QUEDEME Y OLVIDEME
José María García-MauriñoEl rostro recliné sobre el Amado
Cesó todo y dejéme
Dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado
(San Juan de la Cruz)
He venido a estar con Jesús, a formar parte de los seguidores de Jesús. Y a quedarme con Él, no por una temporada o con condiciones, o solo en algunas circunstancias. Quiero y deseo quedarme con Él de forma definitiva, permanente y no a distancia, sino lo más cerca posible. Este quedarme con Él supone olvidarme, no tener en cuenta otras oportunidades, otros dogmas o ritos, olvidarme de otros posibles compromisos, olvidar la encorsetada tradición de la jerarquía. Quiere decir que solo me quedo con el proyecto de Jesús, que es un proyecto de vida, que es el proyecto de los pobres y dejar a un lado otro tipo de proyectos. El grito de mi fe es el seguimiento de Jesús, mi insobornable lealtad hacia su persona y su mensaje.
La cercanía con la persona de Jesús es un descanso, es un alivio, eso significa reclinar mi cabeza sobre su hombro. Experimentar de algún modo su cariño y su ternura. Descanso en él, no en mis satisfacciones personales. Se acabaron los miedos, las falsas seguridades, la vida cómoda, la búsqueda racional del más allá. Y quiero dejar el cuidado de mi salud, de mi Yo, de mi futuro, olvidado entre el amoroso cuidado, tierno y transparente de Jesús. Dejarlo todo, olvidarlo todo, sabiendo que estoy muy bien cuidado entre las azucenas. Es decir, entre las manos amorosas de Dios.
José María García Mauriño