cristiano. Según el Código de Derecho Canónico (CDC, cánones 298-329) las Cofradías son asociaciones de fieles cristianos que, tienen como fin “promover el culto público... o el ejercicio de obras de piedad o de caridad, estando bajo la autoridad eclesiástica competente”. Ya lo dejó muy claro el Arzobispo de Sevilla en los conflictos que tuvo con las Cofradías en años pasados (1). Mons. Asenjo, en el conflicto con la Hermandad trianera, que no permitió el traslado a Madrid del Cristo de las tres Caídas, para participar en el Vía Crucis organizado con ocasión de la venida del Papa, dejó claramente sentado que: “La naturaleza jurídica de las Cofradías es ser Asociaciones públicas de fieles”, “lo que legitima a las Hermandades es su inserción en la Iglesia”, entendida ésta como cuerpo jurídico eclesial, como institución eclesiástica. Por ello, concluye, “fuera de ella (de esa Iglesia como institución) su identidad se desvanece, serían unas asociaciones culturales”. Por esta causa, la Hermandad trianera que contravino sus deseos manifiesta un “déficit eclesial”. Y es que, efectivamente, Mons. Asenjo, los obispos y la Curia diocesana entienden a la Iglesia desde el Derecho canónico, identificando a la Iglesia con la Jerarquía, depositaria única de lo sagrado y de su interpretación. Es decir, ellos, como continuadores de los Apóstoles, reciben de Cristo el Sacerdocio, el Magisterio y son los únicos Jueces en decidir qué es ser cristiano y qué es una Cofradía. Su imagen preferida es el Pastor y el rebaño. Ellos son los Pastores que guían y conducen al rebaño; nosotros, los fieles, no tenemos otro papel que ser “los borregos de la Candelaria que, como dice un autor, ¡les echan la bendición y los esquilan!”

Desde ámbitos cristianos críticos se tiene una opinión mucho más negativa sobre las Cofradías y sus procesiones a las que se tacha con frecuencia como algo anacrónico, fruto de los tiempos de la Cristiandad, donde lo profano y lo religioso no estaban totalmente separados. Estos sectores críticos afirman que hoy, en una sociedad laica, no tienen razón de ser, porque, sobre todo, la Semana Santa, las romerías, los santuarios de Fátima, Lourdes, El Pilar etc., han dejado de ser lugares de culto y piedad, habiéndose convertido en un negocio y una fuente de ingresos. En definitiva las procesiones de las Cofradías, las romerías y peregrinaciones tienen mucho de paganismo y muy poco de cristianismo.

Desde el ámbito cofrade, aunque básicamente pueden estar de acuerdo con la visión de la Iglesia jerárquica, hay diversos matices que las distinguen. Se puede participar o no en los actos de piedad que mandan las Reglas o Estatutos, pero lo importante, sobre todo, es pagar la cuota que da derecho a salir en procesión el día que tiene asignada la Cofradía. Porque no es tanto el motivo y la finalidad cristiana lo que mueve ordinariamente a ser miembro de una Cofradía, sino que se es cofrade por el sentimiento de pertenecer a un grupo social, que se ha recibido por tradición familiar y donde se encuentran a otros familiares o amigos o por celebrar de esta forma pública y festiva la fiesta de primavera, con el olor del azahar, la buena música y el ambiente festivo con que otros contemplan su espectáculo. El profesor Isidoro Moreno y otros autores han documentado ampliamente esta razón antropológica de pertenecer a las Cofradías y no tanto por motivos de fe cristiana. De ahí que el despliegue e impacto informativo de las Cofradías sea más humano y menos eclesial, se deba más a los aspectos antropológicos y ambientales, a lo económico y lo artístico que lleva aparejada la celebración de la Semana Santa que, aunque no va reñido con los fines cristianos, si los tapa y, a veces, los supera. De hecho, hoy cualquier hombre o mujer, puede pertenecer a las Cofradías aunque no sean cristianos practicantes o incluso sean agnósticos en su fuero interno. ¿Qué pensar de estas diversas y, a veces, encontradas posturas?

Creo que, ante todo, cabe rechazar las opiniones extremas. En primer lugar, la de los cristianos críticos, de la que en un tiempo yo participé. Los Santuarios marianos y la actual Semana Santa tienen mucho de negocio y de manifestación pagana, pero no lo son enteramente, pueden también impulsar el sentimiento de la Fe cristiana, que no es solo “creer en verdades”. De igual forma, opino que hoy las Cofradías han dejado de ser también, de modo estricto, como defiende la jerarquía eclesiástica y el Sr. Arzobispo de Sevilla en particular “asociaciones de fieles cristianos”, por las razones antropológicas apuntadas. Al mismo tiempo, rechazo también que las Cofradías lleguen a ser “simples asociaciones culturales”, en las que prevalezcan exclusivamente los motivos antropológicos y humanos. Yo me inclino a rechazar estas posturas extremas y creo que cabe mantener una postura más equilibrada.

Afirmo que en las Hermandades y Cofradías pueden y deben darse hoy ambas identidades y finalidades, que se puede participar en ellas por las razones antropológicas y humanas anteriormente dichas, del mismo modo que para manifestar la fe cristiana, por ello me inclino a que se las denomine “asociaciones culturales cristianas”. Pero entendiendo “al fiel cristiano” no como miembro de una Iglesia clerical, en la que la Iglesia se identifica con la Jerarquía, sino como “Pueblo de Dios”, Iglesia laical, en consonancia con el Vaticano II, para quien “la Iglesia se constituye en el nuevo Pueblo (laós) de Dios” (LG, cap.2), antes de ser jerárquica. Todas las personas bautizadas, los fieles, se sienten Iglesia por ser bautizados y se asocian en Comunidades de base, en Hermandades y Cofradías para fomentar su Fe, el culto y la piedad a la Pasión y Resurrección de Cristo. Los cristianos laicos afirmamos que la Iglesia somos todos, fieles y jerarquía, que todos somos sacerdotes, maestros y jueces (LG, nº. 9-14), por lo que todas/os podemos también opinar, decidir y organizarnos dentro de esta Iglesia “pueblo de Dios”, sin depender de la jerarquía clerical, aunque sí de los dirigentes que elijamos. A mi modo de ver, este es el sentido que deben tomar hoy las Cofradías y Hermandades. Ser Cofrades hoy, es ser cristianos laicos, miembros de una “asociación cultural cristiana laica”, que tiene la finalidad antropológica y cristiana de honrar las imágenes de Jesús y su Madre María, pero buscando dar otro sentido al culto a Cristo Crucificado o a su Madre Dolorosa, no venerando únicamente las tallas de madera, el Paso en que va la imagen, sino buscar la veneración en la “verdadera imagen”, en las personas, en las/os hermanas/os que, en nuestro alrededor, están “crucificados” hoy por el paro, el abandono, la marginación y tantas formas de pobreza etc.. Hoy habrá que bajar de la Cruz y evitar la “soledad, la cautividad, el abandono, la agonía” de tantas personas sometidas por la sociedad en que vivimos. Y para liberarlas de esas cruces, de su abandono y agonía no valdrá ya realizar actos esporádicos caritativos o de beneficencia, sino ir a una reivindicación de justicia o misericordia, como dice el Papa Francisco. Y en estas “asociaciones culturales cristianas”, legítimamente autónomas de la jerarquía eclesiástica, cabrán tanto cristianos como personas no cristianas, agnósticas e incluso ateas, que luchan también por estas causas justas. Finalmente, entendidas así hoy las Cofradías, es posible que estén más acordes con el espíritu de los cánones del CDC que hablan de “las asociaciones de los laicos” (cc. 327-329) diferentes de las “otras asociaciones cristianas de fieles” o, si es necesario, habrá que superar y cambiar dicho CDC promulgado por Juan Pablo II, en el año 1983, del mismo modo que hoy se tiende a ir a un nuevo proceso constituyente o a una nueva Constitución española.


Antonio Moreno de la Fuente

Miembro de las Comunidades Cristianas Populares de Sevilla

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